Una lectura personal sobre Carmen Martín Gaite

Carmen Martín Gaite, vía RTVE.es.

“Para mi hermana Anita, que rodó las escaleras con su primer vestido de noche, y se reía, sentada en el rellano”. Es la dedicatoria que podemos encontrar en Entre visillos, quizá la obra más conocida de Carmen Martín Gaite. Mi madre tiene una edición del Círculo de Lectores maravillosa, con una cubierta jaspeada y la firma de la autora estampada.

Hace unos meses, en verano, estaba en casa de mis padres y buscaba nuevas lecturas, algo que me apartase durante unos días del camino literario anglicista/anglófilo del que últimamente no salgo por unos u otros motivos. Encontré esta edición, abrí las primeras páginas y encontré esa dedicatoria.

Es difícil explicar todo lo que contiene y evoca esa frase, una máxima que se puede aplicar a toda la narrativa de Carmen Martín Gaite. Pese a que la vida de la escritora y la de mis abuelas no tienen nada que ver, por alguna razón a mí me recuerda a ellas. Me transporta a las historias de una de ellas de sus salidas con amigas, a las vidas de mujeres de provincias que se desprenden de su narrativa y que yo podía encontrar entretejidas en las anécdotas de mi abuela, cuando me las contaba y dejaba que yo le pusiese los pies fríos entre su espalda y el sofá para calentarlos.

Una narradora única

El Balneario fue su primera novela publicada, en 1954, y con ella ganó el prestigioso Premio Café Gijón, pero no fue hasta la publicación de Entre Visillos, con la que ganó el Nadal, cuando llegó su consagración como escritora.

Se sucederían obras clave de las letras hispánicas como Nubosidad variable, Lo raro es vivir e Irse de casa, y sus maravillosos cuentos, en los que demuestra ser una narradora única. Y única es, porque ningún escritor emplea el lenguaje como ella, con rasgos coloquiales y frases repletas de rasgos del habla, con esa maestría.

Salamanca y Madrid (pero no de forma exclusiva) permean su literatura, y describe el entorno urbano y provinciano con precisión pero sin ponerle corsés a su escritura. La memoria en sus historias juega un papel central, pero de una forma sutil. En una entrevista en El Cultural un año antes de su muerte, decía: “La memoria me sirve para escribir el presente, porque amo la vida. Cuando me abandonen las ganas de escribir, ya puedes ir preparando mi necrológica”.

Nuevas lecturas de una obra inmortal

Últimamente pienso mucho (creo que como todos) en la necesidad de representación. No en vano es uno de los grandes temas culturales de nuestro tiempo, con todas sus implicaciones. Me fijo mucho, de forma particular e incisiva, en escritoras que consciente o inconscientemente recrean con sus palabras todo un mundo construido de capas de miradas, gestos, palabras, relaciones, que han aparecido poco o nada en literatura, y que con cada lectura se renuevan. El corazón de mi tesis doctoral es una de estas escritoras, y en la narrativa de Martín Gaite, o al menos en como yo la siento, hay mucho de ello.

Dedicatoria de Entre visillos

Aún la estoy descubriendo, y no sé si mi fascinación por ella se debe a que con cada cuento suyo, con cada nueva novela que leo con avidez, estoy buscando en sus palabras a mi abuela.

(Por cierto, en mayo de este año falleció Anita, la hermana de Carmen inmortalizada en esa primera página de Entre visillos. En El País debía de inspirarles la misma emoción que a mí esa pequeña dedicatoria y le dedicaron este maravilloso obituario).