Katixa Agirre: “Las madres infanticidas existen, pero nos resulta tan incomprensible que no hay un discurso sobre ello”

© Juantxo Egaña

Las madres no tienen deseo sexual, ni cuerpo ni lenguaje propios, no piensan en sí mismas, se sacrifican, no escriben ni crean porque ya tienen todo lo que necesitan y pueden querer, no descuidan a sus pequeños, y por encima de todo, las madres no asesinan a sus hijos. La existencia de las madres infanticidas “choca frontalmente con nuestro concepto de la maternidad, y de ahí el interés literario del tema”, señala Katixa Agirre, autora de Las madres no, una de las novelas más originales del último año, publicada por la editorial Tránsito.

Apoyando el argumento central del libro (escritora que acaba de ser madre comienza el proceso de narrar la historia de una mujer, Alice, que ha asesinado a sus dos hijos) con lecturas sobre la experiencia de la maternidad, sobre el embarazo y el parto y apuntes sobre la consideración histórica del infanticidio, Katixa Agirre construye una obra a caballo entre la ficción y el ensayo sorprendente en forma y contenido.

La autora señala que la idea del libro surge de su propia experiencia como madre y de sus lecturas sobre la maternidad. Una de estas lecturas, El Adversario de Emmanuel Carrère, es clave para que la ficción tome el protagonismo en el proceso creativo y Agirre comience a pensar “en una madre que asesina a sus hijos, y en cómo la sociedad es incapaz de entenderlo si no es a través de la locura”.

Esa locura como única respuesta posible al infanticidio por parte de la madre es el punto de partida para reflexionar sobre este tema “llevándolo a un extremo y volviendo a pensarlo todo desde cero”. La narradora, en sus propias palabras, construye a Alice a la vez que se reconstruye a sí misma tras el parto a través de la escritura, y escribe sobre la naturaleza humana y sobre qué hay de construcción social y cultural en ella. La protagonista es también madre que escribe “contra la historia y contra sus propias circunstancias”, como apunta Agirre, “y lo hace sobre otra madre que también hace lo que no hacen las madres: asesinar a sus hijos. De alguna manera, Alice es el espejo aberrante en el que la protagonista necesita mirarse”.

La maternidad en la sociedad neoliberal

El lenguaje neoliberal y aspiracional sobre el embarazo, la violencia hacia el cuerpo de la madre durante el parto y la relación entre maternidad y creación tienen un gran peso en el intento de la protagonista de otorgar sentido a la historia de Alice y a sí misma. Señala la narradora en un pasaje central: “Acabé convencida de que las mujeres no seremos nunca dueñas de pleno derecho de nuestro embarazo y parto hasta que no reconstruyamos el diccionario”.

Sumamente interesante es así la reconstrucción que lleva a cabo la narradora sobre el embarazo de Alice, fruto de innumerables visitas a una clínica de reproducción asistida, y sobre el parto. Aquí Agirre, empleando como bagaje esas lecturas que quería que apoyasen a la ficción y “que no fueran lecciones magistrales”, hace una precisa reflexión sobre cómo la violencia obstétrica y el discurso en torno a la experiencia de la maternidad son elementos esenciales de una experiencia que termina siendo ajena para la madre: “Ese sentir que tu cuerpo no te pertenece, que el proceso no te pertenece, que empieza, por cierto, por todo el vocabulario médico horrible que rodea el embarazo y acaba en lo que pueden resultar experiencias verdaderamente traumáticas del parto y el posparto”.

© Zaloa Fuertes

¿Pasa la reapropiación de la maternidad por repensar el lenguaje que la rodea? “El lenguaje y las palabras siempre son importantes, porque somos seres simbólicos que experimentamos la vida a través de ellas”, apunta Agirre.

Quién nombra y quién es nombrada es una cuestión de poder. En esa lucha está claro que el cuerpo de la mujer siempre ha tenido las de perder”.

El capitalismo y el neoliberalismo se adueñan de la maternidad. ¿Cómo concebimos esta experiencia en nuestra sociedad, entonces? Para la escritora, ha pasado de ser “esa necesidad de ser fértiles” que nos ha acosado durante milenios a una experiencia necesaria “para completar tu proyecto de vida”, parte del discurso inspirador de la sociedad capitalista. “El mercado, como siempre, se aprovecha de esta debilidad”, remata Agirre.

Se describen las huellas emocionales y físicas del embarazo y el parto, los entresijos de la reproducción asistida y cómo es realmente una cesárea; aspectos todos de la maternidad que apenas aparecen en literatura, porque como señala la cita de Susan Suleiman recogida en Las madres no: “Las madres no escriben, están escritas”. Las madres, parecen querer decirnos Katixa Agirre y la protagonista, pero también Alice, se definen en nuestra cultura por todo lo que no son.

Y la narradora (y la lectora con ella) se pregunta de forma velada: ¿Y si la locura es una mera explicación que construimos como sociedad, porque no somos capaces de concebir una madre infanticida? O, en otras palabras, como reflexiona Agirre: “¿Podría haber sido ella [la narradora] quien cometiera esas atrocidades, si las circunstancias la empujaran a ello?”. Esta reflexión domina el impulso creador de la protagonista, y es lo que convierte a Las madres no en una obra sumamente interesante y compleja.

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