El capitalismo es un hechizo

Grabado del libro Calibán y la bruja de Silvia Federici

Así empezaba la comunicación que Victor Pueyo realizaba en el IV Congreso Internacional Mujeres, Violencia e Inquisición en la Universidad Autónoma de Madrid.

Por supuesto que es un hechizo, puesto en nuestras cabezas hace varios siglos. Igual que las hermanas Anderson hechizaban a todo el pueblo de Salem. I put a spell on you. El capitalismo nos ha hechizado acusando de brujas a las mujeres que no querían realizar el trabajo reproductivo en la soledad de sus nuevas viviendas de ciudad. Acusando de herejes a los hombres que se negaban a trabajar. Redactando leyes contra los vagos, los maleantes y los mendigos. Que, por cierto, todo esto lo cuenta mejor que yo Silvia Federici en su Calibán y la bruja.

“El trabajo dignifica”, ¿cómo íbamos a creernos esto sin estar hechizadas? Yo (por desgracia) no he vivido otra cosa que no sea capitalismo. Pero me imagino el mundo preindustrial, precapitalista, como mi adolescencia. Trabajabas, bueno, más bien estudiabas, y cuando tenías lo necesario, disfrutabas del verano. No tenías más preocupaciones. No querías trabajar más, ya tenías lo necesario para vivir.

¿Cómo hemos podido creernos que tirarnos 40 horas a la semana produciendo acumulación capitalista para otros era digno? Tenemos que estar hechizadas.

Casi no veo a mi familia. Casi no veo a mis amigas. Casi no veo a mi novio ni a mi gata, y eso que vivo con ellos. Casi no tengo tiempo para leer, para coser, para no hacer nada, para hacer deporte, para mí, para cuidarme, para cuidar a las que quiero.

¿Dónde está mi tiempo? Está en el lugar en el que paso la mayoría de mis días para, a fin de mes, cobrar el salario mínimo interprofesional. Aunque tenga una carrera universitaria. Aunque tenga un máster.

Ya no quiero un trabajo de lo mío. Me agota toda la competencia capitalista. Esos mensajes de que si te esfuerzas lo conseguirás. ¿Conseguir el qué? ¿Enriquecer a otro haciendo algo que se supone que me gusta? Yo ya no quiero trabajo. Sólo quiero despertar de este hechizo y gritarle a todos los dueños del capital en la cara que ‘queremos disturbios no trabajo’.