El mundo que escribieron las mujeres

Tal día como hoy hace ocho años que recibí un mensaje en el que la Universidad Complutense de Madrid me confirmaba que había sido admitida en el Grado en Periodismo. Dos meses y medio después aterricé en la facultad con una mochila cargada de sueños y ganas de cambiar el mundo. Algo que practicamente un siglo antes le había ocurrido a Josefina Carabias, una mujer que decidió ser periodista en una etapa en donde este oficio estaba reservado casi exclusivamente a los hombres. Y lo consiguió. Creedme que lo consiguió, aunque nadie se lo puso fácil. 

Josefina Carabias nació un 19 de julio de 1908 en Arenas de San Pedro, un pueblo de Ávila que le dio la oportunidad de descubrir el verdadero significado de la palabra inquietud. Esta mujer ejerció el periodismo durante la II República, la época franquista y la Transición. Carabias fue cronista, corresponsal, escritora y locutora en una época en la que se gestaron algunos de los acontecimientos más importantes del siglo pasado como, por ejemplo,  la rebeldía de Rosa Parks que dio inicio a toda la lucha por los derechos civiles que desembocaría en la eliminación de la discriminación racial o los años del auge de la segunda ola del feminismo. 

“Siempre he sido muy feminista. Cuando era joven, por el ambiente en que me movía, creía que las grandes batallas de la mujer ya habían sido libradas. Yo no era consciente de que me trataba con una elite de mujeres universitarias, algunas de gran talento. Ahora, es cierto que el feminismo no es minoritario como entonces y hay en general una mentalidad mucho más avanzada sobre los problemas de la mujer. Pero también pienso que se están desquiciando. Algunos van a decir que me muestro reaccionaria por esto. Entonces nos preocupábamos de que la mujer alcanzara un pleno desarrollo como persona, que estudiara, y ahora, en cambio, parece que en el primer plano de la preocupación de las feministas están los problemas particularistas, íntimos, como son la píldora, el aborto, que yo no digo que no tengan su importancia, pero que achican la problemática femenina”, dijo Carabias en una entrevista publicada dos años antes de morir. 

Fueron años convulsos en los que Josefina encontró la oportunidad de convertirse en la primera  mujer corresponsal en España.  “Cuando viajo no leo nada sobre el país al que me dirijo. Es más, procuro olvidar todo lo que sé sobre el mismo. Pretendo, así, ponerme a la altura del hombre de la calle más ingenuo que tiene apenas unas cuantas ideas matrices. Escribo entonces lo que veo y nada más”, aseguró.

Esta ingenuidad hizo que la pluma que dirigía Carabias escribiera principalmente crónicas costumbristas; unas crónicas que, sin duda, tenían un estilo plagado de frescura y que le permitieron acercar la realidad a sus lectores en un momento en el que el periodismo tenía que rendir cuentas a una ley de Prensa dictada en plena Guerra Civil (1937). 

En 1954, los diarios Informaciones, de Madrid, La Gaceta del Norte, de Bilbao, y El Noticiero Universal de Barcelona, aunaron esfuerzos para enviar a Josefina a Washington para trabajar como corresponsal convirtiéndose en la primera mujer española en ejercer este oficio como tal.  “Vine de España con la pretensión de recorrer poquito a poco los 48 Estados que componen este país inmenso y múltiple, a fin de darles a ustedes una idea sumaria y humana de sus principales características”, destacaba en una de sus primeras crónicas. 

Varios años después se mudó a Francia y más tarde en Madrid en donde se dedicó al periodismo hasta sus últimos días.  Un oficio que llegó a su vida por casualidad y del cual nunca fue capaz de desprenderse. “Yo soy una chica de pueblo, de Arenas de San Pedro, con una vocación intelectual. Me gustaba escribir versos y leía mucho. Mi primera vocación, o quizá la única que he tenido, era la de actriz. Pero, claro, mi familia no me iba a dejar ser una cómica”. 

Durante sus más de treinta años de dedicación, Josefina insistía en que los especialistas son los “enemigos del periodismo moderno porque abruman a los lectores con su sapiencia”.  Y a pesar de vivir toda la vida de este oficio siempre tuvo muy claro que “nuestra profesión es tarea muy dura. Si se tiene el periodismo como fin y no como medio. La prensa es lo efímero, como que se alimenta de algo tan elusivo como es la actualidad. Trabajamos horas para que se nos lea en diez minutos”. 

Josefina fue periodista en una época en donde los límites en la literatura y periodismo no existían. Durante los cuatro años que estudié en la universidad tuve la oportunidad de leer crónicas y artículos de grandes escritores como Unamuno, Azorín, Valle-Inclán y Ortega y Gasset. Sin embargo, nunca nadie me habló de Josefina, una periodista de verdad, un ejemplo de que el periodismo fue, es y siempre será necesario.  Un ejemplo de la historia que ha sido escrita por las mujeres.