Las mujeres valientes no lloran

Era un día de esos en los que al sol no le apetecía esconderse.  Hacia calor en Bissau y Fátima Djarra, una niña de tan solo cuatro años, se levantó de un brinco pues su madrastra la había advertido de que sería un día “especial” para ella y su hermana.  Desde primera hora de la mañana las prepararon a conciencia y una vez listas salieron a la calle escoltadas por su madrastra y las ancianas del clan Sani, entre otras muchas mujeres.

Al llegar a su destino les dijeron “las mujeres valientes no lloran”. Minutos después las habían extirpado el clítoris y los labios menores. Se habían convertido en víctimas de la mutilación genital femenina. Para sus familiares era una tradición; para ellas fue una tortura.

Fatima Djarra, activista y mediadora de Médicos del Mundo en Navarra, que trabaja para concienciar sobre la mutilación genital femenina y que  cuenta su historia en el libro “Indomable”,es tan solo una de las 200 millones de niñas y mujeres que han pasado por este calvario.

La ablación o mutilación genital femenina (MGF) es una violación de los derechos humanos que , según la Organización Mundial de la Salud (OMS), comprende todos aquellos procedimientos que extirpan o dañan  los órganos genitales femeninos por razones no médicas.  En pleno siglo XXI, todavía cada año se mutilan  los genitales a tres millones de niñas. Existen  países como Indonesia, Mauritania o Gambia en donde a día de hoy, más de la mitad de las niñas han sido víctimas de esta práctica. Consecuencias de la desigualdad.

Existen distintos tipos de ablación. La primera de ellas, llamada clitoridectomía consiste en la extirpación  parcial o total del clitoris y excepcionalmente, del prepucio (pliegue de piel que rodea el clitoris). El segundo tipo de mutilación genital es la escisión y en el, se extirpa parcial o totalmente el  clítoris y los labios menores. La infibulación, reducción de la abertura vaginal mediante una cobertura a  modo de sello con o sin resección del clítoris, es el tercer tipo.

Sea cual sea el tipo de ablación que se practique,  esta no tiene ningún beneficio para la salud. Más bien lo contrario. Hemorragias y dolores insoportables, infecciones o complicaciones a corto y largo plazo son algunas de las consecuencias inmediatas. A largo plazo las mujeres que han sufrido una mutilación genital tienen un riesgo mayor de tener problemas durante el parto, según un estudio realizado por la OMS a más de 28.000 embarazadas. No solo corre peligro su vida. También la de su hijo. La tasa de mortalidad neonatal es mayor si las madres han sufrido la ablación.

Además para realizar este procedimiento no se utiliza material especializado. Se realiza con tijeras, bisturíes, trozos de cristal o cuchillas que en la mayoría de las veces, no han sido desinfectadas previamente. Tampoco se suelen utilizar anestésicos. En el mejor de los casos aplican algún ineficaz mejunje casero. Y las encargadas de hacerlo son mujeres que no cuentan con los conocimientos necesarios para reaccionar en caso de que el procedimiento no salga de la manera correcta. Eso si, estas mujeres son  realmente admiradas entre las tribus donde se practica la MGF.

A estos sintomas físicos hay que añadir los psíquicos. Muchas de estas mujeres tienen que enfrentarse a sus propios miedos una vez tras otra a lo largo de su vida. Humillación y vergüenza unido a sentimientos de traición, engaño o decepción.  En los países en donde la mutilación genital femenina es una tradición arraigada, el abstenerse a la realización de esta práctica es motivo de exclusión social. En algunos casos las familias consideran que la aceptación social es más importante que las consecuencias físicas y mentales que pueda tener la ablación. A largo plazo también tiene consecuencias económicas. Los costos asociados con el tratamiento médico de las complicaciones resultantes de esta práctica suponen una carga financiera para los sistemas de salud de determinados países.

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE ESTA PRÁCTICA?

A pesar de que existen diversas teorías acerca del origen de esta práctica, no se sabe a ciencia cierta cuándo ni por qué se inició. Fue en Egipto donde se encontraron momias con este tipo de intervención realizada.  Podríamos establecer su origen – por tanto- hace 4000 años. Si aceptamos esta teoría, la mutilación genital femenina surgiría en Egipto y se iría extendiendo por las sociedades tribales de distintos países africanos. No obstante, en Europa se practicaba en el siglo XIX como tratamiento médico.

El hecho de que  a día de hoy se siga practicando es una prueba más de que todavía queda mucho por hacer para alcanzar la igualdad de genero.  En los lugares en los que en la actualidad siguen existiendo mujeres mutiladas, la ablación cuenta en muchas ocasiones tanto con el apoyo de los hombres como con el de las mujeres que no se atraven a condenarla puesto que no quieren ser excluidas o acosadas. Por esta razón,  muchas madres permiten que mutilen a sus hijas, a sabiendas de que serán las culpables de muchos de sus problemas y que pueden llegar incluso, a perderlas.

Según la ONU, existen distintas razones que justifican la práctica de la MGF a día de hoy. Por un lado se encuentran las razones psicosexuales. La ablación es considerada como una forma de controlar la sexualidad de la mujer. A su juicio, la extirpación del clitoris asegura la virginidad antes del matrimonio y aumenta el placer sexual masculino. Se piensa que con esta intervención se mitiga el deseo sexual y se garantiza, por tanto, la fidelidad de la mujer.

Por otro lado esta práctica es vista como el rito que marca el paso de una niña a una mujer. Ademas en algunas comunidades también se cree que los genitales femeninos no son higiénicos.En cuarto lugar se justifica esta práctica por razones de tipo religioso; hecho que no tiene ningún sentido ya que ni el islam ni el cristianismo aprueban la mutilación genital femenina. Ningún versículo de la Biblia hace referencia a esta práctica y aunque haya querido identidicarse como un distintivo del Islam, la MGF se practica tanto en comunidades musulmanas como en comunidades no musulmanas – como por ejemplo –  los cristianos coptos de Egipto.

Por último, en ocasiones es un requisito previo el matrimonio y la ablación se convierte en un factor clave para obtener el derecho de herencia. También es una fuente de ingresos para las mujeres encargadas de realizar la intervención.

¿DÓNDE SE REALIZA ESTA PRÁCTICA A DÍA DE HOY?

Con el paso del tiempo han ido apareciendo distintos prejuicios sobre la ablación femenina. No es un fenómeno limitado al continente africano. También se practica fuera, aunque en menor medida.  En África, según datos de la ONU, se practica en casi 30 países : Benin, Burkina Faso, Camerún, Chad, Côte d’Ivoire, Djibouti, Egipto, Etiopía, Eritrea, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Kenya, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, República Centroafricana, República Democrática del Congo, República Unida de Tanzanía, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Togo, Uganda y Zambia.

En Asia, es común su práctica en la India, Indonesia, Malasia, Pakistán o Sri Lanka.  También se realiza esta intervención en otros países como los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Yemen, Irak e Israel, entre otros. Durante el último año hay casos registrados en Colombia, Ecuador, Perú y en Europa donde se realiza en poblaciones cuyos orígenes son de algunos de los países donde la MGF es común.

África es el continente donde más se practica  puesto que es el territorio donde el respeto por las prácticas tradicionales está más extendido en el seno de la comunidad. En este sentido, las mujeres dependen en parte de la comunidad a la que pertenecen. Todo ello tienen sus consecuencias. El concepto de los derechos humanos se basa en la colectividad  en muchas ocasiones, y no en la individualidad. Por otro lado significa que incumplir las normas de la comunidad podría provocar el ser expulsado e ella.

En medio de esta espiral de atrocidades que persiguen a las afectadas durante toda su vida se encuentran las cientos y cientos de mujeres que luchan por vivir cada día. Vulnerabilidad y fuerza en una misma persona. Quieren que el mundo escuche su historia. Tan sólo quieren vivir.

Y durante los últimos años la comunidad internacional ha comenzado a escuchar estas voces que durante tanto tiempo han estado silenciadas. De tal manera que tales actos han pasado a ser considerados como un grave atentado a la integridad de las niñas y mujeres que lo sufren.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible promete poner fin a esta práctica para 2030. En el Objetivo número 5, dedicado a la igualdad de género, aparece un punto que señala que para este año pretenden eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina. Para ello es necesario realizar un esfuerzo coordinado para acabar con ella; esfuerzo que debe fundamentarse en el diálogo social y en el empoderamiento de las mujeres de estas comunidades.

EDUCAR PARA ERRADICAR

Aún así no se podrá erradicar mientras siga exisiendo desconocimiento acerca del tema. A día de hoy, la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Unión Arficana, la Unión Europea y la Organización de Cooperación Islámica, así como otras organizaciones intergubernamentales han pedido la eliminación de la ablación femenina.

En noviembre de 2012, la Asamblea General de la ONU condenó esta práctica y pidió a los Estados miembros que colaboraran para acabar con ella.  Hay un dicho que dice que la unión hace la fuerza y que solos podemos hacer poco, pero juntos podemos hacer mucho y eso precisamente fue lo que la ONU instó a hacer en ese otoño. Desde entonces han sido varias las medidas que se han puesto en marcha; medidas que no han conseguido acabar con esta práctica.  Dos años más tarde, en 2014, la Asamblea General adoptó una resolución cuyo objetivo era intensificar los esfuerzos para la eliminación de la MGF.

Las causas de la MGF subyacen de la tradición. La pobreza y la falta de acceso a una educación básica fomentan estas prácticas puesto que en la mayoría de las ocasiones se desconocen las consecuncias. Según la ONG World Vision, las estrategias para acabar con la mutilación genital femenina deben de realizarse a nivel local.

En primer lugar apuestan por dar microcréditos a las comadronas o mujeres que realizan la mutilación. Para estas mujeres, la MGF es una forma de obtener dinero y ser reconocidas dentro de su comunidad. Dotarlas de una seguridad económica puede ser un paso para que se dediquen a otros oficios y dejen de mutilar a niñas.

Por otro lado es necesario concienciar a las mujeres de estos países sobre los riesgos que tiene esta práctica. Otra de las estrategias que están poniendo en marcha es la de crear rituales alternativos de iniciación que eviten pasar por el proceso de la mutilación. Por último, una forma de acabar  con la ablación  es formando y sensibilizando a las madres acerca de lo que les puede pasar a sus hijas. La teoría está preparada. Ahora solo hay que ponerlo en práctica en todas aquellas zonas donde las costumbres están tan arraigadas que ni la propia ley es capaz de actuar.

Si hay algo que nos ha enseñado el paso del tiempo es que la educación empodera y transforma a los seres humanos. Nos permite tomar decisiones y en ocasiones, huir de lo que consideramos tradicional. En 2011 en un país donde más del 50 por ciento de las mujeres eran víctimas de esta práctica  como es Guinea Bissau se aprobó una ley contraria a la ablación.  En este sentido, la educación puede preparar a las mujeres para asumir ciertas responsabilidades dentro de estas comunidades donde pasan en muchas ocasiones, desapercibidas.

El artículo dos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

¿Por qué aún existiendo esta Declaración en 2019 todavía se  mutilan a mas de tres millones de niñas al año y después se las condena al olvido o el deprecio? ¿Por qué a día de hoy estas mujeres no tienen poder para decidir lo que quieren para su vida o para su cuerpo? Hay que cambiar esta situación. Todavía queda mucho por hacer para acabar con las millones de lágrimas de sangre que cada día empañan nuestro mundo. Y la educación es una de las armas más eficaces para hacerlo o para – al menos –  enseñar que se puede ser tradicional sin violar los derechos humanos. Será dificil conseguirlo, pero habrá valido la pena  intentarlo.