Madres e hijas en la ‘Motherland’: la escritura de Alice Fitzgerald

La escritora inglesa Alice Fitzgerald.

El estar entre dos lugares, o mejor dicho, entre dos aguas, como dice ella misma, conforma una visión del mundo particular, una mirada determinada, y eso, de tratarse de un autor, se traslada a su escritura. Es el caso de la periodista Miriam Foley, nacida y criada en Londres de padres irlandeses y afincada en Madrid, y que este año que termina ha publicado su primera novela, Her Mother’s Daughter, bajo el pseudónimo de Alice Fitzgerald. “Es un aspecto que me fascina de los seres humanos y que me interesa explorar: de dónde somos y lo que absorbemos de ese lugar a partir de las historias que nos cuentan y la educación que recibimos, aunque no hayamos vivido nunca en él”, señala la autora entre sorbo y sorbo de su café en una cafetería del barrio de La Latina. Hemos quedado para charlar sobre su libro (y sobre libros y autoras que a ambas nos apasionan), sobre cómo es vivir en Madrid, y sobre un poco de todo. Al vivir fuera del círculo literario londinense, ha dado pocas entrevistas sobre su libro, y el experimento de hablar sobre él en castellano es, cuanto menos, interesante.

Her Mother’s Daughter es una novela a caballo entre Inglaterra e Irlanda, sobre una joven irlandesa que se traslada a Londres huyendo de una niñez traumática. Esa es la premisa de la novela, pero es mucho más: es una exploración en los límites de la relación entre madre e hija, la cual señala Fitzgerald que le interesa y obsesiona, de cómo imprime sus huellas en los niños el lugar del que somos, de la familia y la tierra. El hogar. El concepto de ‘Motherland’, como señala la escritora. Inevitablemente, en su escritura, siempre retorna al espacio, tanto físico como metafórico, de Irlanda: “Es hogar espiritualmente, no sólo físicamente, porque es lo que aprendí y lo que dio forma a mis sentimientos, y a la manera en que iba entendiendo la vida y el hogar. En mi cabeza siempre volvía a la tierra, siempre he sentido esa raíz y esa conexión, y ahora en mi escritura siempre vuelvo de la misma forma a Irlanda”. Irlanda también está en sus referentes literarios, entre los que señala a Edna O’Brien y a Colm Tóibin; está en su escritura, en la construcción de su mundo y en las historias que escribe.

Sin embargo, la novela aborda temas mucho más oscuros, como los abusos sexuales en la niñez y cómo eso impacta en una vida adulta y en toda la familia, lo que absorben los niños sin que nos demos cuenta y también, como atmósfera de fondo, el verse obligado a dejar la tierra familiar y no encontrar nunca un hogar propio. De ahí que Fitzgerald decidiera usar pseudónimo, para alejarse en cierto modo de estas sombras que impregnan la novela. Her Mother’s Daughter está jalonada de detalles de la propia infancia de la autora, como esos viajes a Irlanda a casa de la familia o la relación con los perros pero, como señala de forma tajante, no es autobiográfica, algo que “todo el mundo asume porque se trata de la historia de una joven que vive en Londres y que es hija de irlandeses; por eso quería alejarme de la oscuridad”. Es una historia tan compleja, “donde la realidad y la ficción se entrelazan constantemente”, y que fue creciendo sola, que no quería que los lectores asumieran desde un principio que era mi historia, “porque no lo es”, señala.

Fitzgerald cuenta que en su escritura se siente atraída por temas oscuros y perturbadores, por las sombras de la naturaleza humana, pero también le interesa explorar sobre todo las relaciones familiares entre mujeres y el concepto (me lo dice esta vez en inglés sonriendo) de “belonging”, de pertenencia, que está muy relacionado con ese estar entre dos aguas y que será lo que articule su próxima novela, que ya se encuentra en proceso. Su idea de la relación entre la escritura y la vida hace pensar: “Decía Arundhati Roy en una entrevista que todo nace de la propia experiencia. Creo que lo que está en nuestra literatura, aunque no nos haya sucedido exactamente lo mismo, de algún modo también está en nosotros y aparece en nuestra escritura”, me cuenta.

Es inevitable que le pregunte por la construcción de la voz narrativa de la niña. La historia está narrada entre Josephine, la madre, y Clare, la hija, y la voz de esta última es una de las sorpresas más gratas de la novela: aguda, brillante, sincera y honesta, despierta, como son y observan en realidad los niños. Señala la autora que en un principio esa voz pertenecía a una niña algo mayor, casi una adolescente, pero que en un momento dado escribió un relato a partir de la voz de una niña y alguien le dijo: “Ve por ahí”. Tras varios borradores, Fitzgerald llegó a dar con la voz de Clare, que articula y da sentido, honestidad y emotividad a la narración. “Creo que es mi propia voz, mi niña interior, con la que estoy bastante en contacto, sobre todo desde que tengo a mi hija. Me interesan mucho las experiencias de los niños, cómo miran, cómo observan, qué queda en ellos de su hogar y de sus mayores…”, relata la autora. Por ello también introdujo a los dos cómplices de Clare: Sooty, un cachorro adorable, y Tom, su hermano pequeño. Y cuenta emocionada: “Quería capturar ese amor incondicional entre los perros y los niños, que luego se diluye un poco cuando crecemos, ese amor tan especial”. Una vez más, salpicaduras, como ella misma dice, de su propia vida.

Una vida que ha transcurrido entre Londres y Madrid, donde lleva viviendo casi diez años. Periodista autodidacta, Miriam Foley (porque ahora hablamos de ella sin pseudónimo) estudió Filología Inglesa en la Universidad de Leeds, comenzó a escribir relatos a la vez que creaba contenido para el mundo del marketing y la comunicación, hasta que encontró trabajo en Madrid como periodista de Hello!, la popular revista inglesa. Actualmente trabaja como freelance y lo compagina con la escritura creativa, en este caso de su segunda novela.

El ser de orígenes irlandeses, crecer en Inglaterra y ahora vivir en Madrid le otorga una mirada única, y vuelve a ese tema que le obsesiona, el de la pertenencia: “Toda esa experiencia de vivir en un sitio y no ser de allí, o no ser de ninguna parte… Te limpia la mirada, porque no absorbes tanto ruido ni prejuicio; tienes tu propio mundo que no pertenece a un sitio ni a otro, y que a la vez es la mezcla de todos ellos. Me interesa el concepto de pertenencia a un sitio, de dónde somos, las decisiones que tomamos y cómo influyen en los de nuestro alrededor… y sobre todo las perspectivas de mujeres y de niños en este sentido, sus experiencias”. Hay mucho de eso en Her Mother’s Daughter, y quiere seguir explorándolo en próximas historias, según me cuenta. Familia, madres e hijas, hogar, raíces, marcas culturales; todo eso está en la obra de Alice Fitzgerald, pero también en su conversación. Su novela es cruda, agridulce, hermosa y real; como también lo es su escritura, que tiene mucho de autores irlandeses como los que ella mencionaba, y que emana una sensibilidad impregnada de realismo para retratar a mujeres y niños  Si leen en inglés, ya saben. No puedo recomendársela lo suficiente.