‘La Herencia’, una lección sobre la vida y la familia

A finales de 2019 Mármara Ediciones y Nórdica Libros dejaban caer en el panorama literario un libro que ha hecho un hueco en todas las librerías a la Literatura nórdica contemporánea. Se trata de La herencia, de la autora noruega Vigdis Hjorth.

En mi caso concreto, es la primera vez que me sumerjo en la literatura nórdica, la que consideraba lejana de nuestra cultura, y que he encontrado más cercana de lo que esperaba. Al fin y al cabo, La Herencia es un libro sobre la vida misma, sobre una familia que podría ser cualquier familia, una familia que se escinde en dos: la parte que se empeña en demostrar que la familia sigue siéndolo a pesar de todo, y otra parte que se niega a creerlo, que se individualiza en busca de respuestas.

Respuestas sobre una infancia robada y una madurez de renuncias para encontrar lo que al final todo el mundo ansía: paz. La paz propia que conlleva dejar atrás a quien hace daño. Y ese daño proviene en muchas ocasiones de la familia, pese a quien pese.

Y todo esto lo hace Vigdis de una manera prodigiosa, con textos cortos que van entrelazando la historia de esta familia, siempre contada desde la perspectiva de Bergljot (con algunas gloriosas salvedades, como la carta de Tale, la hija de esta, defendiendo a su madre), la hija mayor que decide apartarse de la familia porque no puede más.

Los oprimidos suelen acabar mutilados, con una vida sentimental destrozada, suelen adoptar la manera de pensar y los métodos de actuar de los opresores, es la consecuencia más infame de la opresión, que destroza a los oprimidos haciéndoles menos capaces de liberarse. Cuesta mucho trabajo convertir el sufrimiento en algo útil para alguien, sobre todo para el sufridor.

Escribe Hjorth de forma directa, sincera, haciendo de la reiteración su arma. No se olvida del trasfondo feminista (maravillosa la referencia a los personajes femeninos de Woody Allen). Hace que te pongas tanto en el lugar de la protagonista hasta tal punto que consideras los problemas de Bergljot tus problemas, le cogerías el teléfono, te tomarías esa copa de vino con ella.

En el transcurso de las casi 450 páginas entiendes esa diferencia entre ser madre y ser hija. Formar parte de una familia que te obliga aunque no quieras a estar pegada a ella. No siempre los lazos de sangre conllevan lazos familiares.

Vigdis Hjorth

Entiendes la fragilidad del ser humano. Que, al final, la herencia material que dejan los padres no es lo más importante. Sino todo lo demás. Los sueños frustrados. La carga emocional que va pasando de generación en generación, las heridas sin cerrar, lo que sigue más allá de la muerte. La muerte en vida.

El ser humano en sí no es bueno ni malo, sino bueno en una relación, malo en otra, bueno en ciertas circunstancias, malo bajo otras, que el ser humano ante todo es humano, y lo peligroso es cuando el ser humano niega este hecho elemental.