50 % de descuento

Salgo de trabajar reventada después de 8 horas casi sin parar. Son las 11 de la noche y ni tengo la cena preparada ni se la espera. Bajo por Montera entre aliviada porque se acabó la jornada, reventada y enfadada porque llevo seis días seguidos en turno de tarde y sé que tengo la nevera vacía.

Mi turno de tarde quiere decir que me levanto sobre las diez de la mañana, desayuno, hago algo de comer que meto en un tupper, me ducho y me voy a trabajar. El resto del día son ocho horas y una de comida (no remunerada, obviamente) para llegar luego medio regular nada más a fin de mes.

Reviso el mail mientras espero el bus y veo que tengo un descuento de una famosa empresa de transporte que ahora también entrega comida en casa. Estoy bastante en contra de consumir estos servicios que fomentan el empleo precario, pero la semana anterior tuve que bajarme la APP porque me quedé dormida y no llegaba a trabajar a las puñeteras 7 de la mañana. Y era fin de semana y puente y no había manera de encontrar un taxi.

Casualidad que el chófer de aquella carrera era mujer. Una chica poco más mayor que yo que, al ver la dirección de llegada, me preguntó qué tal el trabajo allí. Le dije que bien, pero que bueno, muchas horas, mucho madrugón y mucha gente estúpida trabajando de cara al público. La chica asintió mientras me contaba que su jornada son 12 horas, con uno libre a la semana. Y luego tenía que llegar a casa y atender a su niño, al que no le puede dedicar ni ese 50% de su día restante, porque algo tiene que dormir.

Pienso en ella mientras me decidía si pedir o no comida a domicilio por la maldita App y aprovechar el descuento. De repente me invade la idea de que estaría genial que alguien me trajese unas gyozas, un tupper de pollo al limón y otro de tallarines para, encima, no tener que cocinar para mañana. Y así mientras tanto me puedo duchar tranquilamente y mañana puedo dormir un ratito más porque no tengo que cocinar.

Y lo mejor de todo es que me sale por 10 euros de mierda. Que me los gasto luego en cualquier chuminada en el Mercadona. Porque una es débil y cae ante la tentación de comprar cosas que no necesita pero se le antojan. Una tiene que vivir con sus contradicciones.

Pienso que yo también soy una precaria y que tengo que aprovechar el 50% de descuento que me ofrecen. Porque he trabajado mucho hoy y estoy cansada. Porque me merezco mimarme un poco y no cocinar hoy y dormir un ratito más mañana. Así que pido autoconvenciéndome de que no está tan mal y le dejaré propina al repartidor para tener la conciencia tranquila.

El pedido llega y mientras mojo las gyozas en una salsa que no sé ni qué es, sé con certeza que vivimos al 50% de descuento continuo. Que lo malo no son los descuentos para comida a domicilio, es que estamos tan cansadas que no podemos ni pararnos a pensar en qué vamos a cenar hoy y a comer mañana. Que soy débil por caer en la tentación, pero vaya cómo estoy disfrutando la comida china.