Aixa y el poder de las palabras

Por Leticia Guedella

Esto no es una reseña. Es un tuit que estaba escribiendo en las notas y se me fue de las manos. Avisados quedáis los que sigáis leyendo.

Me devoré el libro de Aixa en dos actos. Llegué a casa a la 1 de la mañana después de ver Zombieland 2 en el cine y me puse a leer, lápiz en mano, hasta que me venció el sueño pasadas las dos. No es la primera vez que un libro me atrapa desde el principio. Es más, es la segunda vez esta semana, pero sí es raro que un libro me atrape en la dedicatoria. “Por mí y por todas mis compañeras”. Es una frase sencilla, pero me removió. Porque cuando eres mujer, detrás de esa frase intuyes dolores, vergüenzas y culpas compartidas. Y alegría, confidencias y orgasmos. Sí, también orgasmos.

A las 6 de la mañana me desperté de golpe, sudando y con el sabor en la boca de un sueño que se convirtió en pesadilla. Y me desvelé. Me puse en Youtube el último programa de Buenismo Bien (ver a Henar Álvarez siempre es buen plan) y al terminar, al ver que seguía sin sueño, cogí de nuevo Cambiar de idea. Esta vez me sumergí del todo, sin frenos. Leí con avidez, subrayando y releyendo lo subrayado.

Poco a poco me fue invadiendo un sentimiento que reconozco bien, pero que solo me ha acompañado en contadas ocasiones a lo largo de mi vida: auténtica fascinación. Tengo debilidad por las mentes brillantes, sobre todo por las que brillan más que la mía, y mientras leo el libro de Aixa sé que estoy ante una de ellas. Sigo devorando el libro, pero paro justo antes de llegar al clímax. Yo, la impaciente, la que lo quiere todo para ya, o incluso para ayer, siento que tengo que parar antes de terminar ese libro que tanto me está inspirando, antes de leer eso que Aixa se va a atrever a contarme.

“Si fuera cierto que los cólicos menstruales son psicosomáticos, aquel sería el instante en el que se gestó el síntoma. De esta forma, mi útero se contraería más de lo debido porque no solo intenta expulsar el endometrio, sino el significante mismo que se me impuso al sangrar”

Voy a la cocina y me como dos mandarinas mientras empiezo a escribir esto en las notas del móvil. Entro en Twitter y las notificaciones me recuerdan que anoche contesté a un tuit que me llegó al alma. El tuit es de una chica de Vigo con la que hablo de vez en cuando, así que le contesté con todo mi corazón. Y, de repente, me encuentro con que la he conmovido y eso me conmueve a mí. No me acordaba de que ella tiene miles de seguidores y me sorprenden las respuestas de la gente.

Entonces me paro y pienso en el poder de las palabras, ese que tengo tan presente cuando son otros los que escriben, pero que se me olvida con facilidad cuando la que escribe soy yo. Y sonrío, con renovadas fuerzas para seguir con cierto proyecto que tengo empezado. Me termino el último gajo de mandarina y me levanto de la silla, sintiéndome ya capaz de afrontar el final de Cambiar de Idea.

Pum. Hostia con la mano abierta. Así es el final. Y aún así me siento agradecida. Será que al final todos somos un poco masocas. Gracias Aixa, por compartir esto. Me has dejado con ganas de leerte y releerte, de abrazarte y emborracharme contigo y, sobre todo, con ganas de escribir. Por mí y por todas mis compañeras.