El país que ocultó a sus mujeres

Imagen del cómic Persépolis de Marji Norma

Por Rocío Alcántara

Una sociedad no tiene la menor posibilidad de éxito si sus mujeres no reciben educación.” Mil soles espléndidos.

Este verano cayó en mis manos – y no fue casualidad –  el libro de Khaled Hosseini, Mil soles espléndidos. Una novela que, tal como me describió mi amiga Ana en una ocasión, te corta la respiración y hace que te duelan las entrañas.

En este relato, el autor hace un recorrido por la historia de Afganistán a través de la vida de Mariam y Laila, dos mujeres que representan dos generaciones y dos clases sociales diferentes, unidas por la guerra, la sharía y el matrimonio forzado.

Justo cuando se cumplen 18 años desde que EEUU comenzó una cruenta ofensiva contra los talibanes en Afganistán, me termino esta obra donde Hosseini da voz a las grandes olvidadas de la guerra: las mujeres.

Invisibles

Fue en octubre de 2001, tras el atentado contra las Torres Gemelas, cuando Estados Unidos declaró la guerra a los talibanes que controlaban Afganistán desde 1996.

Muchos líderes internacionales, de la talla del Secretario de las Naciones Unidas, Kofi Anan, y del Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, enarbolaron la bandera de la justicia, prometiendo liberar a las mujeres del yugo al que llevaban 5 años sometidas mientras la comunidad internacional miraba hacia otro lado.

Las mujeres fueron usadas como símbolo de la guerra y sus fotos bajo el burka dieron la vuelta al planeta.

El mundo comenzó, de esta forma, a tener constancia de lo que ocurría en Afganistán.

Durante los años de régimen talibán, se instauró en el país lo que se conoció como “apartheid de género”, prohibiendo a las mujeres y las niñas derechos tan básicos como estudiar, trabajar, abandonar el hogar sin la compañía de un hombre, enseñar la piel en público, participar en política o espacios de debate público, y el acceso médico si era un hombre quien las atendía –al tener prohibido trabajar, ser atendidas por un médico era imposible-.

Saltarse cualquiera de estas normas estaba penado con castigos que pasaban por el azote público o la lapidación.

Es en este contexto cuando Laila entra en la vida de Mariam llenando de significado a la palabra sororidad. Mariam y Laila se salvan la una a la otra, aferrándose a la libertad de la compañía mutua y convirtiendo su propia existencia en un acto de rebeldía.

Portada del libro Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini

Ser mujer después de los talibanes

El régimen cayó. Y la situación de las mujeres mejoró – sobre el papel -.

Aunque en ciudades grandes, como Kabul, los avances han sido más evidentes, en las zonas rurales sigue existiendo una gran presencia talibán.

En estos lugares, las niñas son entregadas en matrimonio para compensar un crimen o una ofensa, o son intercambiadas por ganado, por tierras o para saldar una deuda.

Además, existen tribunales alternativos al margen de la ley, conocidos como jirgas y shuras, que están liderados por consejos de ancianos encargados de dictar sentencia. Muchas mujeres desconocen sus derechos y tienen miedo a denunciar por temor a ser tratadas como criminales en vez de víctimas.

Y es que en Afganistán las cárceles están repletas de mujeres que han huido de sus casas por sufrir malos tratos o por haber sido sometidas a un matrimonio forzado.

En 2013 la Organización Human Right Watch denunció que “la mitad de las mujeres en prisión y el 95% de niñas en centros de detención juvenil en Afganistán habían sido arrestadas por “crímenes morales”, siendo considerado como tal, por ejemplo, huir de la violencia doméstica.

Según la Organización Human Right Watch, el 95% de niñas en centros de detención juvenil en Afganistán habían sido arrestadas por “crímenes morales”

Un estudio realizado en 2008 concluyó que el 87,2% de las mujeres afganas había sufrido al menos una vez en su vida algún tipo de violencia sexual, física, verbal, psicológica o habían sido sometidas a un matrimonio forzado.

Ocho años después, en 2016, la cifra de mujeres que había soportado algún tipo de violencia continuaba siendo la misma: 87% según ONU Mujeres.

Todos estos datos nos muestran que, a lo largo de los años, los derechos que se prometieron tras la caída del régimen talibán han quedado en papel mojado.

El 7 de octubre se cumplieron dieciocho años desde que EEUU liderara la “Operación Libertad Duradera” y aún continúa la guerra. Y en Afganistán ya existe una generación entera de niños que no ha conocido la paz.

Dieciocho años después siguen existiendo Mariams y Lailas, mujeres invisibilizadas y privadas de libertad. 18 años después, seguimos mirando hacia otro lado sin ver “los mil soles espléndidos que se ocultan tras sus muros.”