Lo personal es político y punto

En 1969, Carol Hanisch, figura del Movimiento de Liberación de las Mujeres en Estados Unidos, escribía “Lo personal es político”.  Una frase de la segunda ola del feminismo. El objetivo era poner en común las experiencias personales con la estructura política y social.

Hace casi tres meses que terminaron las campañas electorales. Ese espacio-tiempo en el que todo es personal y todo es político de una forma más intensa. Por un momento parecía que todo había frenado y empezamos a andar a paso lento. Hasta la investidura con apellido “enquistación”. En campaña, se duerme poco y se escribe mucho.

Todo desde las entrañas, aunque a veces eso no sea buena idea para los que nos acusan de moralismo político. Estoy en lo cierto si digo que algunos días estás mejor y más motivada. Otros días, más preocupada y con ganas de tener un poco de tiempo para ti misma, alejada de ese sentimiento de que lo personal es político.  Mi madre parafrasearía a Hanisch diciendo que “me lo tomo muy a pecho”. 

Movimiento de Liberación de las Mujeres en Estados Unidos,1960

Cuando alguien comienza en el mundo de la política o el activismo lo hace porque considera que puede cambiar una realidad y hacerla más justa. Implicarse en lo público nunca es fácil en un momento en el que lo público no suele estar valorado. Implicarse desde lo local es casi un hecho heróico, estamos sujetos a fuertes críticas y podemos vernos señalados en nuestro entorno laboral o social con consecuencias. Raro es el momento del reconocimiento, incluso desde las antípodas políticas.


“Cuando alguien comienza en el mundo de la política o el activismo lo hace porque considera que puede cambiar una realidad y hacerla más justa. Implicarse en lo público nunca es fácil en un momento en el que lo público no suele estar valorado”


Existe un error de primero. El pasar cual Atila por encima de los principios de los demás, haciendo que la competición reste importancia a la capacidad de transformación que nuestra villa necesita. Carece de seriedad y de proyecto político quien comienza su discurso con el apellido de su contrincante. Independientemente de la bandera que alze. A cuestas, tendremos que cargar con las consecuencias de una polarización que genera desconfianza en las instituciones. Y, hace pensar que la política no sirve para nada. 

La política es un canal transformador de las demandas sociales. Atentas tendremos que escuchar a cada una de nuestras vecinas, aunque muchas de ellas nos acusen de llegar demasiado tarde, de interés o falsedad y escucharnos a nosotras mismas. Es la prueba inequívoca de la desconfianza creada y del trabajo de hormiga que tenemos por delante.

Debe ser duro que tener principios solo en campaña.  Ahora, que se han pagado las televisiones y los titulares tratan otros temas, es imposible que no me acuerde de la madre que tiene que tomar un Orfidal para dormir. Del joven que no tiene opciones culturales en el pueblo, del currela que trabaja en una industria alimentaria a turnos y tiene machadada la espalda. De la que no puede dormir porque la responsabilidad le aplasta la cabeza, la compañera que limpia las escaleras del portal de mi casa. Del camarero que está detrás de la barra del bar todo el día, de las trabajadoras del hospital que se matan cada día pensando cómo pueden mejorar la atención de sus pacientes y de aquellos que por cuestiones de precariedad en la sanidad, están horas esperando. Me acuerdo de los pescadores y de los agricultores que dan de comer a esta tierra y reclaman justicia. De pequeños siempre nos decían “con la comida no se juega” y aquí están algunos adultos, jugando. 

Joder, como para no militar.