Flores de acero

Por Isabel Diego Carmona

Llegados a este punto de la vida hay gente que, con suerte, lo tiene todo hecho y se limita a disfrutar de lo conseguido. Otras, sin embargo, tenemos que seguir luchando y parece que remamos en una barca minúscula en medio de una tormenta que no acaba nunca, a veces amaina un poco y vemos salir el sol, pero la tormenta sigue acechando a cada golpe de remo. Y nos vemos como un punto minúsculo en medio del azote del mar, y se nos llena la cara de espuma y nos empapamos y luchamos con todas nuestras fuerzas y seguimos remando en medio de la tormenta, y nos encontramos tan solas que parece que no vamos a conseguirlo y no tenemos a nadie en quién apoyarnos para descansar.

Tú eres una flor, una linda flor de acero, no lo olvides. Y sacas fuerzas de flaqueza y sigues adelante y ahí reside tu espíritu, en la lucha, en el llanto, en la amargura, en la impotencia y en el miedo, pero esa es tu fuerza.

Somos fuertes y ese es al mismo tiempo nuestra virtud y nuestro castigo. A veces querríamos rendirnos, dejar de luchar ya, descansar, pero no podemos. No hay nadie que nos lance un salvavidas, estamos solas en ese mar inmenso y embravecido y seguimos remando, con fuerza, con desesperación, y nuestras lágrimas alimentan ese mar salado y se funden con él.No nos queda otra, no tenemos más alternativa que luchar y seguir remando.

Y así nos hacemos más fuertes pero al mismo tiempo nos agotamos.

Algunas personas han nacido para vivir en paz, a otras nos toca remar. Pero si miras a tu alrededor verás que no estás sola, hay muchísimas barquitas más remando en la tormenta, empapadas, asustadas y furiosas como tú y como yo.

Y ya no te sientes tan sola y ves que su sufrimiento, aunque diferente, es igual que el tuyo y ves que siguen remando, como tú y eso te reconforta y te recompone y nos miramos las unas a las otras y nos animamos a seguir luchando, a seguir viviendo bajo esta tormenta que no acaba nunca, porque esa es la vida que nos ha tocado vivir, porque las hay muchísimo peor que la nuestra y siguen remando, porque todo es relativo, porque algún día descansaremos, porque cada uno de los pétalos de los que estamos formadas se va transformando en acero brillante, duro y liviano a la vez, sutil y hermoso.

Y los pocos días en los que sale el sol dentro de nuestra tormenta refulgimos como la más brillante estrella.