Viña Rock 2019: feminizando el festival

Fotografía tomada de la cuenta de Twitter @VinaRockOficial

Una gota fría que cae desde las costuras de tu rincón en medio de la nada y aterriza aplastante sobre tu frente, justo en el centro, para después recorrerla despacio dibujando un surco brillante de piel mojada hasta morir en el oído con un zumbido ensordecedor. Como un puñal, es tu propio respirar a trompicones el que te despierta condensado contra las paredes de tela de tu refugio; un segundo de agua congelada que te recuerda que es de día y que sigues viva.

Te duele la cabeza, pero es un dolor agradable, como si los bajos y los bombos de la noche anterior se hubieran sincronizado tanto con el latir de tu corazón que se hubieran acomodado entre tus entrañas, martilleándote por dentro, pero al compás. Sigues inmóvil, con los brazos pegados al cuerpo para que no se te escape el calor entre las curvas. Sientes el movimiento ahí fuera, quieto, pero movimiento: cremalleras que se abren lentamente, bocanadas de humo que se exhalan en ayunas, carcajadas acumuladas durante el sueño… De pronto, un grito, ese grito: «¡¡Antooooooooooniaaa!!». Aquí y allá, como en una especie de reverberación forzada, el nombre empieza a saltar de una tienda a otra sin parar; es la hora, es la señal, acaba de amanecer en Villarrobledo.

Bueno, vale, que los buenos días viñarockeros se siguen dando a la llamada de un tal Antonio al que hemos aprendido a querer sin conocer, pero, ¿y si estuviéramos más cerca de que el famoso aullido se hiciera en femenino? Cada año somos más las mujeres que, con el puño alzado y las banderas al cuello, acudimos en masa a uno de los festivales más multitudinarios del país y, por qué no decirlo también, uno de los más masculinizados. Pero algo está cambiando en el Viña Rock o, mejor dicho, algo estamos cambiando en el Viña Rock. Porque somos más en la pista y exigimos ser más sobre los escenarios, las mujeres estamos feminizando el espacio y haciéndonos un hueco en su cultura.

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Mujeres en pogos, mujeres en guerra

Ni débiles, ni amedrentadas, ni compuestas, ni delicadas. Las viñarockeras disfrutamos como ellos del caos de un pogo improvisado al son, por ejemplo, de Mafalda, que sitúa su estilo musical entre el reggae y el hardcore, reservándole un hueco al ska, al funky o al punk. Sea como sea, el resultado suena a gran corro en la pista y a marea de cuerpos mecidos violentamente por la inercia y el ritmo. Y si a esto le sumamos la dimensión política y particularmente feminista que ha ido asumiendo este grupo valenciano, parece evidente su contribución a la causa de las festivaleras. Durante este Viña Rock, Mafalda traerá consigo su último álbum lanzado en octubre, Palabras forman caos, aunque, por supuesto, todas estaremos esperando impacientes el que ya es un himno en nuestra lucha para bailarlo a golpes: «Mujeres en guerra».

Perreo o barbarie

Deambula por ahí un mal chiste sobre la relación entre el feminismo y el reggaetón. Dicen que a nosotras las radicales no nos gusta bailar en pareja, mucho menos perrear. Pero resulta que no mordemos a nadie si no es estrictamente necesario y que nos encanta menear las caderas como a cualquiera, eso sí, con amigas. Nuestro problema no es con el reggaetón y el resto de ritmos llegados de Latinoamérica, nuestro problema es una vez más con el heteropatriarcado. Ése que escribe letras en las que las mujeres pintamos poco más que un trasero bonito que sobar y que nos reserva un lugar en los videoclips como trofeos andantes de cantantes ricos y extremadamente horteras. ¡Pero el reggaetón feminista existe y se viene al Viña Rock 2019! Representando al perreo del bueno, Tremenda Jauría y Machete en Boca nos harán a todas bailar, siempre libres y combativas.

Un lugar para las Poetisas

Parece mentira que sea precisamente en el rap, tan reivindicativo y social, donde más nos esté costando entrar, pero así es. Sigue siendo habitual oír aquello de que la voz femenina no aporta al género, que a ellas les falta la actitud que a ellos les sobra, que las pobres no encuentran su lado canalla y sinvergüenza. Pero, ¿y si el problema fuera de percepción? Tal vez llamemos presencia sobre el escenario a lo que no es más que arrogancia infinita y ego, mucho ego. Porque mujeres con garra y estilo las hay a puñados, «Poetisas con mayúsculas», que diría una que ya se nos fue. Como ejemplo tenemos al grupo de madrileñas Ira, que hacen de su arte un arma punzante dentro de la revolución de las mujeres. Rapera y feminista como ellas y llegada de Argentina, Sara Hebe también estará presente en la próxima edición del Viña Rock.

Abriendo nuevas puertas violetas

Pero si hay un nombre que nos ha sorprendido a todas y que ha teñido un poquito más de color violeta el cartel del festival más esperado del año, ése es el de Rozalén. Gracias a la fuerza del mensaje social de sus letras, esta cantautora y activista se ha hecho querer por el público más crítico e inconformista, tanto que, a pesar de salirse del abanico musical al que estmos acostumbradas las viñarockeras con toques incluso pop, este año la artista se ha merecido un hueco en esta cita con la música en Villarrobledo. Natural de Albacete, Rozalén se armará de la sensibilidad que la caracteriza para abrir con ella una nueva mirada sobre un evento que, seguro, la recompensará con el calor y la gratitud que sólo se recibe cuando se vuelve a casa.

Así que, sí, estamos más cerca que en 1996 de que se pierda una Antonia entre el tumulto de viñarockeras y viñarockeros, pero, ojo, porque no nos vale con estar cerca: sólo nos valdrá feminizarlo todo. Porque, como la calle y la noche, ¡esta fiesta también es nuestra!

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