¡Qué muera el amor!

Como decía la Jurado: “¡qué muera el amor! Que dice, que engaña, que besa, que araña, ¡qué muera el amor!, que queda, que pasa, que pisa, que pesa, ¡qué muera el amor! Que miente, promete, se apiada y se ríe de mí”. Hay tantas cosas que deberíamos aprender de nuestras folclóricas que si me pongo a enumerarlas me desvío del tema y no termino nunca. Volvamos.

Que muera el amor, ese amor que nos tiene presa, ese amor que ha sido el opio de las mujeres, ese amor por el que nosotras morimos y gracias al cual ellos viven.

Amor romántico, relaciones tóxicas, son temas que empiezan a colarse entre la juventud. Ojalá en mi adolescencia alguien me hubiera dicho que el amor romántico sí que existía, pero que era lo peor que te podía pasar. Me encanta ver a chicas jóvenes que no toleran cualquier gilipollez, que tienen claro que el amor no es lo primero. Yo era una chica más como esa protagonista de la novela de Emma Cline, de esas chicas que esperan y esperan, siempre perfectas e inseguras, a que llegue el chico que por fin se fije en ellas. Daba igual si el chico te gustaba o no, con que alguien se fijara en ti bastaba.

Fuente: Gamba

Vivir dedicada a gustar a los demás, pero, sobre todo, a los demás del otro sexo. Entre amigas podías ser un poco más libre, aunque nunca debías olvidar que tus amigas eran competencia. Quizás ellas gustasen más que tú, y todas esas tonterías.

El amor debe morir porque en nuestra sociedad sigue siendo algo exclusivo de pareja. Cuantas veces he escuchado a amigas decirme que “estaban muy solas” por el simple hecho de no tener una pareja. La sociedad sigue empujándonos a que gastemos todo nuestro amor y cuidados en una sola persona, en nuestra pareja. Por eso siguen empujándote hacia el matrimonio. Por supuesto, que todo esto sigue siendo normativo y cishetero, y una buena manera de sustentar el sistema capitalista.

Separarnos por parejas para alejarnos del resto de nuestros círculos, de esas amistades que también aman y cuidan. Pero no, tú debes canalizar tu amor y cuidados en una única persona. En ese hombre que, si tienes un poco de suerte, quizás esté trabajando para deconstruir toda esa masculinidad toxica y asquerosa con la que ha crecido. Pero que, si no, seguirá siendo el macho ibérico, aunque ahora te dirá que el “apoya la igualdad” porque “las mujeres son lo más hermoso de este mundo” y que el “nunca le pondría la mano encima a una mujer”. Ya que parece que ellos no quieren saber que hay violencia más allá de la física.

Fuente: Flickr

Creo que es labor de esta generación reinventar el amor. Proclamar la muerte del amor romántico y erigir ese amor libre, ese amor que cuida y ama por igual, que no aísla, que da alas, que apoya, que anima, que no sabe si durará para siempre porque la vida son cambios. Porque cuando la jaula del amor romántico se haya vuelto un pájaro libre, tú, como Pizarnik, ya no sabrás que hacer con el miedo.

Debemos ser capaces de crear un amor que, aunque acabe, no sea tragedia, porque te habrá dejado muchas luces encendidas. Porque el amor debe ser algo que mejore nuestras vidas, y que no solo exista cuando tengas una pareja, sino que siempre este ahí, entre tus amistades. Ese amor debe vivir, pero el otro, el que conocemos hasta ahora, que muera. ¡Qué muera el amor!