Alegato a favor del body positive

 

Ojalá alguien me hubiese dicho esto con 14 o 15 años. O con 20. Ahora somos cada vez más conscientes de la subjetividad de las cosas, pero cuando tu mente y tu cuerpo se está formando cualquier comentario de fuera se te interioriza tanto como para que parezca lo más objetivo del mundo. Algo inamovible y que va a ser así toda la vida.

Yo siempre he sido gorda. Y no uso eufemismos ahora porque no me da la gana y porque sé que no los necesito. Pero ha habido épocas en las que no era así. Así que siempre he pensado que ser gorda estaba mal. Yo estaba mal. Sin embargo, decir que yo lo pensaba no es del todo correcto. A día de hoy, después de mucha terapia, muchas pastillas, muchas dietas y mucho asco hacia mí misma, sé que era la sociedad la que hacía que lo pensase.

A todas nos ha pasado ver esos cuerpos y esas caras perfectas en las revistas, en los anuncios de televisión, en las vallas publicitarias y sentir la envidia por no tener unos kilos de menos o unos centímetros de más. La constante comparación que luego se extiende a nuestras amigas, nuestras hermanas o nuestras madres. Porque, seamos sinceras, muchas veces esas comparaciones vienen desde dentro y no desde fuera de nuestro círculo más íntimo. Obviamente, en la mayoría de las ocasiones quienes te exponen de esa manera no lo hacen con intención dañina, porque a ellas también las han educado así y también han estado expuestas a los chances físicos, pero al final es lo que consiguen.

¿Cuántas veces te ha dicho tu madre que no te pongas esa ropa porque se te marca el michelín? Que te tapes, que escondas el culo, no enseñes las tetas, bañador en vez de bikini y un pareo enorme bajo el que cubrirte en la piscina y que no se te vea la celulitis ni las estrías ni alguna cicatriz inoportuna. No te pongas falda si no te has depilado, ni enseñes los sobacos aunque te estés muriendo de calor. Pero es que encima estás gorda, ¿dónde vas con ese vestido tan corto? Nadie te va a querer así.

Luego también están esas frases buenistas que intentan suavizar el tema e instar a que cambies para entrar en los cánones de la sociedad. “Con lo guapa que tú eres de cara”. “Con diez kilos menos se fijarían más en ti”. “Ay, si te cuidases más y te sacases más partido…”. Pero no resultan. Nunca resultan. Porque aun así indican que hay algo que sigue mal en ti. Luego están todos esos que enarbolan el argumento de la salud, cuando no saben que la única salud que tienes mal es la mental. Porque te la están mellando con tanto comentario que no viene a cuento, pero eso es otro tema.

Todo esto desemboca en algo por lo que no deberíamos pasar ninguna: inseguridades, falta de amor propio que lleva al rechazo por el amor ajeno, infelicidad, asco, repulsión ante tu propio reflejo en el espejo. Yo me he pasado años sin querer verme, intentando a ratos cambiar para gustar pero rindiéndome al ver que por mucho que cambiase, la imagen seguía siendo la misma.

La realidad es que estaba cambiando la parte equivocada de mí. Durante toda la vida pensaba que la que estaba mal era yo, pero era la percepción de mí la que lo estaba. Sé que es difícil y no tengo la receta exacta para dar con la solución. No es algo que se cure en cuestión de horas, ni siquiera tomando medicinas tres veces al día durante meses. Es algo que requiere paciencia infinita, tiempo y dedicación. Echar horas mirándote en el espejo, aprendiendo a querer todo lo que te han dicho que está mal. Las marcas de tus piernas, los pelos del entrecejo, la celulitis, las estrías, ese grano que te ha salido en la frente que te avisa de que te va a bajar la regla. LA REGLA. Nada de eso está mal.

Intenta, al menos una vez al día, enfrentarte a ti misma y decirte que no necesitas que nadie te diga lo guapa que estás, ni de cara ni de culo ni de tetas. Porque eres mucho más que la imagen que se proyecta en el espejo y que la comparación con todas las demás mujeres que te rodean. No nos merecemos compararnos las unas con las otras ni sacarnos defectos que no tenemos, sino ayudarnos a querernos como somos y por lo que somos.

Tampoco es algo que te vaya a durar siempre. Habrá días en que sigas mirándote y pensando que no es tu mejor imagen, pero habrá otros en que te pongas ese vestido que tanto te gusta pero que es dos centímetros más corto de lo que debería y se vea tu celulitis y te de igual. Porque es tuya. Cada vez serán más los días que estés en paz contigo misma y menos los que sientas asco. Serán más días en los que seas feliz, y eso es lo único que cuenta. Quien no te quiera así, no te va a querer de ninguna manera. Y este pronombre relativo también se refiere a ti. Quiérete, joder. Lo demás, ya vendrá.