Portuguesas, poetisas, feministas

Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto, 1919 – Lisboa, 2004)

Durante demasiado tiempo, no fuimos. Estuvimos, pero no fuimos. Ni serias ni talentosas ni importantes. Estuvimos allí, escribiendo en algún rincón poco silencioso durante las horas vagas que nadie nos concedió nunca, pero no fuimos. Ni escritoras ni creadoras ni artistas. Hasta que de pronto, empezaron a brotar los nombres de debajo de los versos, entrelíneas y sobre las contraportadas. Autoras. Por todas partes. O casi. Porque en algún escondrijo siguen ocultas las que escribieron en una lengua menos hablada que el inglés, menos poderosa que el alemán, menos romántica que el francés. Y ahí están, esperando a que alguien desempolve sus iniciales y las saque para siempre del estante de las olvidadas…ése en el que me topé con ellas: portuguesas, poetisas y feministas.

  • Siglo XVIII: Paula da Graça, o nuestra primera justiciera

No debía de llamarse así. Seguramente se pasó noches enteras buscando el nombre que ella escuchaba cuando se miraba al espejo: «da Graça», susurraba. Porque no me creo que sólo sea una bonita casualidad que la que podría ostentar el título de autora del primer grito revolucionario feminista de la literatura ―no portuguesa, sino europea o incluso mundial― llevara por apellido lo que viene a referirse a una especie de don sobrenatural que en la época se atribuía al poder de la unidad y de la verdad.

Paula da Graça escribió en 1715 Bondad de las Mujeres Reivindicada y Malicia de los Hombres Manifiesta, un poema escrito en quintillas con el que ella sola ―pero por todas― respondió rebelde y satírica a otro con el que su autor quiso argumentar nuestra maldad natural, la de las mujeres. Un total de 359 versos con los que la autora denuncia desde la desigualdad entre hombres y mujeres en el campo laboral hasta la violencia machista pasando por la falta de heroínas reconocidas en la Historia o, mi parte favorita, el sacramento del matrimonio por representar el más «tirano estado».

Siempre fue el más perfecto
el estado de celibato.
Nunca le encontré a otro sentido.
Y procedí bien en mi trato,
pues siempre viví con respeto.

Todo esto, recordad, a principios del siglo XVIII en Portugal. Paula da Graça escapó a la censura con la astucia de quien se sabe en un tiempo que no es el suyo ―llegaba a referirse al Estado portugués como «República», casi 200 años antes de que ésta se materializara―. Así, engañó a quienes trabajaban cortándole las alas a los demás citando, por ejemplo, La Suma Teológica de Tomás de Aquino, una obra demasiado extensa y compleja como para que nadie se esforzara en verificar que el artículo aludido reza bajo el rótulo de “Cuando debe ser ejercida la venganza sobre aquellos que pecaron involuntariamente”. Y eso es lo que hizo ella: justicia, por nosotras, en femenino y en plural.

  • Siglo XIX: Judith Teixeira, o versos al amor lésbico convertidos en ceniza

Lisboa, año 1923. La que se hizo llamar Liga de Acción de los Estudiantes arremete contra la obra de una autora que no lo volvería a ser, o al menos, nadie la volvería a leer. O tal vez sí alguna amante sin rostro, puede que ésa que inspiró los versos que le costaron el apelativo de «artista decadente» o «poeta de Sodoma». Ardieron. Pero no se perdieron, porque Judith Teixeira se esforzó en reeditar su obra y en el camino desvaneció ella misma y su esencia. Fue repudiada. Por un marido que la acusó de adulterio y abandono del hogar, por unos vecinos que tacharon el contenido de su poesía de inmoral y, lo más duro, por el resto de literatos que, al parecer, no supieron lidiar con el talento en femenino o no quisieron aceptar el amor de mujer a mujer. Que desde 1927 no se tienen noticias suyas. Que murió sola, sin nada ni nadie, pero nos queda su poesía rescatada de entre las llamas del odio.

Rosas Rojas

¡Qué extraña fantasía!
Compré rosas encarnadas
de un rojo estridente,
tan rubras como la fiebre que yo traía…
¡Y vine a acostarlas contenta
en mi cama vacía!

¡Toda la noche me pinché
con sus agudas espinas!
Y toda la noche las besé
en desaliños…

La ventana toda abierta
mi cuarto se llenó de luz de luna…
En la ropa blanca de lino,
las rosas,
son corazones sangrando…

Mueren las rosas deshojadas…
¡Las maté!
¡Apretadas
a manos llenas!

¡El alba!
¡El alba!
¡Vino a despertarme!
¡Vino a despertarme!

Voy a morir…
¡Y no consigo desprender
de mis deseos,
las rosas encarnadas,
que mueren destrozadas,
en la furia de mis besos!

  • Siglo XX: Sophia de Mello, o la Poetisa y Política en mayúsculas

Fue la primera mujer portuguesa en recibir el mayor reconocimiento a la literatura lusa: el Premio Camões. La primera, y era ya el año 1999, y sobre sus hombros pesaba ya más de medio siglo de dedicación y empeño. Antes de que llegará, la poetisa escribió sin descanso versos de compromiso y denuncia social que con la dictadura salazarista se convirtieron en gritos desesperados por la ansiada libertad, que tardó en llegar, pero que llegó. Después de aquel 25 de abril de 1974, Sophia de Mello Breyner Andresen fue nombrada Diputada de la Asamblea Constituyente de su país por el Partido Socialista, pero nunca dejó de rimar palabras. Murió en 2004, un año después de recibir el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por toda su trayectoria, una mujer que, según cuentan las historietas familiares, aprendió a recitar poesía antes que a leer y escribir.

Libertad

Aquí en esta playa donde
no hay ningún vestigio de impureza,
aquí donde hay solamente
olas rompiendo ininterrumpidamente,
puro espacio y lúcida unidad,
aquí el tiempo apasionadamente,
encuentra la propia libertad.

Tres portuguesas, tres poetisas, tres feministas. Tres de muchas, pero no tres cualquiera.