Jean Rhys: la voz de una sombra impenetrable

Jean Rhys (Dominica, 1890 – Gran Bretaña, 1979), vía BBC

En 1966 se publicaba en la conocida editorial estadounidense Norton & Company una novela breve, de apenas 160 páginas, titulada Wide Sargasso Sea. Partía de una premisa que bien definiríamos hoy en día como una locura: una especie de precuela del clásico Jane Eyre de Charlotte Brontë, en la que se nos cuenta la historia de Antoinette Cosway (Berta Mason en la obra de Brontë), la desdichada esposa de Rochester, el enamorado de Jane, a la que este mantiene encerrada en sus habitaciones debido a sus episodios de locura. Su autora, Ella Gwendoline Rees Williams, era una mujer de 76 años nacida en Dominica que había escrito previamente varias novelas sin mucho éxito ni de crítica ni de público, y cuya voz se había perdido en el olvido. Su última novela, Good Morning, Midnight, se publicó en 1939. Y precisamente había roto su silencio para explorar ese personaje apenas esbozado en la novela de Brontë, pero que tantos interrogantes había dejado.

Nacida en 1890 de madre antillana de raíces escocesas y padre galés, Jean Rhys se debió sentir una extraña, al menos durante los primeros años que pasó en Roseau, Dominica. Su historia es cuanto menos fascinante y aún dista de estar completamente rescatada; se trasladó a vivir a Inglaterra siendo muy joven con unos familiares, y posteriormente viajó por Europa, sobre todo por Francia, llegando a establecerse en París, donde estuvo en contacto con la bohemia europea que se movía en aquellos años por la capital francesa. En París escribiría sus primeras novelas, y en París también viviría rayando la pobreza. Los biógrafos y periodistas han especulado largamente con este período de la vida de Rhys, con sus amores y amistades.

En sus biografías se suele resaltar que el escritor Ford Madox Ford la apoyó incondicionalmente y que sus primeras obras se publicaron gracias a él, y es que parece necesario destacar el apoyo de un gran nombre masculino para resaltar la valía de una mujer artista. Al leer sus palabras y captar la belleza y particularidad de su escritura, el nombre de Ford se antoja accesorio en su biografía, si bien sí hay que agradecerle la publicación de esas primeras historias. Por ejemplo, en las primeras páginas de Good Morning, Midnight, Rhys escribe: “Everything in their whole bloody world is a cliché. Everything is born out of a cliché, rests on a cliché, survives on a cliché. And they believe in the clichés – there’s no hope”.

Es una escritura oscura, mordaz, deslenguada, que participa del espíritu de la Europa de entreguerras y a la vez lo observa desde dentro. Quizás es la visión particular que aporta al artista el crecer entre dos culturas, encontrarse siempre en tierra de nadie, no pertenecer a ningún círculo y a la vez estar en todos. Sea como fuere, Rhys consiguió publicar ― dice de nuevo su biografía que gracias a Madox Ford―  entre las décadas de los años 20 y 30 un libro de relatos y cuatro novelas. En la edición de Penguin Classics, señalan que fue el fracaso de su última novela ― precisamente la que ahora es una de las más alabadas de la autora―  lo que hizo que Rhys abandonase la escritura, o al menos la publicación. Lo que sí se sabe es que, de pronto, la escritora desapareció del mapa. Se la llegó a dar por muerta e incluso se pensó que se había suicidado. Se trasladó, no se sabe muy bien cuándo, a Cornwall, al sureste de Inglaterra, y desde allí, casi veinte años después, escribiría su particular Wide Sargasso Sea, con la que llegaría su reconocimiento. Sus observaciones sobre la relación entre la escritura y uno mismo son interesantes; decía en una entrevista para The Paris Review en 1979, el año de su muerte: “You see, there’s very little invention in my books. What came first with most of them was the wish to get rid of this awful sadness that weighed me down. I found when I was a child that if I could put the hurt into words, it would go. It leaves a sort of melancholy behind and then it goes”. Y lo decía en unos años en los que comenzaba a estar de moda la eliminación del autor de la página y la lectura del texto por el texto.

El rediscubrimiento de Rhys ha pasado por dos fases: la primera, en 1966, con la publicación de esta novela, y la segunda, que todavía dura, con la apreciación de toda su obra anterior. Quizás pequemos de ingenuos si lo achacamos, como se suele decir, a que se trata de obras adelantadas a su tiempo, por su lenguaje falto de ataduras y por sus protagonistas, casi todas mujeres independientes y dueñas de su vida ― algo que hoy nos suena manido pero que para la época no lo es― . Son mujeres que habitan en los márgenes de la historia principal, como su Antoinette Cosway, y como ella misma.