Voces dispares, mismo foco: lo nuevo de la joven ficción anglosajona

Daisy Johnson en una entrevista en la librería londinense Foyles, vía Youtube.

Si las letras hispanas están continuamente dando a luz a poetas muy jóvenes de unas visiones y unas voces únicas, las anglosajonas lo están haciendo en el ámbito de la ficción. Un ejemplo es el último Man Booker Prize, uno de los premios literarios más prestigiosos de la literatura en lengua inglesa. Se lo han llevado a casa en el pasado nombres tan sonados como John Banville, Margaret Atwood, Ian McEwan o Salman Rushdie, que pueden servir para construirnos una visión de cuán canónico, y a la vez prescriptor de gusto y tendencias, es este premio. La ‘longlist’ de obras propuestas para este año está en boca de los círculos literarios más elitistas por incluir, entre otras, a dos voces femeninas de menos de 30 años que han revolucionado el panorama literario anglosajón: Daisy Johnson y Sally Rooney.

Johnson tiene 28 años y publicó Fen, su primer libro, en 2016, una colección de relatos en los que creó una mitología alrededor de un lugar ficticio, en un estilo casi rayano en el realismo mágico, y que hizo que su nombre estuviera en boca de todos, precisamente en unos años en los que el género de la historia corta parece resurgir. Con su novela Everything Under explora la relación entre una madre y una hija, de nuevo revirtiendo un mito, esta vez el de Edipo; con esta obra ha conseguido ser la escritora más joven incluida en la ‘shortlist’ del Man Booker Prize.

Pero, ¿qué tienen en común una nueva voz narrativa que emplea los mitos y leyendas como base para su ficción y otra que ha sido catalogada como “la Salinger de la generación de Snapchat”, como ha ocurrido con Rooney? A simple vista, nada. La ausencia de una generación literaria es una característica de nuestros tiempos, pero precisamete esa falta de rasgos comunes puede ser lo que señale y ponga en valor a este grupo de autores jóvenes con voces e historias únicas. Sin embargo, sí parece haber un punto en común: la exploración casi quirúrgica de las relaciones y de sus límites. Sally Rooney se ha establecido como la maestra en este asunto con tan sólo 27 años, dos novelas y algunos relatos publicados; sus personajes testan los límites de las relaciones y del yo, en una ficción que parece convencional en los temas y a la vez es posmoderna. Su crítica a la sociedad capitalista y patriarcal nace además del profundo conocimiento de la misma, y sobre todo de la fuerte consciencia de pertenencia a su generación. Sin embargo, sus historias van más allá de ser meros relatos generacionales, y abordan los temas de la clase social, las enfermedades mentales o incluso, como en Conversations with Friends, la endometriosis.

El escritor Guy Gunaratne, vía web del autor.

Quizá sea esa búsqueda constante la que caracteriza a esta nueva generación que no es una generación, sino un conjunto de voces muy diversas. Guy Gunaratne es otro ejemplo de ello. Este escritor y artista visual londinense publicó este pasado año su primera novela, In Our Mad and Furious City, que pone el foco en el Londres más desfavorecido, el de las pandillas de hijos de inmigrantes, pero es más que eso: es, de nuevo, un acercamiento a la sociedad capitalista, a cómo se forman esas comunidades unidas por el rechazo, con el trasfondo inevitable de la radicalización. Gunaratne responde a algunas preguntas, amplifica su significado, y deja en el aire otras nuevas. De nuevo, como Johnson o Rooney, pero de forma muy distinta, apela a las relaciones y a los hilos que tejen la sociedad moderna.

Mayor dureza contiene el relato de Anna Burns en Milkman, otro de los debuts del último año. Burns, también irlandesa (mención especial tiene la ficción irlandesa de los últimos años, pero de eso hablaremos en otra ocasión), traslada a su lector o lectora a la Irlanda del Norte de los años del conflicto con el IRA, en una historia cuanto menos extraña de abuso, violencia y, de nuevo, complejas relaciones y cuestionamiento del yo.

Podría decirse que se trata, en todos estos casos, de una ficción nihilista, casi pesimista, y muy posmoderna en este sentido, que señala a la sociedad moderna como un caldo de cultivo de insatisfacciones, sobre todo en los casos de Rooney y Gunaratne. Y podríamos añadir a esta lista muchos más nombres, cuyo componente generacional no depende de la edad sino de sus historias y de lo diverso de sus enfoques: Yaa Gyasi, Colin Barrett, Colson Whitehead… Lo fascinante de todas estas nuevas voces, y lo que les une como generación literaria (aunque apenas se les pueda dar tal calificativo) es su acercamiento veraz a las relaciones humanas, sea en un mundo mitológico inventado o en el Dublín post-crash.