Del OXI a la Troika a la exaltación del nacionalismo griego

 

“Los nacionalismos no son una tontería” me dijo una vez un amigo griego cuando estábamos discutiendo por el origen del nombre de Macedonia (FYROM), país con quien mantienen una disputa histórica porque así también se llama la región del norte de Grecia. Tres años después de esa conversación volvemos a sentarnos juntos en una mesa.  La situación ha cambiado, y no solo para nosotros.

Cuando llegué a Grecia en el invierno de 2015, en la Plaza Syntagma de Atenas se estaba gestando un movimiento de izquierdas contra los que representan a la Troika europea. Fue el año del corralito, de las manifestaciones por el OXI, de Syriza y de las ilusiones progresistas que crecían en pleno corazón de la democracia mientras en el resto del mundo se hacía un hueco la ultraderecha.

Hace tres años, Grecia era una Odisea. La frialdad de los grandes números contrastaban con la realidad de la vida cotidiana donde trescientas cincuenta mil familias sacaban las velas en casa.

Desde hace unos meses, la misma plaza donde nació el OXI, vuelve a estar llena de reivindicaciones. Esta vez con el fin de defender Grecia ante el nombre de Macedonia, mientras el mismo número de familias siguen encendiendo las mismas velas.

Grecia es el mejor ejemplo de que la crisis puede desencadenar en la sociedad dos respuestas diferentes: culpar a la Troika o culpar al inmigrante y, desde los despachos de muchas capitales europeas se ha gestado este cambio de pensamiento que a penas ha llevado unos años de trabajo.

En 2015, más de seis millones de griegos de los diez que habitan en el país, votaron en referéndum si debería ser aceptado el plan de acuerdo de rescate presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional  en el Eurogrupo. Ganó el OXI por una mayoría aplastante en todos los municipios.

Aquel día, Grecia dió una lección de soberanía y democracia a pesar de que después, nunca se haya tenido en cuenta el resultado de dicha votación. Fue la consecuencia de la decepción que supuso Tsipras, acompañada de la una presión constante y sistematizada de Alemania y otros países acreedores que en su día impusieron la austeridad a la tierra de Sócrates.

Cómo olvidarlo. Tras rechazar la oferta de Milos, Tucídides, que quería ser amigo de todos y enemigo de nadie y sin embargo, acabó colonizando la isla y esclavizando a sus habitantes, señaló que “los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuánto deben”.

La presión alemana era bastante arriesgada en un país donde Amanecer Dorado es tercera fuerza política. Durante estos tres años, los neonazis se hicieron cada vez más fuertes aprovechando el auge del euroescepticismo.

Sin embargo, durante estos meses, las protestas nacionalistas agrupan a neonazis, a comunistas y símbolos de la cultura griega como el compositor Mikis Theodorakis, un símbolo de la izquierda griega, que compartió la plataforma de la manifestación de Atenas dominada por los hablantes de la derecha ultranacionalista.

Las protestas nacionalistas no solo se quedaron en Syntagma, sino que se extendieron de la capital a la segunda ciudad griega, Salónica, donde miles de personas reclamaron hace unas semanas que la única Macedonia que existe es la griega.

La cuestión Macedonia, el lugar de nacimiento de Alejandro Magno, es un área de importancia histórica, pero también es el nombre de la República de Macedonia y de una región en Bulgaria. La disputa, que hoy une a diferentes frentes políticos contra un enemigo, nació tras la ruptura de Yugoslavia, después de haber sido en la historia un campo de batalla en las guerras balcánicas y en la caída del Imperio Otomano.

En 1992 se celebraron mítines masivos en las dos grandes ciudades del país para apoyar lo mismo que por lo que siguen luchando ahora, que Grecia tenga el derecho a usar el nombre de Macedonia sin tener un competidor por el mismo. La derecha nacionalista, la Iglesia y grupos de extrema derecha tuvieron un papel destacado que al que hoy se le suman cientos de partidarios de otros partidos.

Aquellas manifestaciones fueron la consecuencia del temblor que suponía en el suroeste de Europa el descarrilamiento de Yugoslavia y hoy, son la respuesta a un descontento generalizado con la Troika a pesar de que la lucha se focalice mirando al vecino del norte. Atenas se ha visto fuerte ante Skopje a pesar de que sus enemigos estén en Berlín y Bruselas.

Hoy, Macedonia, FYROM o la Antigua República Yusgoslavia de Macedonia decide como finalmente cual va a ser su nombre. El referéndum es un paso más para desenvenenar las relaciones con Grecia, aunque un “Si” o un “No” no se conviertan tan fácilmente en una decisión definitiva ya que tiene caracter consultivo y tiene que pasar una ratificación del Parlamento y griega.

El nacionalismo no es un cuestión banal en nuestros días. Reino Unido, España, zonas del norte de Italia son otros ejemplos de cómo el sentimiento patriótico tanto regional como estatal está ocupando todas las páginas en la agenda política. La triste respuesta a una crisis económica y social que construye una vez más el relato de “los otros” y allana el camino de fuerzas autoritarias y reaccionarias.