Que vienen los rojos

Recemos un Credo y una Salve por España. Oremos juntas por un país que dormitaba feliz entre el barro y que ahora grita, atemorizado, porque en un deplorable uso de la democracia que tanto había costado enterrar en las profundas fauces del capitalismo, algún loco ha osado sacarlo del plácido sueño. Unamos ríos de fe —etérea, pero tan narcótica— y bañemos con ella todo este ridículo ambiente de libertad. Fundamos plegarias que, de un soplo de esta anestesia nuestra, acallaremos esas voces irreverentes de quienes, irresponsables, celebran que un usurpador —muy guapo, por otra parte— se haya hecho con el lugar que los españoles le confiaron hace ya seis años a un presidente inigualable —y de eso no hay duda, dicho sea de paso—.

Los españoles, sí. Que todo el mundo sabe que a la izquierda de los de siempre no hay más que odio hacia la Patria, sed separatista y votos que valen menos, porque de nada sirven diseminados en demasiados —y utópicos— programas políticos. Enemigos de España, vaya. Y es por eso que, de forma totalmente excepcional, las que confiamos en la inercia política como motor de sistemas poco molestos y que, normalmente, abogamos por cerrar las urnas a cal y canto durante cuatro años, hoy, mañana y hasta que la corrupción vuelva a aposentarse en nuestra Cámara Baja, aclamamos al cielo elecciones de emergencia. Por el orden. Por la Nación. Por la paz.

Y al que se atreva a citar la Constitución no le tomaremos en serio. Que a nosotras se nos llenó la boca con tanto 155 y no nos queda aire en los pulmones para aclamar las líneas escritas varios artículos atrás. Y punto. Dicen por ahí, incluso, que algún partido político —de esos sin pies ni cabeza— consultaron a sus, ya no votantes, sino simpatizantes —y hasta algún infiltrado que otro— su opinión acerca de este acto deleznable de limpieza institucional. ¿Pero a dónde vamos a llegar? ¿Es que permitiremos que nuestros políticos se enorgullezcan de ser honrados?

De verdad. Es urgente. Antes de que sea demasiado tarde. Recemos un Credo y una Salve por España. Que vienen los rojos.