Hermana, estamos contigo

Desde las 13:00 del pasado jueves estoy (estamos, todas) nerviosas, furiosas, rabiosas. Pasada esta hora daba comienzo la lectura de la sentencia por el caso de la violación múltiple de la manada. Todas estábamos atentas, nos jugábamos, las mujeres en general, mucho con esta sentencia. Nos jugábamos nuestra libertad para andar solas y borrachas de noche por las calles sin miedo, nos jugábamos la credibilidad de todas.

Todas sabemos lo que pasó después, 9 años de condena por un delito de abuso sexual y no de agresión, absueltos de delitos contra la intimidad a pesar de que difundieron los distintos vídeos que grabaron aquella noche en la que violaron a una hermana en un portal.

Según la justicia patriarcal, no fue agresión porque no consideran que hubiera ni violencia ni intimidación. Todas nos preguntamos qué está pasando, ¿a caso tiene la intimidación que ser verbal para que los jueces puedan reconocerla? ¿no es suficiente intimidación acorralar entre cinco hombres a una chica en una ciudad que no conoce para entrar con ella a un portal y hacerle de todo? No quiero repetir aquí las múltiplas violaciones que sufrió está chica porque creo que ya lo hemos dicho bastante. Me interesa más reflexionar sobre qué llevo a esos jueces a pensar que no hubo intimidación.

Mención a parte merece ese juez, hijo sano del patriarcado, que se ha atrevido en su voto particular a negar la versión de la victima, a resaltar que no la cree, que el único motivo de la denuncia es impedir que los vídeos salgan a la luz, esos vídeos en los que el afirma que lo único que ve en la expresión de la chica es “placer sexual”.

Este señor es uno de esos hombres que piensan que las mujeres somos todas unas víboras, de los que siguen pensando que mordimos la manzana y condenamos a los hombres a ser expulsados del paraíso. Para ellos, las mujeres somos una suerte de “busconas” que sólo queremos arruinar la vida de los hombres para quedarnos con su dinero. También es de esos que piensa que somos unas viciosas sexuales y que nos aprovechamos del sexo para denunciar a los hombres. Lo realmente peligroso es, para nuestra desgracia, que este tipo de hombres están en los juzgados, en los colegios, en los hospitales y en las comisarías pero también están en nuestras casas, son nuestros amigos y familiares. Estamos rodeadas.

Estos hombres son la prueba viviente de que la cultura de la violación existe y no es una invención de las feministas. Algo que las feministas, por supuesto, ya sabíamos pero que, en casos con gran impacto mediático como este, se lo demuestran a todo el mundo. Virginie Despentes en su Teoría King Kong dice lo siguiente sobre la violación:

“La violación es un programa político preciso: esqueleto del capitalismo, es la representación cruda y directa del ejercicio del poder. Designa un dominante y organiza las leyes del juego para permitirle ejercer su poder sin restricción alguna.  Robar, arrancar, engañar, imponer, que su voluntad se ejerza sin obstáculos y que goce de su brutalidad, sin que su contrincante pueda manifestar resistencia. Correrse de placer al anular al otro, al exterminar su palabra, su voluntad, su integridad. La violación es la guerra civil, la organización política a través de la cual un sexo le declara al otro: yo tomo todos los derechos sobre ti, te fuerzo a sentirte inferior, culpable y degradada”.

En base a esto, ¿qué reacción esperaban de esta chica? ¿A caso no ven que nos han educado para que sirva la sola presencia de un hombre como intimidación? Súmale cuatro hombres más, tu estado de embriaguez y el estar sola en una ciudad que no conoces.

Ese juez que no cree a la víctima también se ha atrevido a decir que como la muchacha rehizo su vida y siguió con ella con normalidad tanto no le habría afectado. Este hombre demuestra que se espera de las mujeres violadas una vida miserable, con temor al sexo, a salir solas y de noche. Se espera que nos autoflagelemos porque nos han violado y eso, amigas, es lo peor que le pueden hacer a una mujer. Me veo obligada a tener que citar de nuevo a Despente ya que ha escrito lo que considero el tratado sobre la violación que todos, hombres y mujeres, deberíamos leer:

“Evité escrupolosamente contar mi historia porque no sabía cuál sería el juicio de antemano: “ah. así que has seguido haciendo dedo; si eso no ha bastado, es que te debió gustar”. Porque en la violación siempre es necesario probar que no estábamos realmente de acuerdo. La culpabilidad está sometida a una atracción moral no enunciada, que hace que todo recaiga siempre del lado de aquella a la que se la meten más que del lado del que la mete”.

La violación es por tanto un elemento de control de las mujeres, “cuidado mujeres que si salís a nuestro mundo, esto es a lo que os exponéis y lo haremos para volver a encerraros en vuestras casas”, esto es lo que se nos está queriendo decir a las mujeres con esta sentencia que, si salimos a la calle de noche y borrachas, esto es a lo que nos exponemos y que, si todavía tenemos la decencia de recuperarnos y llevar una vida normal, nadie nos creerá y seremos juzgadas por ello. El sistema patriarcal está intentando volvernos a recluir, que busquemos a un hombre que nos cuide y proteja de sus iguales.

La violación, queridas, es un arma de represión masiva, y, aún en países “democráticos” la justicia sigue sin tomársela muy en serio. Claro que qué podíamos esperar de una justicia que es patriarcal. Cuando estudié a las mujeres de la diferencia sexual italiana no tenía muy claro por qué no querían jurisprudencia sobre la violencia sexual o la violencia contra las mujeres. Ahora lo entiendo, esta chica ha tenido que defender su dignidad y la de todas las mujeres ante estructuras patriarcales y con leyes creadas por y para los hombres, tal y como estas mujeres dicen el en libro No creas tener derechos, las mujeres se ven “obligadas a entrar en una sala de juicios para defender la dignidad femenina”. Esto lo hacen ante un derecho que se presupone como neutro pero que es sexuado, masculino y patriarcal.

Lo único que podemos sacar de todo esto ha sido, de nuevo, la lucha de las mujeres. Horas después de la sentencia las calles de todo el país se llenaban de mujeres, y también de hombres. El movimiento feminista salió a gritar bien claro que “no es abuso, es violación”, que nosotras “sí te creemos”, que estamos hartas de “justicia patriarcal” y que, “tranquila, hermana, aquí está tu manada”. Y seguimos gritando en las calles y también en Twitter donde, a través de #cuentalo, millones de mujeres están contando los abusos y las violaciones que han (hemos) sufrido a lo largo de nuestra vida.

De verdad que espero que toda esta fuerza y esta rabia que sacamos a la calle el otro día le haya llegado a ella, a nuestra hermana, que se haya sentido arropada, querida, que sepa que no está sola, que ha sido ella pero podríamos, y por desgracia, seremos muchas más,las que suframos está violencia. Cuando estaba en Gran Vía gritando rodeada de mujeres me imaginé que quizás tú estuvieras allí, entre todas nosotras, gritando que aún te quedan fuerzas y que no vas a dejar que esto arruine tu vida, ese pensamiento me hizo sonreír, y aunque no estuvieras allí, espero que toda esta sororidad te llegase, porque hermana, el miedo va a cambiar de bando.