Las huelgas que hemos ganado

Las huelgas sí triunfan aunque sus éxitos no ocupan grandes titulares. Sí triunfan porque aunque puedan parecer irrelevantes, dejan entrever que sin la clase trabajadora los grandes héroes del mercado no son nadie.

A través de la lucha se han conseguido derechos fundamentales y laborales y su visibilidad ha molestado a la patronal y gobernantes al poner en entredicho sus palabras, que aseguran la estabilidad, la democracia y el buenhacer de sus políticas.

Las huelgas han servido para subir el sueldo,  reducir la jornada, conseguir el pago de horas extras, firmar nuevos convenios o simplemente, para mantener el puesto de trabajo.

Amazon en lucha

Hace dos semanas que incluí en mis lista de deseos de Amazon, el gran comercio electrónico, dos libros: La demonización de la clase obrera de Owen Jones y La clase obrera no va al paraíso de El Nega y Arantxa Tirado Sánchez. Después se anunció una huelga del 75% de la plantilla que reclamaba mejores condiciones laborales.

El 21 y 22 de marzo trabajadores y trabajadoras de la sede española de San Fernando de Henares hacían un parón de 48 horas. Dejaban de cargar, de empaquetar, de envolver y de enviar los productos que desde casa con un “click” comprabamos a toda velocidad. La huelga parecía una batalla del siglo XX, aquellas en las que se luchaba por los derechos sindicales. Hoy, la precariedad y la temporalidad en nuestros trabajos a parte de no ofrecernos una vida digna, son una señal del retroceso de nuestros derechos.

Amazon es la segunda compañía más valiosa del mundo y pertenece al multimillonario Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo desde 2017, según la revista Forbes. Con una fortuna valorada en más de 100.000 millones de euros, el estadounidense también es dueño del Washington Post (¡Ojo!)  y la compañía aeroespacial Blue Origin. En una entrevista realizada en 2014, Bezos afirmaba que pasar tiempo con su familia era “calidad de vida” por lo que jamás programa una reunión por la mañana, momento en el que decide dedicar su tiempo a las actividades con su mujer y sus hijos.

Bezos fue Amancio Ortega pero a la versión estadounidense. Si Adam Smith siguiese vivo se referiría a él como descendiente de una familia humilde que empezó a trabajar en el garaje de su casa, aunque no tuviese en cuenta quién le ponía  el plato encima de la mesa después de esas horas de lucha mental debajo de su casa. Bezos no olvida sus orígenes y por eso a pesar de ser un jefe duro, destina parte de su fortuna a organizaciones como la defensa del matrimonio igualitario o donaciones contra el cáncer (que está muy bien, no digo que no).

En paralelo a la vida del magnate, sus trabajadores viven con los ánimos por los suelos. No suelen pedirse las mañanas, tiempo en el que muchos deciden dedicar su tiempo a las actividades con su pareja y sus hijos, y si sufren dolores musculares pueden pensar que son afortunados porque su contrato está durando más de una semana.

El trabajo en la sede española de Amazon, como en otras sedes del mundo, tiene consecuencias físicas y psicológicas, ya que la temporalidad de renovar cada semana solo te permite estar en tensión las veinticuatro horas al día y los siete días de la semana.

Marc Blanes, delegado de CGT en el comité de empresa de MAD4 (nombre del almacén de Amazon en San Fernando de Henares), señala en El Salto que “todos los procesos en Amazon están sometidos a una continua evaluación, medición y optimización para lograr la mayor productividad posible, ahorrando movimientos innecesarios que afecten a la ‘producción’ individual y total”.

El parón supuso que sin los trabajadores y trabajadoras que se encargan de cargar, de empaquetar,  de envolver y de enviar los productos, Jeff Bezos no se podía pedir las mañanas y que los beneficios de las multinacionales no pueden generarse a costa de la precariedad laboral.

Las feministas

El 8 de marzo, la huelga feminista aglutinó a seis millones de mujeres en España. Aquel día, muchos maridos, hermanos y primos cambiaron su rutina y quizá, muchos valoraron el trabajo de los hogares que por motivos sistemáticos y estructurales son asignados a las mujeres de manera natural.

Hace unas semanas, volvimos a sentir el valor de quienes comenzaron a dejar de ser invisibles peleando por su independencia. Y recordamos, igual que recuerda Nuria Varela en su libro “Cansadas” a las rebeldes cigarreras de Sevilla con sus reivindicaciones obreras, ferozmente reprimidas, a las célebres cargadoras de Bilbao, a las tejedoras de Cataluña, a las mariscadoras y conserveras gallegas, a las costureras y sirvientas del viejo Madrid. A las mujeres asesinadas en Casas Viejas durante una huelga imposible. A las asturianas, que se sumaron a la revolución.  Una batalla que hoy representan las kellys, las dependientas de Berskha o las espartanas de Coca- Cola.

La lucha en los puertos

Hace poco menos de un año, comenzó la lucha de las estibadoras y estibadores por llegar a un acuerdo con la patronal para mantener la subrogación de trabajadores y trabajadoras portuarios –mantener sus puestos de trabajo pese al cambio en el régimen legal-. Las convocatoria de una serie de parones provocó que se llegase a un acuerdo al ver que las que previamente se cumplieron dejaron una pérdida de 150 millones de euros.

Sin embargo, su lucha continúa porque todavía no se ha dado a conocer el desarrollo del Reglamento que permitirá aplicar el Real Decreto Ley de reforma del sector de la estiba.

Sin menospreciar la lucha de los compañeros, las estibadoras se enfrentaron a una batalla doble para conseguir unas condiciones dignas de trabajo. Ellas suponen el el 5% de la estiba en España porque su trabajo, al ser físico, está masculinizado. Son minoría pero trabajan en las mismas condiciones en los puertos españoles a los que se les permite entrar. 

La marcha negra

En 2012, miles de mineros partieron de diferentes partes de España en la “Marcha Negra” hasta la Puerta del Sol en Madrid. El resultado fue el acuerdo “Marco de Actuación para la minería y el carbón 2013-2018” firmado por los grandes sindicatos, CCOO – UGT y con el consentimiento del PSOE y PP. Dicho acuerdo planteaba que se consumiría carbón autóctono y ponía sobre la mesa el compromiso de cerrar todas las minas en el año 2018.

La Huelgona consiguió movilizar a medio Gobierno durante unos años. Lo que  vino después fue la fatídica gestión de los Fondo Miner destinados a proyectos de inversión empresarial para reactivar las cuencas y cuya inversión se  destinó a empresas fantasma, polígonos y museos vacíos.

Los mineros y sin olvidar a las pocas mineras que fueron incorporándose en estos últimos años de vida del sector y que son icono de la lucha obrera, habían realizado su trabajo. La irresponsabilidad de nuestros políticos fue la que impidió realizar una transición energética justa que hoy convierte de nuevo a los obreros en rehenes y pone de encima de la mesa una nueva lucha para conservar nuestros pueblos.