Las vírgenes suicidas que nunca morirán

En 1993 Jefrrey Eugenides publicaba su primera novela, Las vírgenes suicidas, llevada al cine en 1999 por Sofia Coppola en una de las mejores adaptaciones literarias que he visto en la gran pantalla. La trama de esta conocida historia es el suicidio de las cinco hermanas Lisbon. Eugenides se adentraba en el mundo editorial con una historia que hoy, 25 años después, sigue sin dejar indiferente a nadie y que continúa reeditándose año tras año en nuestro país con la editorial Anagrama.

Cecilia, Lux, Bonnie, Mary y Therese, las chicas Lisbon, las adolescentes de entre 13 y 17 años que se quitaron la vida en poco más de un año y medio. Comenzó Cecilia, la pequeña, quien lo intentó cortándose las venas en la bañera para conseguirlo posteriormente saltando desde su ventana y cayendo sobre la verja del jardín de la casa familiar. Las otras cuatro hermanas lo hicieron justo un año después del primer intento de Cecilia, Lux se encerró en el garaje con el motor del coche encendido, Bonnie se ahorcó, Mary metió la cabeza en el horno y Therese se atiborró a somníferos.

Cecilia Lisbon – Fotograma de la película de Sofia Coppola.

Detrás de esta aparente macabra historia, el escritor norteamericano de ascendencia griega, hace una crítica tanto al capitalismo como al catolicismo imperante en la sociedad norteamericana de la época. Sin embargo, no llega a dilucidar una razón para el suicidio, lo trata como un fenómeno inexplicable. A lo largo de la novela podemos observar como Eugenides trae sus raíces griegas para criticar el sistema capitalista norteamericano a través de los vecinos helenos de la familia Lisbon:

“Nosotros los griegos somos gente taciturna. Para nosotros el suicidio tiene sentido. Pero poner luces de Navidad después de que tu hija se ha suicidado, eso si que no tiene sentido. Lo que mi gia gia (abuela en griego) no llegó a entender jamás de este país es por qué la gente se empeña en ser constantemente feliz”.

Las chicas Lisbon – Fotograma de la película de Sofia Coppola.

Con esta cita Eugenides critica la actitud de superación del capitalismo, ese sentimiento de que puedes conseguirlo todo y, por ende, debes superar el suicidio de tu hija menor y seguir con tu vida como si nada. De hecho, quizás este sea uno de los puntos más impactantes de la novela: cómo las cuatro hermanas continúan con sus vidas en una aparente felicidad, como si su hermana no hubiera saltado desde la ventana. Algo que obviamente se puede ver que sí les ha afectado cuando las cuatro deciden suicidarse a la vez. Esta manera de ocultar la tristeza es algo muy propio de nuestros días y hace ya 25 años que Eugenides le echaba la culpa de este escudo contra la tristeza al capitalismo:

“El capitalismo ha tenido como resultado un bienestar material, pero también una bancarrota espiritual”.

En la obra se puede observar también el catolicismo que profesa la familia Lisbon, sobre todo la madre, quien se ha encargado de inculcar, o de intentarlo, esta fe en sus hijas. De hecho, cuando Cecilia Lisbon se corta las venas en la bañera lleva consigo una estampa de la Virgen María. Estas niñas, criadas en un entorno católico asfixiante, se sienten vigiladas, controladas, observadas con lupa por una madre cuyo mayor miedo es que sus hijas pierdan la virginidad. Tras el incidente del baile de graduación, la señora Lisbon decide encerrar a sus cuatro hijas en casa. Sin embargo, la rebelión y la adolescencia van de la mano:

“Unas semanas después de que la señora Lisbon cerrase la casa y le impusiera un aislamiento total, la gente comenzó a ver a Lux haciendo el amor en el tejado”.

Lux Lisbon – Fotograma de la película de Sofia Coppola.

Sin duda, lo fascinante de esta novela no es la crítica oculta (que también), ni la calidad literaria (que también) sino el hecho de como Eugenides logra contar esta historia desde la voz de los vecinos y compañeros de clase de las Lisbon y aún así, logra retratar a las mujeres con un realismo casi imposible para alguien que, como bien dice Cecilia “nunca ha sido una niña de trece años”. Eugenides consigue a través de esta novela la empatía de los chicos adolescentes con “la cárcel que era ser una chica”. Y es que, como bien dijo Luna Miguel en un artículo en Playground, Eugenides es “el único escritor capaz de narrar a las mujeres”.

Eugenides marcó con sus vírgenes suicidas una época y creó una corriente temática que sigue influyendo a novelistas actuales. Laura Fernández afirmaba en un artículo en El País, que “es muy probable que jamás hubiera existido Emma Cline, la Emma Cline escritora de Las Chicas, si antes no hubieran existido las chicas Lisbon”. Es innegable el hilo invisible que conecta estas dos obras maestras en la que el centro de atención se encuentra en los sentimientos de las chicas.

Cuenta la leyenda que Sofia Coppola no se había planteado hacer una película hasta que leyó Las vírgenes suicidas y menos mal que las leyó.