Romaníes rompiendo estereotipos, mi experiencia en Serbia

Por Beatriz Casares

“Los gitanos no estudian”, “¿Tú has visto algún gitano en la universidad?”, “No quieren cambiar de vida”, “Solo recogen latas por dinero”. He escuchado y leído estos argumentos muchas veces, en distintos países y de muchas bocas, que solo hacen generalizar y perpetuar los estereotipos marcados por la sociedad.

Soy una persona que ha tenido tantos privilegios que no tengo forma de contarlos. Pero uno de los más grandes es que las mejores historias que mi madre me contaba cuando era pequeña, las había vivido con gitanos, así que crecí con una idea muy positiva sobre los pertenecientes a esta etnia.

Me he pasado años negándome a creer muchas de las cosas que la sociedad me grita, entre ellas las frases que encabezan estas líneas. En mi facultad había un chico gitano muy sonriente pero más allá de esas buenas vibraciones, nunca había tenido una experiencia personal que pudiera dar de ejemplo para contradecir a todas esas voces. Y, yo ardía por dentro de rabia. Pero a veces la vida es muy generosa, y lo es tanto, que tengo que compartirlo.

He pasado cinco días con diez jóvenes romaníes, que fueron deportados a Serbia tras haber emigrado a Alemania.  Todos, entre 17 y 23 años. Muchos no han acabado el instituto pero ya han librado batallas que me cuesta imaginar y han venido a darme una bofetada de realidad por si se me había ocurrido rendirme justo ahora, en mi lucha por seguir rompiendo los estereotipos.
Jóvenes que han analizado desde la importancia del acceso a la educación para poder dejar de ser considerados de manera despectiva hasta el efecto positivo que tendría un centro para romaníes y serbios fomentando actividades musicales y deportivas. Jóvenes que reconocían que muchos padres no valoran el estar alfabetizados por el hecho de que nunca han tenido esa oportunidad.
Son jóvenes que se sienten orgullosos de su etnia sin rechazar lo distinto,y que no entienden que se les discrimine por ello. Jóvenes que rompen lo que la sociedad se empeña en creer. Jóvenes que dicen que a todas nos gustaría sentirnos integradas, y que no tenemos que renunciar a quienes somos. Jóvenes que quieren normalizar su presencia en el sistema educativo y en las universidades. Jóvenes que han decidido enfrentarse al no que la sociedad se empeña en imponerles. Jóvenes como todos los demás.
Algunos datos proporcionados por la Fundación Secretariado Gitano que reflejan la brecha que existe con la población gitana:
  • 6 de cada 10 personas gitanas mayores de 16 años son analfabetas. Tan sólo un 10% logra completar estudios secundarios o superiores.
  • La población gitana presenta una tasa de actividad superior al conjunto de la población, 68,9% frente al 60,1% del conjunto de la población, entre otras razones, por la temprana incorporación al mercado de trabajo.
  • El 38,5% de las personas gitanas ocupadas son asalariadas, mientras que en el conjunto de la población es del 83,6%. Esta enorme diferencia es uno de los rasgos distintivos del empleo en la población gitana, ya que el empleo asalariado presupone una parte importante de protección social y derechos laborales.
  • Entre la población gitana ocupada, el 26% “colabora en la actividad económica familiar” frente al 0,8% del conjunto de la población.
  • El desempleo afecta más a la población gitana que al conjunto de la población, con una tasa de 36,4% frente al 20,9% respectivamente.
  • De todas las personas gitanas desempleadas, un 14,2% tienen entre 16 a 19 años, triplicando la proporción de la población en su conjunto en ese grupo de edad (4,5%)
  • 6 de cada 10 gitanos en paro, se encontraban en la misma situación hace un año. Y más de un 22% han perdido el empleo en el último año.
 La inclusión de la población gitana en Europa es una asignatura pendiente. Es la minoría étnica más numerosa y una de las más antiguas, pero siguen estando marcados por una fuerte discriminación, rechazo social y una situación de exclusión generalizada.
El difícil acceso a la educación y unida a los prejuicios sociales provoca que las tasas de desempleo sean mucho mayores para los romaníes.   En determinadas zonas de países como Hungría, Eslovaquia o Rumania, donde hay una alta concentración de población gitana, los gitanos tienen tasas de desempleo que alcanzan el 90% de la población y además no desarrollan otro tipo de actividades que contribuya a su subsistencia.
La vivienda es probablemente uno de los problemas más acuciantes de estas poblaciones. Una buena parte vive en guetos y asentamientos segregados, en los que a veces ni siquiera llega el agua en otras ocasiones, habitan en zonas urbanas pero en bloques donde viven únicamente familias gitanas y, por lo general, en condiciones pésimas de salubridad.
La Comisión Europea publicó su informe anual de seguimiento sobre la implementación de las Estrategias Nacionales de Inclusión de la Población Gitana en el que insiste en la necesidad de hacer un esfuerzo por avanzar en la inclusión socio-económica de la población gitana. Las consecuencias de la crisis actual en los presupuestos son muchas veces una excusa para justificar las escasas inversiones en programas y acciones encaminadas a mejorar las condiciones de vida de los diez millones de personas gitanas de Europa. Al mismo tiempo, a finales de 2013 se aprueban los Reglamentos de los Fondos Estructurales y de Inversión 2014-2020, un instrumento financiero clave que tiene un fuerte componente social y que claramente puede contribuir a esas inversiones sociales tan necesarias.
A pesar de estudios, investigaciones e inversiones sobre la mesa, la población gitana sigue sufriendo una fuerte discriminación social por los arraigados prejuicios y estereotipos que se tiene hacia ella.