Las 5 lecturas de La Línea de Fuego – 5 al 11 de febrero –

Portavozas, Trump, inmigración, los juegos de invierno, el ahorrar de Mariano Rajoy, Corea del Norte llama a Corea de Sur, entre otras noticias, han ocupado titulares estos días.

Como cada semana,  desde la pasada, os dejamos los cinco artículos de otros medios que más gustaron en La Línea de Fuego:

Olympics Cold War. Atlantic 

Un breve relato sobre como cambiaron los juegos de invierno. Los juegos de hoy tratan menos de la lucha geopolítica y más sobre las historias hechas para televisión que llegan a visibilizar a países pequeños y grupos femeninos por igual.

¡Hola España y Españo!, Ctxt

Cuando Clara Campoamor luchó por los derechos de la mujer era diputado, porque no se podía decir diputada. Beatriz Gimeno apunta en este artículo cómo el lenguaje tiene que ir cambiando por la sociedad que lo usa y dejar de ser más allá de unas reglas gramaticales.

El terror en el nombre de Dios, Revista 5W

¿De dónde salen? ¿Qué les hemos hecho? ¿Por qué nos odian? Occidente se lo pregunta una y otra vez. Pakistán puso el capital humano: decenas de miles de refugiados llegados a sus fronteras dispuestos a recuperar “sus casas y sus mezquitas”, como lo definió Brzezinski. Arabia Saudí puso los petrodólares y la ideología wahabí que rige en el reino desde su creación, en 1932. Estados Unidos puso las armas y les dio la legitimidad, hasta el punto de que los ahora malvados islamistas eran, en la prensa de la época, los “luchadores por la libertad”.

Una historia de maricones, cárceles y lucha contra el sexismo en los EE UU de los 70

Un reportaje sobre las cárceles de “maricones macarras”.  El Salto recoge la historia de Ed Mead, retratada en el libro Fuego Queer (Editorial Imperdible, 2016), es una historia de anarquismo, antirracismo y acción directa. Pero, sobre todo, es una historia de la lucha por los derechos de las personas presas y contra el sexismo y las agresiones sexuales dentro de las prisiones.

Richard Trump frente a Donal Rixon, Infolibre

Al poder le encanta la alabanza; odia la critica. Como a Donald Trum y Richard Nixon, según Ramón Lobo. Y, no le falta razón.