Operación Triunfo y la izquierda española

Vemos Operación Triunfo y no somos neoliberales. Nuestros gustos pueden ser contradictorios con lo que somos o con lo que los estereotipos marcan que deberíamos ser.  Si eso fuese así, probablemente estaría discutiendo sobre las reflexiones de Gramsci sobre la diálectica entre cultura popular e ideología dominante en distintos momentos históricos-políticos, en los que una “cirsis de autoridad” de las clases dominantes permite que las masas puedan resignificar aspectos cultarales que le fueron impuestos,  o discutiendo por Twitter si mis críticas son más “adornianas” o parecen más “benjaminianas”.

A raíz del éxito del showbussines Operación Triunfo, renace una profunda y vieja lectura política.  Nos preguntamos: ¿qué presupuestos ideológicos difunde una “cultura de masas”?.  La izquierda actual no ha sabido responder a la pregunta y ha allanado el terreno a los liberales que hegemónicamaente ocupan el terreno. Solo nos hemos abierto paso entre las particulares y alternativas culturales.

La izquierda está perdiendo la batalla por la cultura al evitar meter su debate político en escenarios adaptados hegemónicamente por el neoliberalismo,  sin darse cuenta que gran parte de las clases populares a las que están intentando convencer están ahí. Hace tiempo que se discute más en Twitter que en las sobremesas en casa de la abuela después del Telediario de la 1.

Los críticos de Operación Triunfo son elitistas y románticos. Elitistas porque sorprenden a su interlocutor con su superioridad moral acerca de la relectura de Gramsci y románticos porque siguen soñando que al no alimentar este tipo de TV shows podrán derrotar al capitalismo, un error clásico de considerar que todos los productos de masas culturales son homogéneos.

Qué nos puede ofrecer esta nueva edición de OT

Un reality creado a priori para la atomización y el individualismo más agresivo basado en la expulsión cada semana de una compañera, ha girado, gracias a los concursantes, a mostrar valores como la, solidaridad y diversidad, que se cuelan por los televisores de las casas cada lunes. 

Las conversaciones poco habituales que se están dando ahora mismo en prime time, pueden llegar a politizar a los jóvenes que no lo están, empezar a discrepar con el sistema e incluso lograr a confrontarlo. Así como la aparición de la imprenta amplió las posibilidades de expansión de la cultura, los nuevos medios podrían cumplir un rol similar e incluso politizarlos. Y, es por eso que vemos a Amaia tocándose el chocho y las tetas cantando por Rihanna en un horario de máxima audiencia en la cadena pública y se habla de feminismo, transexualidad y homofobia abiertamente cuando para algunos sectores de la sociedad todavía es tabú.

No sólo eso. Como decía el Nega, “mientras duren los focos y los gritos del público y el jurado sentencie que eres bueno o una mierda, el próximo fin de semana las carreteras se llenarán de músicos amateurs con coches llenos de amplificadores hasta los topes y furgonetas echas polvo por las que asoman las guitarras”.

Mientras, desde la izquierda seguimos viendo los toros desde la barrera y nos limitamos a aprovechar las perchas que nos ofrecen canciones de Victor Jara o Ismael Serrano para justificar ideológicamente que si, vemos Operación Triunfo.