La nostalgia y los tiempos grises

“Tiempo contado, pronto pasa”. Fue lo último que me dijo mi abuelo antes de que yo volviese a irme. Él no sabía que yo me había puesto a contar sin saber cuando y a mirar por el retrovisor sin saber bien el cómo. 

El tiempo pasa deprisa y con él, la vida cambia muy rápido. La nostalgia llama a mi puerta cada vez que mis historias comienzan con “hace un año”. La nostalgia llega antes y viene vestida de grises.

“Hace un año” hablaba de tiempos, los que no había dejado madurar, “hace cuatro meses” hablaba de grises, aquellos que yo no había decidido pintar y “hace dos días” hablaba de nostalgia, aquella que a mi no me dejaba avanzar.

Los recuerdos se han convertido en un billete de avión. No me marean al despegar, ni tampoco me causan náuses al aterrizar, pero una vez sentada en la ventanilla no puedo parar de llorar.

Rompo a llorar por la perspectiva. Desde allí, lo veo todo desde arriba y aunque no me entra el vértigo, me hace pensar cuánto tiempo hace que llevo llorando en las alturas.

Desde las nubes no permito que juzguen mis sentimientos y tampoco doy pie a no reconocer los errores de uno mismo, y esto es realmente dificil para quien ha permitido y escuchado todo.

En fin, nunca me había querido tan bien, pero nunca antes te había echado tanto de menos. Y esto lo digo desde las alturas.