She believed she could so she did

Quedan apenas tres semanas para que Operación Triunfo 2017 llegue a su fin. Mañana lunes se decidirá quién es el quinto finalista, puesto al que optan los dos canarios de esta edición: Ana Guerra defenderá Havana de Camila Cabello y Agoney hará lo propio con Where have you been de Rihanna. De momento a esta final han llegado ya Amaia, con un pleno de dieces, Aitana (la 4ª finalista y elegida por los profesores), Miriam y Alfred. Lejos de comentar la vorágine de las galas y de los directos (que se vive de manera frenética en Twitter, Whatsapp y Telegram), hay algo sobre lo que llevo queriendo escribir unas semanas y que en muchas ocasiones se pasa por alto, incluso se critica. Y son los valores y las virtudes que las concursantes sacan a relucir a diario.

En la Academia cada vez son menos, y los amigos se van marchando. La presión del concurso es mayor: más temas a preparar entre los no nominados, más retos… Pero eso no implica que dejen de apoyarse entre ellos. Amaia es una de las que más palabras de ánimo y alivio reparte para sus compañeros, y no duda en ofrecer un abrazo o una charla si lo necesitan. Lo hemos visto en varias ocasiones, recientemente cuando nominaron a Ana Guerra con Roi, o a Aitana cuando Cepeda fue expulsado. En redes sociales todo el mundo la adora no sólo por su don para la música, si no por este compañerismo tan sano que lleva por bandera.

Miriam, Ana Guerra y Amaia durante País tropical en la Gala 11.

El caso de Miriam, sin embargo, dista bastante del de Amaia. Ha sido una persona a la que se le ha criticado duramente en redes (sin fundamento) por ser estricta, y se la tenía por una persona fría y que le pone distancia a todo, cuando ha demostrado todo lo contrario durante su paso por la academia. Una concursante que no estaba entre los favoritos pero que derrocha talento y sobre todo, voz. Una persona a la que hemos visto abrirse en las últimas semanas y que ha florecido, regalándonos actuaciones tan impresionantes como ese What about us de P!nk en la Gala 11 o el memorable Dramas y comedias de Fangoria en la Gala 9. Críticas absurdas a una concursante que desde la primera gala ha trabajado y se ha dejado literalmente la voz (lleva varias semanas afónica, y eso no le ha impedido hacer grandes números) en el concurso. Un esfuerzo que se vio recompensado con su pase directo a la final como la tercera clasificada. Casi no se lo podía creer cuando se lo dijeron. Y realmente es una plaza bien merecida para una persona que, a pesar de tener una voz privilegiada con unas cualidades nada desdeñables (su famoso vibrato, que cada vez ha logrado controlar más), no ha dejado nunca de currar y de pasar casi de puntillas por el foco principal del programa (hablando de los favoritos y los preferidos del público).

Y llegamos a la persona que quizás menos se cree que está donde está ahora mismo: Ana Guerra.

Una persona que sin una voz brillante o talentos naturales ha logrado hacerse un sitio en el concurso y en algunos de nuestros corazones. No tiene el oído privilegiado de Roi, ni la capacidad compositiva de Alfred, ni la soltura natural de Aitana, ni el don de los ángeles de Amaia, ni la potencia vocal de Miriam. Ana pica piedra. Y entre tanto carbón, encuentra la veta dorada, tal y como me lo explicó Lucía mientras hablábamos de este tema. Entró a la Academia con pánico escénico y nos ha regalado números en los que casi le faltaba escenario para bailar y cantar. Está donde está ahora mismo, a un paso de ser la quinta finalista, por su trabajo incansable semana tras semana.

Como todos sus compañeros, empezó con bastante mal pie en la Gala 0. Todo indicaba que se iba a ir de la academia más pronto que tarde -“estaba rodeada de gente con muchísimo talento y me sentía una del montón, y sabía que más pronto que tarde me iba a ir”-. Empezó a jugar sus cartas en Cuídate, pero en La Bikina apostó todo y empezamos a ver ese cambio de Ana Guerra a Ana War. En su trayectoria se pueden apreciar tantos contrastes de actuaciones como estilos le han dado; es una concursante que ha pasado de que los espectadores la obviasen a que ahora no sólo se detengan en ella, sino que desean verla actuar y superarse cada semana en directo. La única asignatura pendiente de Ana para hacer redondas sus actuaciones es dominar la afinación como domina ya el escenario, y con suerte y unos votos, clasificarse como quinta finalista.

Ana Guerra en la Gala 7, interpretando Lágrimas Negras. RTVE.

Y vuelve a estar nominada. Le han ofrecido un tema que a priori no casaba mucho con ella pero que durante esta semana se ha ido adaptando y metamorfoseando con él hasta hacerlo suyo. Una canción que conocía de oídas pero que jamás se había detenido a escuchar, ni se sabía la letra. Una apuesta muy arriesgada para una nominación y la búsqueda de un pase a la final. Otro reto más para una persona que no ha dejado de trabajar y luchar por ganarse su puesto en esa academia.

Ana Guerra representa el espíritu de Operación Triunfo a la perfección -no lo saca perfecto en las galas pero supera todos los retos (no me cansaré de repetir el tremendo esfuerzo que tuvo que hacer con Sax, con luxación de hombro que casi acaba en rotura, y de la que todavía arrastra sus consecuencias)-, y también, de alguna manera, el de España, como dice mi amiga Lucía. Ana es una persona que se mata a trabajar sus canciones semana a semana. Por comparar, es esa clase de personas que estudia unas oposiciones como una condenada y no saca plaza, pero queda en buen lugar entre los interinos y le llaman para trabajar todo el año. Una persona que entró rendida y acabada a la academia porque se veía rodeada de talento y ella no sabía en qué podía destacar. Y sin embargo, ahí ha estado, trabajando incansablemente semana tras semana para sacar lo mejor de ella y de las canciones que le dan. Está donde merece estar por la evolución tan increíble que ha tenido en el programa, algo que no le han dejado de decir profesores y compañeros, y también jurado. Ana Guerra es el valor del trabajo y del esfuerzo por encima de todas las cosas para lograr llegar a tus objetivos. Este es, posiblemente, su valor más representativo.

En ella también brilla el compañerismo y el apoyo: ayudó a Amaia a preparar Soñar contigo de Zenet dándole algunas pautas para la interpretación, incluso grabaron una versión a piano juntas. Se ha prestado siempre a ayudar con las coreografías y no ha dejado de apoyar a aquellos que tenían momentos malos dentro de la academia. Pero más allá de que Ana sea una buena persona, lo admirable de ella es su fuerza de trabajo, de sacar las ganas y el ánimo de donde no los encuentra ni los tiene para poder sacar su número adelante. Alguien que se veía fuera desde la Gala 0 ha llegado a semifinales, y quién sabe si a la final. Todo por trabajar a diario absolutamente todo, dejándose la piel y el sudor en cada ensayo con cada profesor.

Miriam interpreta Que te quería en la Gala 6. RTVE.

Antes ya de terminar, hay algo que siempre ha relucido en las chicas de la academia, y es una terrible falta de seguridad en ellas mismas, una autoexigencia y autocríticas muy duras, y una falta de confianza en sus capacidades bastante fea. Todas han dudado en más de una ocasión en su idoneidad para la canción, o en la validez de sus ideas para la interpretación. Todas, en algún momento, se han venido abajo por pensar que no iban a poder con su canción o que era demasiado. Siempre dudando, siempre pensando que lo podrían haber hecho muchísimo mejor. Y les ha costado mucho confiar en ellas mismas. A la mínima que Miriam o Ana han confiado un poco más en su trabajo (han sido a las que más han atacado por eso), por redes sociales se les ha acusado de ser vanidosas, altivas y orgullosas. Si estaban alicaídas por pensar que no llegaban, son lloricas, débiles y no deberían continuar allí porque ya saben que es un ambiente muy exigente -algo que les ha pasado a casi todas las chicas, si no a todas, y que se ha señalado en redes con saña-. Y ya sabemos también por dónde viene un poco esto, de ese machismo recalcitrante y tóxico que envuelve cada pliego de la sociedad, del patriarcado que todavía nos domina. Si una mujer se muestra segura de su trabajo, automáticamente es un ser despreciable y egocéntrico que se quiere demasiado como para asumir sus errores. Si por el contrario se muestra vencida ante las circunstancias, se le dice que es una blanda, que tiene que dejar de lloriquear y esforzarse más para lograr lo que quiere. Se haga lo que se haga nadie nunca estará contento. Y de alguna manera, estas chicas, incluso estando ajenas a lo que pasa en redes, han acabado cerrando bocas demostrando que al final sí que podían. Porque creyeron en ello, y en ellas mismas, y pasaron la prueba con nota.

Muy posiblemente esta es la razón por la que creo que Operación Triunfo, y en especial sus concursantes femeninas, tienen unos valores en los que nos deberíamos fijar todos un poco de vez en cuando. Ya no sólo a nivel de relaciones humanas, si no en cosas que deberíamos hacer más en nuestro día a día. También ha significado la creación de referentes para adolescentes y gente joven, que puedan ver en estas chicas espejos donde mirarse y ver que hay metas y sueños que se pueden cumplir por imposibles que parezcan. Porque esto también es representación. Que a día de hoy en la academia haya un porcentaje bastante mayor de chicas compitiendo que de chicos es un mensaje para todas esas niñas y adolescentes a las que les dijeron que abandonasen algo que les gustaba porque no iban a llegar a nada. Cinco mujeres de entre 18 y 23 años están enseñándoles a otras más pequeñas (y no tanto) que no dejen la música si es lo que les gusta. Que peleen por seguir tocando y cantando. Que sí se puede.

Creo que esta nueva edición de OT nos ha enseñado bastantes lecciones a muchos niveles (diversidad, integración, compañerismo), y puedo decir ya que nos ha dejado, a tres semanas de acabar, unos valores y unos concursantes que deberíamos cuidar como si fuesen oro en paño. Muy posiblemente no volvamos a ver una edición así jamás, así que queda en nuestras manos y en la memoria colectiva saber preservar todo lo que nos han legado.

Gracias a Lucía por su ayuda para perfilar este texto.