Cien maneras de romper con todo

Aquel otoño cambió todo. Vi como se rompía mi realidad en mil pedazos y yo no tenía herramientas suficientes para arreglar aquel destrozo o al menos, las que tenía no me servían.

Los políticos se refugiaban en el extranjero con banderas locales mientras los que se quedaban debatían con abrupta delicadeza como romper con todo.

Se rompían relaciones como rompían las hojas de los árboles al caer y durante semanas paseaba por la calle con la cara rota.

Sin embargo, mientras yo intentaba recoger todo aquel desastre roto, a mi alrededor el mundo comenzaba arriesgar o reculaba hacia decisiones seguras, pero no por ello menos acertadas.

En noviembre,  me escribieron antiguos amores intentando aprovechar la vajilla rota y que hasta el momento, para mi era sinónimo de “casa”.

Internet me rompió el corazón y comence a dudar de su uso  del comportamiento extraño que provoca en cada uno de nosotros.

Viajé para romper y para curar las heridas, leí para romper y despistar al tiempo y arriesgué para romper y volver a notar la adrenalina en mi cuerpo.

Me di el capricho de romper , me di espacio y aprendí.

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