La necesidad de aprender ‘El arte de romperlo todo’

Por Tatiana Arenas (@tatianaarenas_)

Los caminos de nuestra vida no son siempre divisados con claridad y, a menudo, se producen dudas, incertidumbres, dónde ir, dónde quedarnos. No tener claro el futuro puede convertirse en frustrante, sin embargo, pocas veces hacemos un alto en el camino para reflexionar sobre la otra cara, la positiva, la de no tener una vida decidida, premeditada o destinada a la la fuerza. Lo cierto es que, mientras nuestro futuro permanezca en blanco, tendremos el poder de escribirlo. Ese es el lado bueno, la libertad de poder elegir nuestros caminos cuando nuestra vida, por así decirlo, no está anclada. Solamente así somos dueños de nuestro destino. La historia que compone ‘El arte de romperlo todo’, el primer libro de Mónica Álvarez, más conocida en los escenarios por Electric Nana, hace que pongamos en valor la importancia de ser los dueños de nuestro propio destino, un destino que nos llene y que nos haga sentir realizados. Además de esto, otra enseñanza, la de que nunca es tarde para dar un volantazo inesperado a ese destino, para que este vuelva a identificarse con nosotros mismos, dicho de otra manera, nunca es tarde para romperlo todo.

Mónica Álvarez cuenta con experiencia en el mundo de la música ya que, como Electric Nana ha colaborado con Djs y productores conocidos como Carlos Jean y en la actualidad forma parte del sello independiente Sin Antestesia, su último single fue publicado el pasado 14 de junio y se titula ‘High’. ‘El arte de romperlo todo’ es una lectura ligera, sencilla, pero a la vez reflexiva. Se trata de una historia factible, real, de hecho la propia autora añade que puede ser “la de tu hermana o tu amiga”. En la redacción no hay florituras que desvíen de la trama, la sencillez hace que sea adecuada para casi todo tipo de público. Los sentimientos se entremezclan entre las páginas, por un lado hay desilusión y frustración, por otro la ilusión de empezar un nuevo camino, o de saber que se ha escogido el camino correcto cuando se decide romper con todo.

La historia comienza con una situación límite, la de Miranda Nieves, o Nevada, una “chica normal” que dedica su vida a la música. Miranda se somete a diario a los vaivenes de la vida de un artista, va de escenario en escenario y es presa de un contrato que firmó con una empresa discográfica. Digo “es presa” porque desde un primer momento la lectura deja claro que ese va a ser el detonante de la trama, una artista que se siente “vendida” dentro del mundo de la música, que no interpreta las canciones que ella misma escribe y que lleva años trabajando de manera mecánica sin disfrutar verdaderamente lo que hace. La música es uno de los mundos en los que, además de dedicación, necesitas pasión por lo que haces, y esto es algo que la protagonista pierde cuando su discográfica abusa de su propio trabajo y ella empieza a necesitar huir de esa vida. Aparece así la música como un segundo plano, siempre persiguiendo a Miranda, y quizás sea cargar demasiado de subjetividad esta reseña, pero este telón de fondo es la parte que más ha llamado la atención. En todas las industrias hay maleantes, eso es una realidad, personas sin vocación que se la arrebatan a los demás y es por eso que la parte en la que protagonista de este libro se siente frustrada musicalmente y explotada a manos de una discográfica me entristece. Me entristece saber o pensar que, desconociendo totalmente si la historia se basa en hechos autobiográficos, ella misma pueda haber sufrido tal cosa y cuántos más lo pueden estar haciendo. Personalmente yo creo en la otra parte de la industria, en la que es justa con los artistas y todo el engranaje que les rodea, igual por eso mismo sentí mucha curiosidad por saber cómo la protagonista gestionaría ese desencanto, sobre todo ese abandono que hace directamente del mundillo que, seguramente, acarrearía procesos serios. Sin embargo, es comprensible que esta no sea la trama principal y que la novela torne en una historia más profunda con toques de vida y de amor.

Pero volviendo a las páginas, en lo primeros capítulos la autora alternará capítulos “flahsback” con unos capítulos que narran sus últimos y desgraciados días como artistas y otros que comienzan en el asiento de un avión de camino a Edimburgo. Miranda ha abandonado todo y decidirá desconectar de su anterior vida por un tiempo, dando pie a nuevas experiencias como a vivir en la ciudad escocesa, buscar un trabajo e intentar dar ese vuelco y ese sentido que su vida necesita de nuevo. Allí tendrá la ayuda de su abuela, Ágata, una anciana peculiar experta en hacer sorbetes escoceses, bien cargados de alcohol, y que vive con Mr White, un gato pintoresco. La abuela alojará a su nieta en el ático y, aunque pueda parecer un personaje loco, en realidad se encargará de poner más de una vez los pies de Miranda en el suelo.

Una nueva vida empieza también con nuevos quehaceres y la protagonistas quiere un nuevo trabajo, así que el destino le lleva a Miranda a conocer a Lizzy, una joven de Edimburgo social, activa, fiestera y loca, la típica amiga que monta los planes y que no permite que nadie se aburra ni un segundo, que a su vez hace que conozca a Maggy, la tía de Lizzy y propietaria de una librería, el sitio donde encontrará trabajo y algo más la protagonista de la novela. Maggy quiere dar un vuelco al negocio y dejar que su hijo, James, se encargue para que éste vuelva a Londres a recuperar su vida, que dejó aparcada tras una relación tóxica un episodio familiar fatídico. Con esa predisposición, Maggy contrata a Miranda sin saber que James, el serio y enfadado James, terminará volando por los aires los esquemas de la protagonista. Hasta aquí basta de spoilers, tendréis que haceros con el libro para saber a qué peripecias se enfrentará Miranda en Edimburgo, cuántas veces recurrirá su discográfica al desesperado acto de perseguirla y cómo termina, o empieza, la historia de Miranda.

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