Hacer política de la tragedia

Por Sara Pérez (@sarap0va)

Una semana más tarde del doble atentado de Barcelona y Cambrils y después de días de dolor, sufrimiento e incertidumbre, las redes sociales de muchos ciudadanos y políticos se llenaron de mensajes de odio que dejaban entrever una clara islamofobia.

Cada vez que pasa una tragedia, Facebook Twitter o Instagram se llenan de mensajes o bien de prudencia para justificar nuestro discurso moral, o bien de de odio, en busca de un culpable político.

Los atentados de las Ramblas no han sido para menos. Muchos usuarios han publicado informaciones vacías sin saber con seguridad lo que estaba sucediendo o se han limitado a difundir noticias falsas que alimentaban una espiral de odio. Justo lo que menos necesitábamos.

En un ataque donde 14 personas han muerto y 80 han resultado heridas, el lado más casposo de la política española ha sacado a relucir un discurso racista. Se pudo ver en la manifestación fascista en el lugar del atentado días después de lo sucedido o comentarios que empezaron a circular en el timeline de Facebook señalando a los inmigrantes que se llevan las ayudas de los españoles. Una mentira fundamentada por la ultra-derecha, ya que incluso durante los periodos más duros de la crisis económica, los inmigrantes aportaron más a las arcas públicas de lo que recibieron por prestaciones sociales.

Han aprovechado para sacar su lado más islamófobo, por culpar a una comunidad entera de una tragedia. En paralelo, nadie pensó que todos los supremacistas blancos que se manifestaron hace dos semanas en Charlottesvillage (Virginia), representaban a toda la sociedad estadounidense.

La comunidad islámica en España ha salido a la calle pidiendo perdón y un musulmán ofrecía abrazos  a los transeúntes alegando que no era un terrorista. Aquellos que todavía tenemos un poco de uso de razón, les decimos que no nos tienen que pedir perdón por nada. Y menos por un grupo de radicales que no reflejan a todos los seguidores de una religión.

No solo eso. También ha brotado el discurso de la España más rancia y catalanófobo, al señalar discriminación comunicativa porque figuras públicas de la sociedad catalana han hablado en su lengua materna cuando le preguntaban en su lengua materna y aún cuando se iba a traducir minutos después.

No es el momento de crear estrategias políticas para rascar adeptos a una ideología, y menos de una manera tan perversa, cruel e inhumana y que llega a calar en en parte del pueblo que tiene miedo y que por ende traga consignas sencillas sin contrastar en las redes sociales.

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