Tiempos convulsos para la política

Decía Maruja Torres hace un tiempo que ésta es una de las mejores épocas que nos podría haber tocado vivir como periodistas. Que no se la perdería por nada del mundo. Y su razón no le falta. Lo decía en alusión al panorama político (en especial el español, aunque el internacional no tiene nada que envidiarle). Tiempos convulsos para la política. Este 15 de mayo, día de San Isidro, ha tenido lugar el debate “decisivo” del PSOE que, según los expertos, discernirá por fin quién ocupará el puesto a la Secretaría General del Partido. Ante el discurso vacío de Susana Díaz y el tono al que ya nos tiene acostumbrados Pedro Sánchez (no sabemos si le ha servido de mucho eso de coger su coche e irse a buscar apoyos), Patxi López ha sido el encargado de dar una lección a sus compañeros y rivales. “¿Sabes lo que es una nación, Pedro?”, preguntaba López ante la atónita mirada de Sánchez, que se ha apeado de la pregunta de marras como ha podido. Con un sentimiento, dice él.

Por otro lado, este es el primer San Isidro que la lideresa, Esperanza Aguirre, no se deja ver en tan señalada fiesta para los madrileños. Mientras tanto, Mariano Rajoy declaraba que, sea quien sea el elegido para encabezar el PSOE, él continuará con su trabajo. Sea el que sea ese. Nadie quiere un presidente del Gobierno entrometido. Y él no va a ser menos.

Sin embargo, quizá quede tiempo para alguna sorpresa. Quién nos iba a decir, después de todo, que Portugal, ese país que lleva años pasando sin pena ni gloria por Europa, iba a ganar el pasado sábado el festival de la canción por antonomasia. Así, sin vínculos políticos ni nada. Estando tan apartado de la URSS. Hay quien dice que ha sido por poner toda la carne en el asador y optar por una representación de la identidad propia portuguesa. Algo que no se puede encontrar en cualquier otro rincón de Europa. Quizá tenía razón Lola Flores cuando decía que lo que nos hacía falta (la Faraona se refería a Eurovisión, pero se puede extrapolar a casi cualquier otra cosa) es una representación que de verdad refleje el carácter del representado. “Alguien que sepa cantar de verdad, no yo”, decía con su desparpajo. “Pon a Rocío Jurado con diez guitarristas y diez palmeros” y asegura la victoria. Quizá es que estamos perdiendo el origen, la esencia. Y sin saber que estamos perdidos, tampoco hacemos nada para encontrarnos.

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