Mercurio

Por Meren Plath (@serendipia_s)

(Publicado originalmente en deep down in the forest).

Marea negra que se balancea como un péndulo entre los dedos. Muerte, podredumbre, inanición del espíritu que una vez te besó en nombre de todos los que no te quisieron. ¿Acaso has soñado conmigo esta noche, o alguna de las anteriores?

Dime por qué el sol se invierte al ponerse, dime por qué la luna ya no sale cuando está llena. Dime por qué los sauces ya no se mueven si no es con tu voz. Con tu preciso timbre, con tan exactas palabras de lágrima, de soledad. ¿Acaso has hablado en mi nombre y los pájaros han huido de sus nidos?

La luz me hiela, el fuego ya no quema, y has convertido la vida -tan maldita, tan pálida, tan cansada- en castillo de arena, en montículos que desaparecerán cuando cierre los ojos. Cuando Caronte me sople en la nuca y proclame el alzamiento del terror cruel de nuestro imperio, en ruinas desde que lo levantamos. Con las manos cansadas, los sueños rotos y la boca remendada.

¿Acaso sigues teniendo esquirlas en el corazón, o me llevas todavía tan dentro que tienen mi nombre?

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