Make Nederland Great Again

Por Sara Pérez (@sarap0va)

La filósofa belga Chantal Mouffe defiende que la derecha siempre se las ha arreglado mejor con las pasiones y los afectos populares que la izquierda, por lo cual el populismo siempre suele desplazarse hacia la derecha, e incluso hacia las vías protofascistas. El candidato holandés a primer ministro  Geert Wilders sería un buen ejemplo.

El líder por el Partido de la Libertad (PVV) no pasa desapercibido en un país donde no está de moda el tupé oxigenado. No es algo casual, su peinado define su pasado. Según la antropóloga y jurista Lizzy van Leeuwen y tal y como recoge el diario El País, el abuelo holandés de Wilders y su abuela, judía con raíces indochinas, vivieron en durisimas condiciones a finales de los años 30, por lo que su sentimiento de haber estado discriminados todavía perdura en la memoria de su nieto. El término indo se aplicaba a aquellos que tenían una mezcla holandesa e indonesia (Indonesia colonia de Holanda hasta 1949) y los convertía en una minoría cultural susceptible de marginación.  Wilders resalta su identidad a través de su pelo teñido y tapa su color natural, rubio suave.

Wilders se ha convertido en la figura holandesa anti-establishment, defiende que su principal labor es “luchar contra el islam” y se define como euroescéptico en el sentido pragmático: “Pagamos mucho a Europa y nos resta soberanía”. Ha aprovechado la crisis de la socialdemocracia Europea, que exalta éxitos nacionales y carga las culpas de los fracasos a la comunidad.

Su programa electoral se resumen en una página de Word, solo tiene once puntos y el primero consiste en “desislamizar Holanda” y “devolverla a los Holandeses”, algo así como el Trump holandés. Aunque el siempre ha refinado su individualidad y rechaza estar en el club de “la nueva derecha europea”, Wilders achata los males de la sociedad holandesa a un único actor: la comunidad marroquí residente en el país.

Después de haber trabajado en un kibutz en la frontera jordano-israelí durante dos años, afianzó su posición a favor de Israel y la marginación total al mundo árabe, y según su proyecto, “desislamizar” Holanda le ahorraría 7.200 millones de euros. Ha comparado el Corán con Mein Kampf (Hitler, 1925), el islam con el nazismo y quiere acabar con las mezquitas del país para “prevenir a los radicales islámicos”.

Aunque se define como euroescéptico, nunca ha estado fuera de la órbita europea. En 1990 empezó a trabajar  con los conservadores holandeses e incluso llegó a ser diputado, hasta romper con ellos en 2004 y fundar su partido dos años más tarde.  En 2010 dio su apoyo al gobierno formado por los conservadores del Partido Popular por la Libertad y Democracia (VVD) y los democristianos de LLamada Democristiana (CDA), pero en 2012 hizo caer la coalicción y forzó unas elecciones anticipadas, que paradójicamente le hicieron perder 9 escaños en el Parlamento. No es un “outsider” y nunca lo ha sido.

En resumen, su política se basa en el ‘No’ , no al islam, no a las mezquitas y escuelas islámicas en Holanda, no al Corán, no a la inmigración procedente de países musulmanes, no al velo y al burka y no a la Unión Europea y al euro. Todas estas iniciativas en una sociedad desencantada con el sistema tradicional holandés aunque no cuenta con un ‘Nexit’.

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Marine Le Pen y Geert Wilders

Para Wilders, la política pone en peligro su vida personal desde 2002, tras el asesinato del conservador holandés y también muy crítico con el islam, Pim Fortuyn y más aún tras el asesinato en 2004 del cineasta holandés Theo Van Gogh, autor de múltiples críticas y declaraciones contra la inmigración y el fundamentalismo islámico. Desde entonces, Wilders, que no ha neutralizado sus declaraciones, ha estado en el punto de mira, vive con guardaespaldas, viste chaleco antibalas y tras ser amenazado de muerte, solo puede ver a su mujer, la diplomática húngara Krisztina Marfai, una vez a la semana.

Hace 12 ó 13 años que no paseo solo, ni manejo mi propio auto, o abro mi buzón de correo ¡o vivo en mi propia casa!”, le dijo Wilders recientemente al periodista de la BBC John Sweeny para el programa Newsnight. 

Aún así,  Wilders está envuelto en un alo de misterio difícil de definir. Conservador pero a favor de  la inversión en sanidad y al cuidado de las personas mayores,  bajar los alquileres y los impuestos de la renta y de circulación  y recuperar la edad de la jubilación a los 65 años. Además, según el punto tres de su programa, Holanda  aplicaría “la democracia directa: introducción de referéndums vinculantes para que los ciudadanos adquieran poder”.

Wilders es la gente, el pueblo, la unidad y la superioridad ante las minorías A pesar de que los nacionalismos nunca podrán frenar las olas migratorias, inevitables en un mundo globalizado y aunque se empeñen en su aplicación y cumplimiento Wilders ha logrado que las elecciones holandesas giren a su favor bajo el paraguas del Brexit, Trump y el apoyo que está recibiendo Le Pen en Francia.

El mayor obstáculo para acceder al poder es el más importante de todos: está solo en un sistema de circunscripción única y tradición multipartidista,  donde ningún partido cuenta con acompañarle ya sea por el recuerdo de la traición de 2012 por parte de los conservadores o por simple distanciamiento ideológico.

El contexto europeo al de hace cinco años, apoyado en el auge de los populismos europeos, la apelación a la identidad y el miedo al enemigo, Wilders ha entrado en todas las televisiones holandesas sin ningún tipo de complejo.

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