Débiles y sensatas

El miércoles el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke afirmaba en pleno Parlamento europeo que la brecha salarial por cuestiones de género está totalmente justificada. Sostenía el polaco que el salario de las mujeres debe ser inferior al de los hombres porque “son menos inteligentes”, justificando su respuesta en el escalofriante dato de que entre los cien mejores jugadores de ajedrez no figura representación femenina.

Hace un par de días, este mismo individuo, ante las críticas recibidas, intentaba enmendar su error, aunque sin bajarse de la burra. Como contraposición a esa supuesta inferioridad de la inteligencia y debilidad de cuerpo, Korwin-Mikke considera a las mujeres “más sensatas” que los hombres. A su juicio, las mujeres “son más sensatas y juiciosas que los varones, ya que no pierden la cabeza por un hombre sólo porque tiene unas piernas bonitas”.

No son las primeras lindezas que llevan al polaco a la palestra. Hace unos años afirmó que simpatiza con los musulmanes, en cuanto a la profesión de una fe, pero que los prefiere lejos, y sus propuestas han ido desde prohibir la retransmisión de los juegos paralímpicos hasta cuestionar las cifras del Holocausto y su voluntad de repartir armas entre la población civil. Sin embargo, y aunque son declaraciones igualmente provistas de peligro, no es lo que nos ocupa en estos momentos.

Señor Korwin-Mikke, hay algo más preocupante que el hecho de que exista una brecha salarial entre hombres y mujeres. Ese algo es que exista gente que todavía cree firmemente en la supremacía de sexos. En una supuesta debilidad femenina cuando son las mujeres las que soportan, en la mayoría de los casos, las cargas diarias más arduas, desde hacerse cargo de una casa y una familia hasta el hecho de que su palabra valga menos que la sus homólogos masculinos, pasando por los esfuerzos duplicados o triplicados para conseguir tener el mismo estatus que un hombre, e incluso aguantar a gente como usted, que incluso en sus supuestas palabras de rectificación sexualiza y banaliza al género femenino. No, las mujeres no pierden la cabeza por un hombre solo porque tenga las piernas bonitas. Pero adivine. Tampoco pretenden que un hombre lo haga.

Hay mujeres débiles. Las hay fuertes. Sensatas. Alocadas. Hay mujeres que juegan al ajedrez y mujeres que sienten más inclinación por construir motores de aviones, cuidar a una familia que ha decidido tener voluntariamente y mujeres que luchan contra hombres como usted. No porque sean el enemigo, sino porque puedan convertirse en aliados. Sabemos que las guerras no se ganan solas.Y lo sabemos porque llevamos mucho tiempo luchando, aunque apartadas y en silencio.

Mire, señor Korwin-Mikke a su alrededor en ese Parlamento. Mire a sus compañeras -le guste o no lo son-, a la señora que limpia su escaño cuando se va, a la que le da los buenos días cuando entra a comprar el pan, a la que le recoge el traje del tinte, a la que le educó, a esa chica que coge el autobús todos los días para ir a la facultad después de trabajar porque todavía cree que es posible un mundo mejor. Hay sensatez, desde luego. Pero mírelas de nuevo. Comprobará que no hay debilidad.

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