Día Mundial de la (in)Justicia (a)Social

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Hace diez años la Asamblea General de las Naciones Unidas decretó que cada 20 de febrero se celebraría el Día Mundial de la Justicia Social, un concepto considerado como un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, tanto dentro de las naciones como entre ellas.

De esta manera, con este concepto de Justicia Social se busca promover la igualdad de género, la igualdad de oportunidades, el Estado de bienestar, la eliminación de la pobreza, la distribución de la renta o los derechos laborales. En este supuesto, la Justicia Social se lleva a cabo eliminando las barreras que enfrentan a las personas por motivos como el género, la edad, la raza, la etnica, la religión, la cultura o la discapacidad.

El término fue acuñado por el sacerdote jesuita italiano Luigi Taparelli, en el libro Ensayo teórico del derecho natural apoyado en los hechos (1843), donde indica que “la justicia social debe igualar de hecho a todos los hombres en lo tocante a los derechos de humanidad”. Poco a poco este concepto fue afianzándose y posicionándose como una defensa ante el capitalismo.

Sin embargo, lo cierto es que diez años después de que se declarase este día como el Día Mundial de la Justicia Social, todavía queda mucho por hacer. Si bien es cierto que ha habido ciertos avances sociales desde que se acuñase el término (después de casi dos siglos, ya hemos tenido tiempo de replantearnos las cosas), no basta con promover esos ideales, sino que hay que llevarlos a cabo. De nada nos sirve un Día Mundial de algo si sólo miramos hacia su causa un día al año. Mucho menos, si lo hacemos como quien mira al escaparate de un anticuario y la observa como un objeto de decoración sin utilidad.

Los niveles de pobreza continúan al alza, la desigualdad entre unos que tienen mucho y otros que no tienen nada, la falta de respeto ante el que piensa o cree diferente, la invalidez de unas ideas frente a otras. La falta de empatía. Esa necesidad popular de sentirse superior al de al lado, pisoteándole si es necesario. La supremacía de sexos. La posesión. Ese sadismo que destila el saberse más fuerte (aunque no lo sea) y con más recursos que otros que acaban por resignarse a estar por debajo. Todas y cada una de esas muertes que nunca vamos a poder justificar.

Quizá sea la hora de reflexionar hacia dónde miramos cuando alguien pregunta por todas estas cuestiones. Y que dentro de diez años, cuando miremos a nuestro alrededor, no sintamos vergüenza al comprobar que este día de una supuesta Justicia Social no queda solo en una anécdota para contar en telediarios a la hora de comer. No deberíamos dejar que la Justicia Social quede como una ornamenta que acumula polvo, sino como una herramienta con la que lustrar una sociedad adormecida y que adolece de falta de escrúpulos e hipocresía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *