Canciones de Sabina para soportar la espera de su vuelta a los escenarios

Por Citlali Rubio (@CitlaP) y Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Esta semana el cantautor Joaquín Sabina era Trending Topic en Twitter. Normalmente cuando alguien así ocupa algún puesto de interés en la lista de los temas más hablados del día en la red social de microbloging, puedes temerte lo peor. Microinfarto de miocardio a la vez que piensas “menos mal que fuimos a verle antes de que se nos fuera”. Y clickas con miedo sobre su nombre esperando ver dónde se instalará la capilla ardiente y los pormenores de su muerte. Pero esta vez no tocaba eso. Para alegría y alboroto nuestro, el maestro del bombín saca nuevo disco y anuncia nueva gira.

Se trata de su álbum número dieciocho y estará producido por Leiva, que ya puso música a la canción ‘Tiramisú de limón’ y que ahora releva de la producción a Pancho Varona y Antonio García de Diego. Este nuevo disco, que aparece siete años después de ‘Vinagre y rosas’, su último trabajo, se titulará ‘Lo niego todo’ y se presentará en marzo de 2017. Participará también en el disco el poeta Benjamín Prado, que ya compuso con el maestro aquel ‘Cuando aprieta el frío’ de ‘El hombre del traje gris’.

Y como todavía nos faltan unos meses para poder escuchar los nuevos temas de Sabina, nosotros hemos querido hacer una playlist con los que consideramos sus temas imprescindibles (si es que alguno lo es) para hacer la espera un poco menos amarga. Allá va.

Yo me bajo en Atocha (Nos sobran los motivos, 2000)

Para los que nos hemos enamorado de Madrid nada más pisarla, hace más o menos tiempo, y hemos visto peligrar nuestra vida en esta ciudad de los sueños, el himno de Sabina a la capital nos pone los pelos de punta. Porque pocos tributos hay a esta ciudad que la describan tan bien, punto por punto. Después de llorar en Venecia, perderse en Manhattan, crecer en La Habana, ser un paria en París, quién no sabe que siempre hay un tren que desemboca en Madrid, un fuego que se enciende en Madrid, un barco que naufraga en Madrid, un sueño que se despierta en Madrid, un vuelo de regreso a Madrid. Y que, ¿quién no ha cantado, borracho por las calles que nunca descansan, ese “Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid?”.

Que se llama Soledad (Hotel, dulce hotel, 1987)

Decía García Márquez que todas sus novelas hablan de la soledad. Oscar Wilde, que la soledad es hermosa cuando hay alguien con quien compartirla. Y suponemos que algo así quiso decir Sabina con este ‘Que se llama Soledad’ cuando cantaba aquello de “algunas veces vivo y otras la vida se me va con lo que escribo” esas noches en que recostaba su cabeza en el hombro de la Luna y le preguntaba por aquella amante inoportuna, una tal Soledad.

Ruido (Esta boca es mía, 1994).

De todas las historias de amor que han salido de la boca del maestro, ésta es una de las que más nos gustan. Quizá por lo franco de aquello de las relaciones que empiezan prometiendo no acabarse, quizá por el ruido de cuando se apagan, quizá por el aire rumbero que le quita hierro al asunto. La soledad sonora, la llamaba Gala. Para Sabina, tanto, tanto ruido y al final… “Ruido envenenado, demasiado ruido”.

Aves de paso (Yo, mí, me, contigo, 1996)

La fama socarrona del del bombín es harto conocida. Socarrona y mujeriega. A todas aquellas mujeres les hizo una canción. Nunca nadie ha sabido cantar tan bonito a esas aves de paso que todos tenemos, esos “pañuelos cura fracasos”, por muy mal que suene. “A las flores de un día que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían…”

 

Por el bulevar de los sueños rotos (Esta boca es mía, 1994) 

Ahora es cuando alguien dice lo de “no, ésta es de Los Secretos”. Pues casi, pero no del todo. La letra de ‘Por el bulevar de los sueños rotos’ la compuso Joaquín Sabina, mientras que la música la puso Álvaro Urquijo. Sea como sea, la canción es el mejor homenaje a las amarguras que cantaba Chavela Vargas escritas por José Alfredo. Y sí, ya quisiéramos reír como lloraba Chavela. Y bebernos las dudas a golpe de tequila.

El caso de la rubia platino (19 días y 500 noches, 1999)

Cantar no deja de ser contar historias. Otra forma de Literatura. Dicen que cuando Sabina empezó a dejarse de ver por los recitales de poesía de Madrid, el resto de los poetas (entre los que se encontraba Rafael Alberti) se quejaban de que aparecía aquel andaluz jovencito con la guitarra y se llevaba a todo el mundo de calle. Esta canción socarrona donde las haya, con ese aire de mafioso venido a menos que se mete en líos vio la luz justo el año que murió Alberti.

Princesa (Juez y parte, 1985)

Los 80 fueron uso años fatídicos para la sociedad española que, a la vez que se expandía, veía a sus jóvenes cayendo en la droga. Sabina supo retratar aquellos años de excesos (que él también tuvo, de acuerdo), aquellas partes marginales de la sociedad para las que ya era demasiado tarde.’Princesa’ se convirtió en uno de los temas más aclamados del músico.

La canción de las noches perdidas (Física y química, 1992)

Jazz, música negra, oscuridad, ese ambiente a barato perdido en el que no deberías haber entrado pero del que no sabes como salir porque te perdiste en el sexto trago de tequila. La canción de las noches perdidas, que también las hemos tenido todos, que “se sube a la cabeza como ciertas bebidas, se pega a la desilusión como una lapa, quema como el gas azul de los mecheros, sirve para echar vinagre en las heridas”. En definitiva, que “miente como mienten todos los boleros”, pero vuelves a darle a play mientras te aliñas el décimo whisky.

Y sin embargo (Yo, mí, me, contigo, 1996)

Otro de esos temazos del maestro para tener en bucle permanentemente. Antes, solía cantarla junto a Olga Sanroman justo después que ella cantase la copla homónima. Ahora, le ha tomado el relevo Mara Barros, en uno de los momentos más esperados del cantautor en el escenario. Una mezcla soberbia para una canción más que maravillosa. Por todas esas cosas que sabemos que no deberíamos hacer, menos contarlas, pero no podemos evitarlo.

Noches de boda (19 días y 500 noches, 1999)

Si ‘Por el bulevar de los sueños rotos’ es el mejor homenaje a Chavela, el recital que se marca la mexicana no podía pasar sin mencionarse. “Todas las noches de luna serán pa Joaquín y pa mí”. Y así fue. Además, esta canción debería ser cantada por todo el mundo alguna vez en su vida, por no decir todos los días. “Que el fin del mundo te pille bailando”. ¿Para qué más?

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