Lágrimas de Lacoste

La semana pasada conocíamos la muerte de la que fuese durante veinticinco años alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, en uno de los hoteles más lujosos de Madrid. Un paso atrás en la trama Gürtel. Un caso de corrupción que vuelve a quedar aislado. Esta misma semana, otro cargo del PP, Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia, era acusado de haber cometido delitos de fraude contra la Administración pública o malversación de caudales públicos.

También esta misma semana era Trending Topic Sonia Castedo, ex alcaldesa de Alicante, ante las lágrimas que derramaba en Espejo Público porque la gente iba a recordarla como una corrupta. La edil dejó su cargo a través de un mensaje en Facebook después de que ni siquiera Mariano Rajoy quisiera saludarla. Castedo lleva años señalada por corrupción en dos casos, el Rabasa y el Brugal. Ahora, se lamenta de la imagen con la que se recuerda a la vez que llora por la muerte de Barberá, ante la que se sintió “impotente”. Quizá por identificación al sentir que incluso su propio partido le da la espalda, le niega el saludo y prácticamente la obliga a dimitir.

“Entre todos se ha provocado que Rita muriera de pena y de tristeza”, dijo Castedo, aprovechando una vez más el argumento que sus compañeros de partido han utilizado para darle la vuelta a la tortilla y que ahora sea la ciudadanía la culpable de todos los males de los políticos y no al contrario. Los tuiters, que diría Villalobos. Todos llorando lo que antes repudiaban. Y es que va a ser verdad eso de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Pero es que lo que lloran no son lágrimas de cocodrilo, son lágrimas de Lacoste.

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