Guerras y machismos

Hace unos días, en una comparecencia en Washington, un periodista preguntaba a Abdullah Al-Saud, el embajador saudí en Estados Unidos, sobre la posibilidad de que Arabia Saudí deje de bombardear Yemen. El embajador, soltando una risotada, argumentó que “bombardear Yemen es tan necesario como pegar a mi mujer”, antes de aclarar que la ofensiva militar de Arabia Saudi con Yemen continuará hasta el final.

Este símil pone de manifiesto la insensibilidad de un alto cargo como este ante dos graves problemas: la guerra y el machismo. Arabia Saudí comenzó su Operación Tormenta Decisiva en marzo de 2015. Desde entonces, se ha cobrado más de 10.000 muertes. Muertes que, al parecer, poco o nada importan al diplomático. De la misma manera que le importan los derechos de las mujeres.

Este país que, junto a otras cuatro naciones de Oriente Próximo y con el respaldo de Estados Unicos, entre otros, está llevando a cabo la ofensiva, tiene en su sociedad una imperante cultura machista que va desde la trata de personas al matrimonio temporal con fines de esclavitud sexual, pasando por la pena de muerte como castigo del adulterio, el sistema de tutela masculina o la prohibición de conducir vehículos; anulando los derechos de las mujeres y sometiéndolas al género masculino.

Poco o nada importan aquí los Derechos Humanos, a los cuales todo el mundo debería atenerse, la consideración de los demás como un igual, el hecho de que ninguna persona sea propiedad de otra. Poco o nada importa el derecho del otro a, ya no solo vivir, sino a una vida digna y en la que pueda gozar de su libertad sin temor a la violencia.

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