El monstruo vino a vernos

Por Borja Romero (@borHopes)

La tercera película del director español Juan Antonio Bayona ya está en cines, como todo el mundo sabe. De que todos nos hayamos enterado se ha encargado la brutal campaña publicitaria que ha encabezado el equipo de Mediaset (colaborador del trabajo de Bayona).

Todos hemos sentido con ‘El Orfanato’ o ‘Lo Imposible’ cómo nos arrastraba el dolor psicológico más humano de personajes enfrentados a situación de debilidad. En ‘Lo Imposible’, además, literalmente. ¿Pero qué es lo que nos espera en ‘Un monstruo viene a verme’ más allá de un gran presupuesto?

La protagonizan un conjunto de actores como Sigourney Weaver, Felicity Jones o Liam Neeson como la voz del monstruo; y Lewis MacDougall como debutante en un papel protagonista (pudimos verlo en ‘Pan’):

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J.A. Rayona y el reparto principal de actores.

Basada en la novela de Patrick Ness e ilustrada por Jim Kay, Un monstruo viene a verme nos presenta un drama intenso, nos arrastra a lugares que a veces deseamos no explorar y nos hace reflexionar sobre la naturaleza humana y a dónde nos lleva. Habla de miedos y sombras, pero también de lo que queda cuando todo eso desaparece.

Aunque no me parezca un peliculón y el ritmo dramático me espantase, me hizo reflexionar sobre bastantes cosas y emocionarme a partir de esas reflexiones y de un guión, a  momentos, tremendamente certero. No paro de pensar que, si ‘Lo imposible’ es una película corriente que te lleva, ésta es una película arbórea que deambula en un cuerda que tiene de extremos el ”tierra trágame” y el ”echar raíces” que todos hemos usado en algún momento de nuestra vida.

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Ilustración original del monstruo.

¿Y qué es el monstruo? Hay miles de teorías y versiones, tantas como personas ven la película. Personalmente también encontré muchas posibles caras para lo que espera detrás del monstruo, probablemente, y, cómo explica Bayona en algunas entrevistas, lo más correcto sería entender a el monstruo como una somatización de nuestros miedos personales (sin olvidar la influencia de la tradición cultural) que a veces se nos hace tan grande que no nos deja dormir.

Hablar de la película y las interpretaciones no es lo que mejor funciona en este film. Hay que sentarse, llorar o reír, comer palomitas o no, ir solo o acompañado; pero sobretodo ir para ver a dónde nos lleva y que conseguimos evocar. Para mí, funciona mejor como un leve ejercicio terapéutico personal que como película estrella.

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