Bombas de educación masiva

Por José Julián Uceta Alcolea (@josejuceta)

Lo siento por la comparación metafórica, adoro al artista, espero que lo entiendan. La política española es Picassiana, su aspecto es roto, descompuesto en figuras de varios colores.Practican un arte insano que contamina mentes maleables con discursos hipócritas e irrelevantes.Esas figuraste hablan en nombre de la democracia, una señora que está de moda, de cristal opaco, frágil, definida en teoría y violada en la práctica. Te hablan de educación, ¿pero cuántos la tienen? Se pelean por el bocadillo, no se dan la mano ni los buenos días, se odian ¿Son esos hipócritas los más adecuados para hablar de regeneración? ¿Una basada en el rencor y en el enfrentamiento? Caray, no les pido que se enamoren, pero sí que se esfuercen en amar. Ellos hablan de tolerancia, pero no toleran una opinión diferente a la suya. Te hablan de respeto, pero se lo faltan al de al lado si van vestidos de forma diferente. Te hablan de la importancia de la cultura y la educación, pero no luchan por ella. Condenan las masacres terroristas, pero ellos practican el terrorismo emocional a diario.

Así nos mantienen apocados. Nos han metido en la cabeza que no puedes vivir sin ellos. Estamos alienados en un sistema que se alimenta del conformismo de un pueblo al que le falta inquietud y le sobra panfletos. ¿Dónde está el gusto de cuestionarse todo, y no dar todo por hecho? Coge pico y pala, seamos agricultores de razón, para que pueda germinar algo que merezca la pena. Vivimos en una sociedad en la que las flexiones importan más que las reflexiones. Exigimos a esas figuras políticas de colores, pero también debemos exigirnos a nosotros mismos.

Avanza el tiempo, pero no los humanos. Hemos pasado de dibujar en Altamira a dibujar en el iPad, pero seguimos pintando monas. Nos han dado el paisaje prefabricado para entretenernos, el consumismo para distraernos, y no nos hemos preguntado nunca si no hay nada más allá de esas montañas. Amamos la quietud, mientras nos quejamos de todo. Nos han acostumbrado a vivir en habitáculos reducidos, con puertas y ventanas diminutas, y a nuestra mente le cuesta expandirse.

Recuperemos (todos) la ilusión por construir espacios más grandes para vivir, y lo que es más importante, convivir. Espacios en los que la cultura sea relevante, es la condición sine qua non del progreso.  ¿Cómo? El marketing construye público. La educación construye ciudadanía. No tratemos la educación como producto, sino como proceso. La educación no es la Coca Cola, ni la levadura que hace subir a las personas al poder. No es un instrumento de quita y pon, es  la roca madre, la piedra angular, los cimientos, los pilares sobre los que podemos asentarnos sólidamente. El fallo sistemático es tratar a la educación en las primeras fases de manera errónea, tratar de adoctrinar, y no promover una experiencia participativa abierta, donde la imaginación y la creatividad sean primordiales, y con ellas se vaya formando libremente la mente del joven alumno, cuando aún no han contaminado su mirada. Ese es el mejor caldo de cultivo. No usen la cultura y la educación como un producto consumible con fecha de caducidad, deber ser una forma de vida, aunque eso signifique despertar al pueblo de su letargo, y darle más herramientas para luchar contra la monotonía y la rutina a la que nos arrastra este sistema estancado. Sin cultura no se pueden elaborar modos humanos de entendimiento y desarrollo. Solo así podremos combatir la verdadera crisis: la crisis de valores, la crisis del amor, la gran sequía. Las acciones del amor están bajando, ¡si cotizaran en bolsa otro gallo cantaría! Cultura y educación masiva, no más – IVA. La economía importa, sí, pero es la importancia ajustada al traje capitalista que nos han puesto desde el minuto uno. Tenemos otros retos no menos importantes, no nos olvidemos de ellos. Ni a derechas ni a izquierdas, exploten esas bombas de una vez, para acabar con la utopía de avanzar hacia delante de verdad.

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Fotografía de Henri Cartier Bresson

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