Sweetie’s Kindergarten: “Todos tenemos algo que aportar”

Por Alba Zaragoza De Vincenzo (@alba_zdv)

 

Aunque la empatía sea una cualidad que muchos poseemos, puede que a veces nos sea difícil vernos en situaciones en las cuales no podríamos estar. ¿Cómo imaginar no haber recibido una educación obligatoria y digna, no comer cuando nos apetece, no tener una vivienda con las mínimas comodidades?

Los programas de cooperación internacional desplazan cada año miles de personas alrededor de todo el mundo para poder apoyar proyectos para beneficiar países faltos de recursos económicos y humanos. ¿Cómo imaginar que cientos de personas no viven como nosotros? ¿Qué su Estado no tiene los suficientes medios económicos, un sistema sanitario o educativo asentado?

Cuando Maria de Liniers llegó a Dar es Salaam este verano, antigua capital y actual centro económico de Tanzania, en un programa de cooperación internacional para la instalación de una red eléctrica, nunca imaginó lo que se encontraría ahí ni en la aventura en la cual se iba a adentrar. En una de sus visitas por el barrio de Mabibo, un zona marginal de Dar es Salaam, se topó con una guardería de no más de 40 metros cuadrados en la cual se encontraban 70 niños de entre dos a siete años. La guardería no tenía techo ni una infraestructura académica más que unas pocas mesas, una pizarra y, lo más importante, con tan sólo una profesora llamada Sweetie. “Me dí cuenta de que los niños veían la televisión la mayoría del día”, recuerda. Los niños, mezclados entre sí, no tenían ni recibían la educación necesaria a partir de cierta edad: no empezaban a leer, ni matemáticas. “Más que una guardería estaban, era un lugar donde quedarse. Los padres iban a trabajar y dejaban a sus hijos ahí”.

María se dio cuenta rápidamente de que tenía que hacer algo “Cualquier cosa, por pequeña que sea, es algo. Todos tenemos algo que aportar” indica. En agosto, junto con sus compañeros Jon Díaz e Imanol Olalde abrieron un blog, compraron pinturas para los niños y empezaron a vender sus dibujos por Internet para recaudar fondos. Iniciaron un proyecto de crowfunding que sigue admitiendo donaciones. Hasta la fecha han recaudado casi 7000 euros y están pendientes de recibir otros 3000 euros por parte de una entidad financiera privada para poder continuar con el proyecto.

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Un niño de la guardería con uno de los dibujos que podemos comprar

Luego llegó la decisión más importante. ¿Qué hacer con el dinero recaudado? Se plantearon demoler la chabola que servía de guardería para los niños y construir una guardería en condiciones pero esta se encontraba en un terreno alquilado. “Tuvimos miedo de que cuando no nos diésemos cuenta el dueño del terreno echase a Sweetie y los niños y se quedase con lo que habíamos hecho, por lo que decidimos comprar un nuevo terreno“. La compra del nuevo terreno se comió gran parte del presupuesto. “Cuando los lugareños se enteraron de que ‘los blancos’ querían comprar un terreno se duplicaron los precios“. María y sus compañeros también se encontraron con varias barreras equivalentes a los trámites burocráticos a los cuales estamos acostumbrados en España. Los cooperantes tuvieron que crear una asociación, Sweetie’s Kindergarten, para poner el terreno a nombre de esta, para que la responsabilidad del proyecto no fuese atribuida directamente Sweetie, única gestora y organizadora de la guardería y porque, por ley, “los blancos” no pueden tener propiedades a su nombre. Una vez tomada la decisión y antes de comprar el terreno, tenían que pedirle permiso al líder local, denominado Nyumba Qumi. “Se nombre un Nyumba Qumi por cada 10 casas, es el líder local. Hay que pedirle permiso, hacer que esté de tu lado”, comenta María. Por encima del Nyumba Qumi está el Government Leader, quien sella el contrato de compra y venta y la pasa al Gobierno.

Por suerte consiguieron pasar todos estos trámites, comprar un terreno y empezaron los proyectos de construcción.

El proyecto, ya asentado, sigue pendiente de recibir donativos para poder acabar con la construcción del terreno y que los niños del barrio Mabibo puedan crecer y desarrollarse en las mejores condiciones. María indica que “a partir de cierta edad tienen que aprender a leer, a escribir, no pueden estar mezclados entre sí”. “Hasta hace unos años, el Gobierno permitía el maltrato físico hacía los niños”, recuerda, “se prohibió con el actual Presidente”.

Si los niños son el futuro de una nación, ¿cómo es posible que un Estado no invierta en la educación y salud de estos? ¿Por qué la mayoría de ayudas que se reciben vienen de proyectos privados y organizaciones sin animo de lucro? ¿Cómo hacer crecer estos países para que emergen de la situación en la cual se encuentran?

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