No denuncies una agresión machista, mejor un hurto con violencia

Por Belén Diego (@Belensays_)

El pasado 15 de septiembre, María Rovira, Concejala de la CUP, publicaba en la página de su partido un comunicado en el que denunciaba que había sufrido una agresión machista. “Juntes farem nostra la nit”; con este título la joven política explicaba que volvía a su casa por una calle que suele transitar diariamente mirando su móvil, pensando en lo afortunada que era de conocer el barrio y sentirse segura al volver a casa. Fue entonces cuando un hombre la asaltó y empezó a tocarle los genitales. Por suerte, María consiguió zafarse del atacante y llegar a su casa, con el ataque de nervios correspondiente. María cuenta cómo tuvo que ducharse para poder sentirse con fuerzas de poder llamar a los Mossos d’Esquadra y denunciar la agresión.

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María Rovira (@mrovira)

No sólo tuvo que explicar lo que le había sucedido un total de tres veces en apenas veinte minutos, sino que además lo primero que los agentes le dijeron es que “estas cosas pasan porque son gente que no está bien de la cabeza”. A la mañana siguiente, María Rovira acudió a comisaría para interponer una denuncia por una agresión machista. Allí, además de volver a escuchar el “estas cosas pasan”, uno de los agentes le dijo “podríamos poner que fue un intento de hurto con violencia y sería un delito más grave”. María Rovira no sólo tuvo que aguantar el hecho de sufrir una agresión machista sino que ahora ve cómo su cuerpo tiene menos valor que un objeto material; si hubieran intentado robarle su cartera o su móvil hubiera sido un delito más grave que el hecho de que alguien se atreviera a intentar ultrajar su cuerpo.

En el patriarcado en el que vivimos se considera el cuerpo de la mujer como un objeto; sino ningún hombre se sentiría con derecho a violar a una mujer. Pero es que encima ese objeto que es nuestro cuerpo tiene menos valor que otros objetos materiales. El hecho de que el Mosso aconsejara a la victima que sería mejor denunciar un hurto recalca que el cuerpo de la mujer está considerado un mero objeto sin valor. No es lógico ni justo que el robo de algo con valor monetario tenga una condena más grave que el hecho de que una mujer haya sufrido una agresión machista, con el problema psicológico (y físico en algunos casos) que esto conlleva después.

No he recalcado dónde se produjo esta agresión porque el barrio, la ciudad o el país no importan. La violencia machista es la máxima expresión del patriarcado y por desgracia está presente en todo el mundo. Amigas mías han pasado por casos similares, algunos idénticos, y he podido ver el miedo en sus caras. Cómo no salían de casa en días o no se atrevían a repetir la ruta que trazaron el día que un hombre se atrevió a agredirlas sexualmente. Rutas que en la mayoría de los casos se encuentran en sus itinerarios diarios. He visto cómo mis amigas renunciaban a salir por la noche por el miedo a volver a casa después. Yo misma he vuelto a casa con miedo muchas noches, trazando “rutas seguras” en mi cabeza, tardando más en llegar a casa por evitar “calles problemáticas”.

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Ilustración de Emma Gascó para Píkara: “La noche es nuestra”

Basta ya, es hora de que las mujeres podamos volver a casa sin miedo. Que podamos hacer las calles nuestras, sobre todo por la noche. Porque si una mujer sufre una agresión en la calle no es su culpa por pasar por calles oscuras o poco seguras, es culpa de una sociedad que permite que el cuerpo de la mujer sea considerado un objeto. Los hombres no son animales irracionales, pueden controlar sus impulsos sexuales, igual que las mujeres los controlamos. Sin embargo, se excusan en su “carácter animal” o en lo “provocativas que son las mujeres”, pero ellos nunca han tenido miedo de que alguna mujer atacara su cuerpo. Maria Rovira propone la creación de asociaciones feministas para que la noche por fin sea de todas las mujeres, para que la noche por fin sea nuestra.

One thought on “No denuncies una agresión machista, mejor un hurto con violencia

  1. ‘Es hora de que las mujeres podamos volver a casa sin miedo’. Pues sí. ‘Es culpa de una sociedad que permite que el cuerpo de la mujer sea considerado un objeto’. Cierto también. En este punto conviene recordar que la mitad de esa sociedad la componen mujeres, así como que no todas son feministas y que muchas, incluso sin darse cuenta, lo son sólo de boquilla. Hasta Ana Botella es feminista. Sería plausible considerar la posibilidad de que entre los principales transmisores de determinados ‘valores’ se encuentren mujeres. En resumen, no me parece descabellado dejar de responsabilizar SÓLO al sexo masculino de que aún hoy las niñas sigan aprendiendo desde pequeñitas a ser aceptadas por su belleza, atractivo, gracia y coquetería. Si a un niño pequeño, de uno o dos años pongamos por caso, le da por mirarse al espejo, mostrarse coqueto y jugar con muñecas será ‘reprimido’ instantáneamente. ‘No: eso es cosa de niñas’. Si por el contrario es una niña, verá recompensada su actitud. ‘Ay, que nena más mona. Ven que te doy un beso’. Dos respuestas automáticas que tienen el objetivo, probablemente inconsciente, de reforzar una identidad y un rol sexual, hoy llamado erróneamente, a mi juicio, ‘de género’. Es decir, no me parece descabellado dejar de responsabilizar SÓLO al sexo masculino de que ‘el cuerpo de la mujer sea considerado un objeto’. La ‘heteropatriarcal’ es la mujer. Tanto, por lo menos, como el hombre.

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