El gran muro de Calais y otras fronteras

Por Sara Pérez (@sarap0va)

‘El gran muro de Calais’ será una frontera artificial de cuatro metros de alto y un kilómetro de extensión que será levantado a finales de año en el puerto de Calais con un objetivo polémico, detener el acceso de los inmigrantes a tal puerto, desde donde salen los barcos hacia Reino Unido –qué financiará por completo el muro– y suponen el nexo principal entre el norte de Francia y el sur de la isla.

El problema migratorio de Francia se concentra en lo que se denominó ‘La Jungla de Calais’, lugar donde se pretende construir el mundo y está habitada por más de 10.000 migrantes, una cifra que se duplicó este verano y que se verá seguramente afectada tras el desalojo de más de 2.000 personas del campamento de migrantes, cerca de la capital francesa y donde vivían personas provenientes de Eritrea, Sudán y  Afganistán.

Este viernes miles de personas han tenido que levantar sus tiendas de campaña en el norte de París, de las cuales solo un centenar ha sido realojada a centros de acogida. En agosto, esta misma operación afectó a otros 700 migrantes y solo en los últimos tres meses se han realizado 28 operaciones como la del viernes. Es por tanto, que está práctica se está convirtiendo en una acción habitual como solución a un problema que crece.

Es verdad que la alcaldía de París se ha enfrentado a la derecha abriendo nuevos campos de refugiados a lo largo del territorio, los cuales han sufrido diferentes desalojos y posteriores ocupaciones,  lo que ha sido calificado por la oposición como un desafío por intentar abrir nuevos ‘mini calais’, y lo que ha derivado en la creación de una asociación bajo el nombre ‘Mi ciudad sin migrantes’.

Mientras tanto, más de 90 personas al día piden asilo político en París,  por lo que aumenta la presión y las críticas por parte de la ultraderecha en un contexto de grave crisis migratoria a nivel europeo.  La sensación es de caos y  pone de relieve de nuevo la gestión errónea de la estrategia europea ante el fenómeno migratorio, intentando pasarse de un país a otro “la carga” de los refugiados.

El aumento de refugiados ha echado por tierra la doble táctica puesta en marcha en febrero por el Gobierno francés para poner fin al asentamiento, por un lado ha tratado de distribuir a miles de migrantes a centros de acogida y  por otro, ha intentado colocar en el campamento contenedores convertidos en viviendas provisionales, que en realidad están siendo desalojados, pero que enseguida se vuelven a ocupar por tiendas de campaña y chabolas.  El problema es que estos refugiados no tienen a donde ir.

El presidente de la Liga de Derechos Humanos de Francia, Alain Privot comentó al diario ‘El País’ que “estamos ante un problema enorme porque esos migrantes están “dispuestos a todo, incluso a arriesgar sus vidas” para alejarse de sus zonas de origen. “Hay que atajar los problemas en esas zonas de origen. Si no, el fenómeno seguirá y aumentará”.

El caso es que alrededor del globo, las fronteras antinaturales para separar a las personas son de lo más ‘natural’, en tanto entre mexicanos y a los estadounidenses hay una frontera de 3.200 kiómetros, las vallas de Ceuta y Melilla ponen obstáculo entre europeos y africanos, el muro del apartheid separa a palestinos e israelíes, en Irlanda del Norte un muro divide católicos y protestantes, alrededor de 250 kilómetros separan Corea del Norte y Corea del Sur, 900 kilómetros entre Arabia Saudita e Irak, 2700 km entre los saharauis y marroquíes. Nicosia es tras la caída del muro de Berlín la única capital dividida del mundo, tal que son 180 km marcan a los grecochipriotas y los turcochipriotas. Al menos 2900 kilómetros entre indios y pakistaníes, también Botsuana y Zimbawe, Kuwait e Irak, Uzbekistán están divididas.

La desaparición de grandes imperios ha llevado a la aparición de nuevas naciones y la creación de estas naciones ha evolucionado hasta llegar a lo que conocemos como gobernanza multinivel. Con la globalización todo se universaliza, pero también suscita reacciones por un sentimiento de identidad individual frente a esta universalización. El problema de crear grandes estructuras políticas y económicas sin la participación global de la ciudadanía supone el reto de encajar la pluralidad individual dentro de las fronteras donde el conflicto ha dejado de ser conflicto para pasar a ser odio, algo que no pasa solo entre México y Estados Unidos, Corea del Norte y del Sur, Israel y Palestina o India y Pakistán.  En tanto, la religión, el radicalismo, la xenofobia y el miedo son los albañiles de vallas a lo largo del globo de una forma antinatural.

En Europa los muros antimigratorios pisotean Schengen, el tratado que se firmó en 1985 para permitir la libre circulación en un territorio común y desde hace poco más de un año nuestra respuesta ante la crisis migratoria a causa de la guerra en Siria, ha sido patética porque hemos dejado que al mar hacer la criba de personas incumpliendo las leyes internacionales.

Los políticos carecen de perspectiva humanística  y el concepto de derechos humanos basado en la existencia del ser humano como tal, se desmoronó desde el primer momento en el que todos aquellos que decían creer en él se enfrentaron con personas que habían perdido todas sus cualidades, menos las de ser humanos. La lotería de nacer en un específico lugar de toda la geografía mundial, no debería determinar nuestro futuro.

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