La doctrina del shock puso fin al socialismo de Salvador Allende

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas)

Eran las 6 de la mañana de un 11 de septiembre de 1973. Las tropas de infantería de la marina estaban tomando las calles de Valparaíso, en Chile. El golpe de Estado contra el gobierno democrático de Salvador Allende se estaba fraguando.

¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Unas horas después del inicio del golpe, Allende pronunció el que sería su último discurso como presidente del Gobierno. Tras la proclama militar, los obreros ocuparon las fábricas y una parte del pueblo chileno se organizó con el objetivo de frenar la sublevación y ofrecer resistencia. Allende rechazó el ofrecimiento de los militares golpistas de abandonar el país y permaneció recluido en el palacio presidencial de La Moneda. El ofrecimiento de sacarlo del país ocultaba la intención real de asesinarle. Pocos minutos después de aquel discurso, el edificio presidencial quedó envuelto por las llamas de los aviones que bombardearon La Moneda. El golpe militar finalizó con éxito y Pinochet, entonces Comandante en Jefe del Ejército y erigido como caudillo, inició un régimen dictatorial que sumió en la oscuridad al país durante 17 años. Dejó más de 40.000 víctimas.

El 29 de junio de 1973 ya hubo un intento de golpe de Estado en Chile conocido como “El Tanquetazo”, liderado por el Teniente Coronel Roberto Souper. Dicho golpe fue sofocado por los soldados del Comandante en Jefe del Ejército, Carlos Prats. Prats dimitiría dos semanas antes del golpe que sí resultó un éxito y Allende confió en un militar que había ayudado a parar el primero. Augusto Pinochet, quien luego le traicionó e intentó asesinarle.

Pero contra Allende se conspira desde el mismo momento en que gana las elecciones. Documentos desclasificados demuestran que al presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, no le gustaba Allende, a quien calificaba como un “hijo de puta”. Washington intentó impedir que el socialista accediera a la presidencia, desestabilizó más tarde su Gobierno y apoyó posteriormente la dictadura sangrienta de Pinochet. Esos mismos documentos revelan que la CIA estuvo implicada en el atentado contra el Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, asesinado por el grupo paramilitar de extrema derecha Patria y Libertad. La CIA pagó 35.000 dólares a Roberto Viaux y Camilo Valenzuela, precio que pusieron por la cabeza del general Schneider. El objetivo era evitar la sesión del Congreso que aprobaría los resultados que nombraron como presidente a Salvador Allende, después de la victoria de Unidad Popular en las elecciones. El atentado no tuvo el efecto deseado y la elección fue rubricada en el Congreso, con el apoyo del Partido Demócrata Cristiano.

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El presidente Nixon y Henry Kissinger, autores “intelectuales” del golpe a Allende. Fotografía: AP

El Centro de Investigación Periodística en Chile recogió, coincidiendo con el 40 aniversario del golpe, una serie de documentos que aportan mucha luz a lo que ocurrió aquel fatídico 11 de septiembre. Por un lado, conversaciones desclasificadas entre el presidente Richard Nixon, el entonces Consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, el director de la CIA, Richard Helms y el Secretario de Estado, William Rogers. Estas conversaciones revelan cómo se preparó el proceso de desestabilización del primer gobierno socialista elegido democráticamente en el mundo. Según estas transcripciones, Nixon y Kissinger iniciaron sus planes para revertir los resultados de las elecciones chilenas tres días antes. Estas conversaciones fueron publicadas anteriormente en los nixontapes.org de los Estados Unidos, por funcionarios del Departamento de Estado e historiadores. Casi un centenar de páginas que recogen las transcripciones y los enlaces a audios reales entre los cabecillas de la trama que discutía qué hacer con un país que estaba desafiando la hegemonía política y económica del país más poderoso del mundo.

Estas mismas filtraciones son las que explican el inaceptable “pecado” cometido por Allende y que propició rápidamente su caída. El gobierno de Allende nacionalizó las empresas estadounidenses que dominaban la economía chilena, puso la economía al servicio del pueblo y se enfrentó al poder corporativo de la gran empresa. Nixon dedicó grandes esfuerzos a cortar a Chile toda financiación, anulando los préstamos bancarios para exportaciones e importaciones, bloqueando el crédito y evitando que Chile renegociara su deuda externa.

Cuando Allende llegó al poder por la vía pacífica, el Estado poesía el 51% de las principales minas de cobre. El resto pertenecía a dos compañías extranjeras: Anaconda Copper Company y Kennecott Copper, ambas controladas por las familias Rothschild y Rockefeller. El cobre era esencial para Chile, pues representaba el 75% de las exportaciones totales del el país y era el motor de la economía chilena. Según explica Antonio Maestre en la revista digital La Marea, estas empresas generaban un gran beneficio económico que no repercutía positivamente en Chile. La producción aumentaba al mismo ritmo que se producían recortes en empleo y la inversión en el país era mínima en comparación con el beneficio que las mismas producían a sus dueños. Los mineros chilenos vivían en condiciones precarias y miserables, de lo que se beneficiaban las empresas transnacionales y el coste laboral de los trabajadores era ocho veces menor en Chile que en EEUU. La productividad de ambos, eso sí, similar. Allende acabó con los abusos de estas empresas mineras trasnacionales el 11 de julio de 1971, con la nacionalización del cobre. Esta decisión contó con el apoyo unánime del parlamento chileno.

Esta fue la primera de las decisiones que le costó el golpe de Estado. Después vino la nacionalización de otras 91 industrias básicas, entre ellas la banca. La reforma agraria que terminó con los latifundios y el control del campo por parte de unas pocas familias y las reformas sanitarias, educativas y sociales fueron las otras decisiones político-económicas que condenaron a Allende. Impulsó la universidad pública y el número de universitarios creció un 89% entre 1970 y 1973. Muchos hijos de familias humildes pudieron acceder a estudios superiores por primera vez. También se impulsó un sistema de becas para los niños de descendencia indígena (sobre todo mapuches) que habían sido discriminados durante décadas, además de un programa alimenticio para todos los niños de la escuela primaria y para las mujeres embarazadas y la instauración de un centro de salud por cada 40.000 habitantes. Dichos centros llegaron también a los barrios obreros.

Las informaciones filtradas por las fuentes anteriormente citadas demuestran que desde EEUU se intentó derrocar a Allende de todas las formas posibles. Por ejemplo, cómo operó Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio, para desestabilizar al gobierno de Salvador Allende aun antes de que éste asumiera. La CIA y EEUU lo intentaron todo contra él, pero solo el ruido de las bombas y el olor a pólvora fueron capaces de derrocar medio siglo de tradición democrática en Chile. La doctrina del shock y el experimento social de Pinochet se inició. Las tesis económicas de los Chicago Boys de Milton Friedman y Friedrich Hayek se impusieron pero la historia sigue siendo nuestra y la escriben los pueblos.

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