El día que empezó la política del miedo

Hoy se cumplen quince años desde los atentados del 11 de septiembre. Después de aquel día, nada ha vuelto a ser igual. Que el mundo es otro desde la colisión de aquellos aviones con las torres gemelas, es un hecho más que objetivo. Desde entonces, el aumento de los dispositivos policiales y militares en pos de una supuesta seguridad ha ido cada vez más en aumento. La identificación de un enemigo sin que nadie se mirase el ombligo e identificase la raíz del problema y, sobre todo, de la palabra “enemigo”.

Desde entonces, la política exterior, ya no sólo de Estados Unidos, sino de prácticamente todos los países, se ha basado en el miedo. Miedo a un nuevo ataque. Miedo al que es diferente. Miedo apuntando en una dirección muy exacta, por donde pasa una política migratoria cada vez más restrictiva en un mundo que se enorgullece de su globalización y de unos derechos humanos y libertades cada vez más ausentes.

Identificamos el problema, no el fallo. Nunca la solución. Quince años después, se siguen buscando culpables y sacrificando a quien ni siquiera sabe situar Nueva York en un mapa y nunca escuchó el nombre de George Bush. Nadie identificó que el enemigo, ese que emprendió la lucha contra Occidente, ya había sido atacado antes de que las víctimas cambiasen -momentáneamente- de continente.

El Estado Islámico nació, precisamente, con aquellas guerras emprendidas en Afganistán e Irak tras el 11-S. Tampoco nadie pensó en eso. Y hoy día, sigue habiendo países que defienden los bombardeos continuos a Siria e Irak. Siempre en guerra pero en territorio enemigo.

Atacar sin pensar las consecuencias. Siempre a favor del poder, nunca a favor de quienes de verdad sacrifican sus vidas entre bombas y balas, nunca a favor de que sacar la parte más positiva de la globalización. Nos cambiaron la posibilidad de un mundo con diferencias entre todos sus habitantes pero donde existiese la libertad y los derechos de cada comunidad por otro más macabro donde el distinto es el enemigo y no quien se jacta de protegernos quitándonos libertades.

Han pasado quince años desde el día que empezó la política del miedo. ¿Cuántos más tienen que pasar para que identifiquemos soluciones y podamos dejar de buscar culpables?

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