Comulgar con ruedas de molino

Por Nicolás Ribas (@nicolasribas_)

El pasado viernes tuvo lugar la segunda votación de investidura que vino a confirmar lo que ya dejó clara la primera: hay una mayoría absoluta de fuerzas políticas contrarias a la candidatura del Partido Popular, presidida por Mariano Rajoy.

Un día antes de la segunda votación, la mayor parte de los medios de comunicación sacaron portadas cuasi calcadas, que no vinieron más que a confirmar la nula pluralidad de las tiradas hegemónicas en España. Los medios se han convertido en los principales voceros y defensores de las cloacas de un Régimen que lucha desesperadamente por mantener su poder. Se han endeudado y como consecuencia grandes bancos, fondos de inversión y multinacionales han entrado en ellos como accionistas. Esos poderes económicos son los que marcan la línea editorial y por ello asistimos a la insultante uniformización de la información. La pluralidad informativa es cada vez más escasa y los medios ya no se conciben como un derecho fundamental. El derecho de la ciudadanía a recibir una información libre, diversa, plural y veraz. La función de los medios como servicio público deja de ser importante y se prioriza que sean un negocio, que den el mayor beneficio económico posible. La información como mercancía.

El relato único que tratan de imponer ahora es que Pedro Sánchez debe abstenerse para facilitar que Mariano Rajoy vuelva a gobernar. Por tanto, el PSOE sería el único responsable de la situación de “bloqueo” que vive el país y, en consecuencia, de unas hipotéticas terceras elecciones. Pero que se le pida al PSOE que incumpla la palabra dada a sus votantes mientras se aplaude que Ciudadanos lo haya hecho por el supuesto “bien” del país es una vergüenza en términos democráticos. ¿Qué ejemplo estamos dando como país cuando exigimos que el líder de un partido político incumpla su palabra, sus promesas electorales y su programa para gobernar?

La cuestión va más allá. El PP es un partido carcomido por la corrupción, imputado por la destrucción de los discos duros de su extesorero Luis Bárcenas, en el marco del “caso Bárcenas” y de la supuesta financiación ilegal. Que ningún medio de comunicación de los llamados influyentes esté situando esta cuestión en el centro del debate político dice muy poco de ellos como “garantes de la democracia” y “vigilantes del poder”. Resulta curioso también, aunque no sorprendente, que se exija al PSOE que se abstenga pero no se le pidiera lo mismo al PP cuando en la anterior legislatura Pedro Sánchez se postuló como candidato llegando a un acuerdo con Ciudadanos. Las abstenciones “patrióticas” solo se piden para que siga gobernando el PP.

Después del fracaso de la investidura de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez lanzó un mensaje ambiguo, pero con una clara intencionalidad. “La responsabilidad de cada uno de los diputados y diputadas que presentamos una candidatura el pasado 26 de junio para cambiar las cosas en nuestro país. Que la responsabilidad de cada uno de los diputados y diputadas que conformamos todos los grupos parlamentarios que representamos a las fuerzas políticas del cambio es la de ofrecer una solución a este país, al atasco político que lo ha introducido Mariano Rajoy. Si actuamos con generosidad y altura de miras, el PSOE formará parte de esa solución”.

El objetivo de Pedro Sánchez no es otro que excusarse ante quienes le responsabilizan de unas hipotéticas terceras elecciones. Porque la postura del PSOE hasta ahora era insostenible, ya que la aritmética no da. No puede oponerse a Rajoy a la vez que no ofrece una solución que él encabece. Los cuatro años de absolutismo marianista han roto todos los puentes con la oposición y han convertido al PP en un partido tóxico. De hecho Ciudadanos, el primer partido que lo apoyó, lo hizo con la nariz tapada y buscando mil y una excusas para justificar que iban a hacer lo que dijeron que jamás harían. Baste con ver la chulería con la que se dirigió Rafael Hernando, el portavoz del PP, a Albert Rivera y a la bancada del partido naranja tras el fracaso de Rajoy.

Así las cosas, y retomando el análisis con las palabras de Sánchez, las soluciones para evitar unas terceras elecciones siguen siendo muy complicadas, a menos que cambien mucho las circunstancias actuales. Sánchez invita a pensar que quiere buscar un acuerdo con Unidos Podemos y Ciudadanos, pero esto es muy difícil. Y no parece muy razonable que el señor Sánchez quiera hacer con Podemos lo mismo que está haciendo el PP con él. Tras el 26J, en palabras del socialista José Antonio Pérez Tapias, el Comité Federal del PSOE vetó un acuerdo con Podemos y los independentistas catalanes. Por eso, cuando Rajoy decide no presentarse en la anterior legislatura, el PSOE busca el apoyo en Ciudadanos y no en Podemos. También lo confirmó Begoña Villacís de Ciudadanos, quien dijo que la formación naranja pactó con los socialistas para alejarlos de los morados. Y en estos días, la agresividad verbal entre Ciudadanos y Unidos Podemos se ha vuelto a poner de relieve. Parece imposible que ambos partidos se puedan poner de acuerdo en algo.

Ya lo dijimos, Pedro Sánchez está entre la espada y la pared. Y sea cual sea la decisión final, el coste político podría ser muy alto. Por otro lado, las fuerzas independentistas catalanas le tienden la mano: “Votaremos sí en una investidura presidida por usted, si autoriza un referéndum a la escocesa en Catalunya”. Un acuerdo que jamás podría suscribir Ciudadanos.

Quieren aburrir a la ciudadanía, que ésta se canse para acabar ganando lo que no ganaron en las urnas. Ojalá los turrones acaben atragantando a quienes impiden un Gobierno decente en España, que derogue las políticas más reaccionarias del PP y limpie de corrupción la podredumbre que infecta a toda la estructura del Estado.

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