Libertad 8, 40 años de referencia cultural

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

“Aún nos quedan fuerzas para medio asalto en la calle Libertad”. Lo cantaba -y los sigue cantando- Andrés Suárez en su canción ‘No te quiero tanto‘. Esa calle Libertad, situada en el corazón del madrileño barrio de Chueca, es una de las calles más emblemáticas de la ciudad.

La calle toma su nombre del convento de San Fernando que hubo en ella, allá por el siglo XVII, en el cual las mercedarias calzadas se dedicaban a la liberación de cristianos cautivos. Según cuentan, sobre las ruinas de la capilla de este convento, en la esquina con la calle San Marcos, ya entrado el siglo XIX, se construyó el Teatro de la Alambra, que funcionó desde 1871 hasta 1905. Por aquellos comienzos del siglo XX ya se intuía la actividad cultural que habría de ocupar esta calle de nombre Libertad. De hecho, Ricardo de la Vega, dramaturgo madrileño de la época, dejó escrito un sainete que llevaba como título El café de la Libertad, uno de los locales con más solera de la calle.

En tiempos de la Dictadura, hizo honor a su nombre y se constituyó como un hervidero del antifranquismo. En el número 8 de esta calle, se encuentra una de las más míticas tabernas de la época, convertida en uno de los cafés más populares. Allí se reunieron militantes de partidos políticos y sindicatos para compartir aires de libertad con quienes visitaban el país provenientes de otros puntos de Europa.

libertad 8En 1976, un año después del fin de la Dictadura, el local que había sido vaquería, tienda de vinos, y pertenecido a la célula ferroviaria del PCE se convirtió en el aclamado Café Libertad, que dio cobijo a periodistas y escritores para debatir. Conserva la estructura de hace más de 100 años y divide su espacio en dos salas. Nada más entrar parece que te has transportado al Madrid castizo de hace unas décadas. Uno de esos sitios por los que no pasa el tiempo. Baldosas de cerámica, bancadas de azulejos a juego con el friso que encabeza la barra. Y, al fondo, un pequeño pasillo con forma de arco que da a la segunda sala, donde se hace la magia.

Recuerdo que la primera vez que entré ya había oído hablar de esta sala y me había pasado los dos últimos años viendo vídeos de mis cantantes favoritos tocando allí. Y no esperaba que en un espacio tan reducido se pudiese concentrar tanta magia. Apenas aforo para un centenar de personas que se amontonaban como podían para ver el concierto, incluso sentadas al borde del escenario, para ver a los cantautores del momento. Si no recuerdo mal, mi primer concierto allí fue para ver a Luis Ramiro. A él le siguieron conciertos y recitales de Marwan, noches compartidas con Andrés Suárez y Funambulista, e incluso compartir barra con Ismael Serrano o Eduardo Aute (a mis 18 años, recién aterrizada en Madrid, fue una de las cosas que más me sorprendieron).

En 1994 se instauró como el foro de la nueva canción y por ese escenario, donde se conserva una pianola de principios de siglo, han pasado algunos de los que luego se han instaurado como algunos de los nombres más importantes de la canción de autor actual. Luis Pastor, Pedro Guerra, Rosana, Ismael Serrano, Carlos Chaouen o Amaral son algunos de los que han pisado ese escenario en sus inicios. Incluso el oscarizado Jorge Drexler pasó por allí en más de una ocasión, guitarra al hombro, y cuentan que después de ser premiado, fue uno de los primeros sitios en que paró con su premio a la Mejor Canción por ‘Al otro lado del río’, de la película ‘Diarios de motocicleta’.

Y es que ya son muchos años que el Libertad 8 ofrece su escenario y su apoyo a artistas emergentes. Andrés Suárez, hace un par de años, llenando La Riviera, reiteraba y reconocía el papel que esta mítica sala madrileña ha supuesto en su carrera, cuando apenas iban a verle un puñado de personas.

Ahora, además de conciertos, también alberga presentaciones de libros, lecturas de poesía y relatos cortos, exposiciones de pintura y fotografía o cuentacuentos para adultos, además de un micro abierto semanal para que cualquiera pueda compartir su arte.

Y es que en eso consiste la filosofía de este café. En la libertad del arte en todo su esplendor. Puede que a nosotros nos queden fuerzas para medio asalto en la calle Libertad, pero al Libertad 8 le quedan fuerzas para muchos más. Hay Libertad para rato.

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