La fiebre de los viners

Por Juan Carlos González (@juancarlosgp_)

Cuando cualquier persona accede a la página web o a la aplicación para smartphone de Vine se encuentra con el siguiente mensaje: Explora un mundo de bonitos y enredados videos. Justo debajo, el usuario tiene un buscador donde puede hacer looping por la red. El término “loop”, significa repetición de una misma imagen en bucle muchas veces seguidas y es el perfecto ejemplo para definir a esta red social en creciente auge mundial.

Fue en junio de 2012 cuando tres diseñadores gráficos con deseos de emprender, Don Hofmann, Yusupov Rus y Colin Kroll, crearon esta atrevida red social en la que un video de seis segundos es el protagonista. Han leído bien, sólo 6 segundos (con escasas milésimas) para cautivar a los miles de usuarios en la red. Así nació Vine. La visión de éxito fue tal que el poderoso Twitter decidió invertir en octubre del mismo año y con sólo cuatro meses de vida casi 30 millones de dólares en adquirir esta plataforma. Hoy en día funciona ya en todo tipo de plataformas digitales y en 26 idiomas alrededor del mundo.

En Vine, los retuits son revines, las visitas son loops y los usuarios con más seguidores son humoristas, actores, cantantes, periodistas o fotógrafos. En definitiva, esta plataforma del ingenio busca plasmar anécdotas diarias en pequeños gags de humor. Porque sí, Vine es una red social eminentemente llena de pinceladas de risas. Y si no, que se lo digan a tres de los viners españoles que lo están petando en esta ventana viral mundial.

ANTÓN LOFER  (@AntonLofer_)

“Lo que hago es comedia, pequeñas píldoras de humor buscando siempre el gag”. Así define este barcelonés de 25 años que vive en Madrid sus micro videos en Vine, que enganchan ya a más de 255.000 personas. Tras acabar la carrera de ADE en Sarriá y probar suerte en una página web de fútbol y en una empresa de venta de frutas online, decidió trasladarse a Madrid. En la capital el objetivo desde el principio fue preparar su gran pasión: el arte dramático. Recuerda sus inicios en Vine hace dos años como una aventura. “Un amigo me la recomendó justo cuando salió y empecé a ver videos como consumidor”. Pronto, este actor en ciernes y “amante de hacer el payaso” se atrevió con su smartphone a “hacer caras” y así nacieron sus bromas online.

Su vida ha cambiado a raíz de la aparición de Vine. Día a día, Antón está pendiente de situaciones, muchas de ellas pequeñas  y de la vida cotidiana como coger una chaqueta o un diálogo sin sentido, que exagera para construir un micro video. “A veces se me ocurre un chiste, lo apunto en el móvil y luego lo hago”.

Antón reconoce que cualquiera puede hacer un Vine pero es muy difícil llegar arriba. “Hay gente que tiene un don para esto”, dice Lofer. El catalán, fan del humor absurdo, reconoce su fórmula para llamar la atención de sus fans: “lo que viene a ser dar a entender al espectador que va a pasar algo y luego pasa lo contrario, sin sentido y en seis segundos”.

En estos dos años ha hecho bromas con sus amigos y con otros colegas viners (vive con Andrea Compton). Pero confiesa que todavía no se ha atrevido a hacer bromas callejeras. “Siempre he pensado hacer bromas por la calle, pero no me atrevo por si la gente se enfada”, dice Lofer, que lo máximo que  ha hecho de este tipo fue grabarse en el metro de Madrid lanzándose de las escaleras.

Sus videos, vistos en Argentina, México o Estados Unidos, por ahora no le han llevado a conseguir rentabilidad económica y cuenta que está en búsqueda de trabajo. Pero sí que le han dado alguna que otra alegría como participar en la película de Dani de la Orden, “Barcelona, nit d’hivern”.

Andrea COMPTON (@andreacomptonn)

Andrea Rodríguez se sienta en el sofá de su casa de Madrid. No despega sus ojos de la tele. Barbie, High School Musical…sin sonido. No es que Andrea haya perdido los papeles. La veinteañera madrileña observa todos y cada uno de los fotogramas de las idílicas historias infantiles en mute para transformarlos posteriormente en vines. “Convierto a los ídolos de Disney en ordinarios”.

Así es como la fotógrafa y futura actriz de doblaje construye su éxito. Más de 240.000 personas se ríen a carcajadas cada vez que sube un micro video de seis segundos a la red social Vine cada día. “Lo más gracioso de los capítulos lo busco en mi iPhone, lo separo y edito con Final Cut añadiendo mis propios diálogos, sonidos y efectos”.

El culpable de su aterrizaje en Vine fue su mejor amigo, Gonzalo. “Él me instalo la aplicación hace un año y medio y como todas las aplicaciones del móvil –es un fan de ellas-, me obligó a usarla”. Compton empezó grabando a su hermana Julia, 6 años menor que ella, haciéndola rabiar porque era rubia y ella morena. Hoy en día, las dos son usuarias diarias de esta red social distinta. “La gente me empezó a seguir por mi voz, les gustó que parecía de un anuncio. En un mes llegué a tener 5 mil seguidores”.

Como otros colegas, Andrea empezó en Twitter y haciendo videos como youtuber. Ella cree que esta nueva oportunidad de compartir creaciones no sustituirá a las tradicionales pero si ve diferencias. “Lo bueno que tiene respecto a YouTube es que solo te metes para ver humor no para ver cosas profundas y después de una hora vas a seguir riéndote”, dice esta seguidora y creadora de Vine, una aplicación 100% de humor, como ella misma define. Y es que estos seis segundos enganchan a los usuarios. Precisamente, Andrea cree saber la razón: “sobre todo la gente se tiene que sentir identificada con el mini video”.

Entre sus anécdotas como creadora de mini vídeos, Andrea recuerda dos: la primera fue cuando su madre acudió hace unas semanas a una conferencia sobre redes sociales en la que ella participaba. “No tenía ni idea de que es Vine, solo sabía que hago videos en internet pero en la charla flipaba con la tontería que me había hecho famosa”. En otra ocasión, recuerda la primera vez que la reconocieron en la calle. Fue en la Plaza de Callao de Madrid. Una chica de unos 25 años le pidió una foto y su primera reacción fue ¿por qué? “Con el tiempo te vas acostumbrando a que te conozcan”.

DARÍO EME HACHE  (@darioemehache)

A Darío Manzano se le acaba de encender la bombilla de la imaginación en forma de Vine. Se levanta corriendo de su puesto de trabajo y va directo al baño. Tiene solo 6 segundos. En el espejo enciende el móvil y se pone a bailar. Cargando. El micro video está subido a su perfil de Vine, que con 129.000 seguidores se convierte en su ventana a la imaginación.

Este madrileño de 21 años que estudió periodismo en la Carlos III de Madrid define sus creaciones como “lo absurdo, lo cutre pero bien hecho”. En dos años que lleva alimentando la red social hermana de Twitter ya ha creado casi 800 gags de humor en la red. Recuerda sus inicios con valentía. “Cuando vi que había salido esta aplicación nueva realmente pensé que se me podía dar bien, que podía divertirme haciéndolo”. Esa es la clave del éxito de un viner, según Darío, “la gente agradece que sea algo que guste al propio creador”.

En su mente las referencias son aquellas escenas cómicas que consiguen hacer reír al espectador. “No todo es risas en una peli, hay momentos que rompen y son el clímax y eso es lo que se saca en Vine, el mejor gag de una película”.

A partir de ahí, la imaginación de Darío arranca prácticamente todos los días. Muchos de sus mini videos son actuaciones, pero también hay parodias de momentos de la vida real. Su escenario habitual es su habitación. Y él de fondo. Con su Sony Xperia Z3 en posición de selfie, Darío se comunica con sus fans. No edita nada, los sonidos, música y voces los introduce él mismo en el momento de la grabación. Cuando el madrileño carga estos toques de humor siempre añade algún texto o título para hacerlo entender al espectador. “Sin esa parte textual no entenderían y contextualizarían mis vines”, cuenta.

Pero, ¿no es difícil hacer reír en seis segundos?

“Realmente se puede contar una historia en esos segundos, no sé cómo elijo esas historias, mi cabeza produce ideas y cosas sueltas que no sé muy bien cómo se unen, pero me gusta”.

Darío reconoce que ya es una persona famosa, pero no olvida la humildad y el sentido común. “Por un comentario bueno no puedes perder la cabeza y subirte a donde no debes subirte ni al revés, un comentario contrario no debe molestarte”. Él agradece que haya gente apoyándoles y sueña con que su imaginación no se detenga.

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