Con la Iglesia hemos topado

Abríamos esta semana con las desafortunadas declaraciones de Juan Luis Cipriani, un cardenal peruano que ha desatado la polémica en torno al delicado tema de los abusos sexuales. Según él mismo afirmó en la tertulia de un medio peruano “muchas veces la mujer se pone como en un escaparate, provocando”. Además, atribuía esa actitud al uso de la atracción sexual “como un producto comercial”.

Pero la verborrea no terminó ahí y también aseguró que son los medios de comunicación quienes “constantemente difunden violencia, violencia también contra la mujer y también que difunden ese abuso del cuerpo, como atracción física carnal en horarios y de maneras muy sutiles”. En su opinión, debido a esto se ha creado una situación en la que las cifras dicen que hay abortos de niñas, pero “no es porque hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como en un escaparate, provocando”.

Lo que viene a ser traducido en que la provocación de la mujer y los medios de comunicación son los culpables de las violaciones a niñas. El Arzobispado de Lima no tardó en emitir un comunicado tras las ampollas que había levantado Cipriani. El texto, lejos de replicar sus palabras, las justificaba. También tras el aluvión, el cardenal se aferra a que sus palabras fueron malinterpretadas.

Estamos ante un desafortunado discurso, no libre de polémica sobre violencia, que emana más violencia. Y se trata de una de las peores manifestaciones de la violencia que puede darse, la que señala como culpable y verdugo a la propia víctima. Justificar el abuso sexual, más cuando hablamos de niñas, es reflejo de una mentalidad cruel que, en cierto modo, también está haciendo propaganda de la violencia.

Pero igual esto no debería sorprendernos si retornamos al año 2015, donde el cardenal protagonista este discurso tan vil fue denunciado por supuesta vinculación en casos de abusos sexuales a niños en el Sodalicio de Vida Cristiana. ¿Qué esperar de una institución que ampara y guarda en sus sacristías a individuos que, no conforme de justificar la violencia sexual, es acusado de ella?

Recemos para que, en el caso de validar su existencia, venga un Dios a salvarnos de ideologías retrógradas que justifican la violencia señalando a las víctimas como únicas culpables, aunque son ellos también quienes deberían predicar con el ejemplo y, si no quieren que se maliterpreten sus palabras, pasar a hablar claro y denunciar este tipo de violencia, siguiendo aquella máxima de defender al más desfavorecido.

Pero mientras la Iglesia siga estando envuelta en casos de estos que, lejos de favorecer a sus feligreses, les perjudican enormemente, seguirán perdiendo adeptos. Mientras que se empeñen en el ostracismo y en vivir anclados a un tiempo que ya pasó, sus ideas y sus creencias quedarán tan rondas y degastadas como las túnicas de los primeros cristianos, Con la Inglesa hemos topado, pero torres más altas han caído.

 

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